• Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página

Rincón de la Psicología

Blog de Psicología

  • Quién Escribe
  • Libros de Autoayuda
    • Libro de Ansiedad
    • Libro de Depresión
    • Libro de Manipulación
    • Libro Crecimiento Personal
  • Temas de Psicología
  • Publicidad
Inicio » Crecimiento Personal » Adicción al estrés: así nos enganchamos a vivir en «modo emergencia»

Adicción al estrés: así nos enganchamos a vivir en «modo emergencia»

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email
Adicción al estrés

El estrés parece haberse convertido en el enemigo público número uno – al menos para nuestra salud mental. Nadie en su sano juicio querría estar estresado. Somos cada vez más conscientes de los daños psicológicos y físicos que causa el estrés. Por eso buscamos remedios que, supuestamente, nos ayuden a relajarnos, desde la meditación mindfulness hasta las clases de yoga o algún retiro espiritual en un sitio perdido.

Y, sin embargo, a pesar de todo eso, a pesar de tanta concienciación y esfuerzo, estamos más estresados que nunca. Un estudio reciente concluyó que más de la mitad de la población mundial sufre un nivel de estrés considerable y en el 85% de los países se está produciendo un empeoramiento acelerado de la tensión emocional, que se ceba con los más jóvenes y ya se extiende entre todos los estratos sociales.

Quizá la clave radica en que, aunque muchas personas afirmen que odian el estrés, en realidad han perdido la capacidad de vivir sin él. Somos, en buena medida, adictos al estrés.

¿Cómo algo tan desagradable como el estrés puede volverse necesario?

A primera vista parece un contrasentido: el estrés provoca malestar, nos irrita y daña nuestra salud a largo plazo. ¿Cómo es posible que nos volvamos adictos a ese estado? La respuesta radica en nuestro cerebro.

Cuando surge un desafío, ya sea un plazo estrecho, un problema o una discusión, se ponen en marcha varios mecanismos a nivel cerebral:

  1. Eje HPA. El hipotálamo activa la cadena hipotalámico-hipofisaria-adrenal (HPA), liberando cortisol, y el sistema simpático activa la producción de catecolaminas (adrenalina y noradrenalina). Eso prepara al cuerpo para la acción y es lo que nos permite quedarnos hasta altas horas de la noche trabajando o resistir durante varios días sin venirnos abajo. Cuando estamos en ese estado de activación, podemos sentirnos como Superman porque nuestras reservas de energía se activan y la atención se focaliza.
  2. El premio inesperado: la dopamina. Aunque parezca imposible, estudios en Neurociencia han comprobado que las situaciones estresantes pueden provocar liberación de dopamina en el cuerpo estriado, que forma parte del mismo circuito implicado en el refuerzo y la adicción. Esa oleada dopaminérgica genera una sensación de foco, urgencia y, lo más importante, una recompensa por mantenerse en un estado de alerta. En otras palabras: intentar resolver un problema bajo presión puede resultar reforzante desde el punto de vista neuroquímico.

Básicamente, el estrés genera un estado de alerta e hiperactivación que nos ayuda a afrontar los retos. Tanto ese estado de foco, como la recompensa inesperada que recibimos al lograr salir airosos de la situación, actúan como un reforzador.

Por tanto, cuando volvemos a la normalidad, el mundo puede parecernos aburrido, descolorido y lento, sin el estímulo constante del estrés. Así el circuito se autoalimenta: buscamos más retos, más activación, inventamos “problemas” por resolver y celebramos nuestra capacidad para “funcionar bajo presión”.

¿Eso significa que se puede ser adicto al estrés, como a una droga?

PARA TI:  Vivir en piloto automático no es vivir

No literalmente, pero sí comparte mecanismos psicológicos con la conducta adictiva: reforzamiento positivo (la sensación de logro), reforzamiento negativo (evitar la culpa o la incomodidad), expectativas culturales (estar muy ocupados transmite una imagen de prestigio) y una serie de cambios neurobiológicos que mantienen la conducta. De hecho, se ha constatado que el estrés crónico puede alterar los mismos circuitos de recompensa que intervienen en las adicciones a sustancias, facilitando su instauración o complicando la deshabituación.

¿Por qué no basta con “querer relajarse”?

Porque el estrés no es solo un estado mental, es un modo de funcionamiento. Cuando alguien lleva años viviendo en esa aceleración constante, su identidad se ha construido alrededor de ella. Ese ritmo acelerado da la sensación de propósito, de ser útil o de «seguir en juego”.

De hecho, cuando el cuerpo finalmente se detiene, aparece un vacío que se confunde con aburrimiento o improductividad, pero que en realidad es abstinencia de estimulación. Por eso, intentar relajarse sin revisar lo que el estrés nos está aportando (estatus, control, sensación de valor, estimulación…) es como intentar dejar el café mientras trabajamos en una cafetería (no es imposible, pero sí bastante complicado).

Por otra parte, existe un componente social que refuerza ese círculo vicioso: vivimos en una cultura que glorifica la urgencia. Estar ocupado se ha convertido en una forma de autoestima. Decir “no paro” genera más admiración que decir “estoy tranquilo y relajado”. Esa norma cultural convierte la calma en sospechosa y el descanso en un privilegio que hay que justificar para no sentirse culpable. Así, incluso cuando el cuerpo pide pausa, la mente teme parecer perezosa o quedarse atrás.

Por último, relajarse y apartarse de ese bullicio cotidiano también implica enfrentarse a algo más incómodo que la sobrecarga del día a día: el silencio interior. En cuanto el ruido del estrés baja, emergen pensamientos y emociones que antes ignorábamos porque quedaban sepultadas bajo la prisa: miedos, dudas, decisiones postergadas.

Muchas personas prefieren seguir corriendo porque detenerse implica mirar hacia adentro. Por eso, aprender a relajarse no es solo cuestión de hacer ejercicios de respiración o de meditación, sino de tolerar la quietud y desarrollar la habilidad de estar a solas con uno mismo.

¿Cómo dejar de ser adicto al estrés? 3 estrategias prácticas

Romper con la adicción al estrés implica reeducar al cuerpo y a la mente para funcionar en un rango de activación más saludable. El objetivo no es vivir sin presión, ya que sería tan irreal como pretender no sentir emociones negativas, sino aprender a dosificar la energía mental y reconectar con fuentes de satisfacción que no dependan del sobresalto constante.

1. Reconocer el circuito de adicción al estrés

Un alcohólico no mejora hasta que no reconoce que tiene un problema con la bebida. Lo mismo vale para el estrés. El primer paso consiste en reconocer que el estrés se ha vuelto tu hábitat natural. Una manera práctica de darte cuenta de que has caído en esa trampa consiste en llevar un pequeño registro durante una semana. Anota brevemente cada vez que experimentes esa sensación de tensión o urgencia (cuándo ocurre, cuánto dura, cómo reacciona tu cuerpo y qué haces después). No se trata de convertirte en un detective emocional, sino de detectar patrones dañinos. Tal vez descubras que trabajas mejor bajo presión, no porque te concentres más, sino porque pasas disperso el resto del día.

PARA TI:  ¿Has elegido tu rol o este te ha elegido a ti?

2. Reentrenar la recompensa

Si tu cerebro se ha acostumbrado a liberar dopamina solo cuando hay una urgencia, tienes que ofrecerle nuevas fuentes de satisfacción. Para eso, conviene introducir otras actividades que también disfrutes y te ayuden a relajarte y desconectar, como cocinar sin multitarea o leer 20 páginas de un libro del tirón sin revisar el móvil. No importa la magnitud de la tarea, sino que la logres terminar. Esa sensación de logro sin presión contribuye a restablecer el vínculo entre acción y recompensa sin necesidad de adrenalina y va reentrenando tu cerebro para que también disfrute de la calma.

3. Reducción estructurada de la urgencia

Ningún hábito se cambia solo con desearlo, es importante levantar barreras ante el estrés. Una práctica útil puede ser establecer horarios sin notificaciones (sí, el mundo seguirá existiendo, aunque no respondas inmediatamente). También puedes probar con las “ventanas de atención”: por ejemplo, revisar mensajes a las 10:00, 13:00 y 17:00. Mientras tanto, concentración real. Otra técnica consiste en aplicar la “regla de los dos minutos al revés”: si algo puede esperar dos minutos, que espere. Así entrenas la tolerancia a la inmediatez y desactivas el reflejo de resolverlo todo al instante como si fueras un bombero apagando fuegos. Poco a poco, el sistema nervioso se acostumbrará a no disparar dopamina ante cada alerta.

Por último, recuerda que decir “odio estar estresado” es perfectamente compatible con estar – sin saberlo – enganchado al propio estrés. No porque seas incoherente, sino porque el estrés se ha convertido en un hábito sin el cual ya no sabes vivir. La buena noticia es que puedes romper ese bucle para recuperar realmente el control de tu vida, en vez de simplemente dejarte llevar por cada urgencia intempestiva que surge en tu camino.

Referencias:

Piao, X.; Xie, J. & Managi, S. (2024) Continuous worsening of population emotional stress globally: universality and variations. BMC Public Health; 24: 3576.

Marinelli, M. (2007) Dopaminergic Reward Pathways and Effects of Stress. Stress and Addiction; 3: 41-83.

Pruessner, J. C. et. Al. (2004) Dopamine release in response to a psychological stress in humans: A positron emission tomography study. The Journal of Neuroscience; 24(11): 2825–2831.

Schultz, W. (1998) Predictive Reward Signal of Dopamine Neurons. Journal of Neurophysiology; 80(1): 10.1152.

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email

Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

No te pierdas ni un artículo

Al inscribirte a Rincón de la Psicología aceptas nuestra Política de Privacidad. Pero no te preocupes, ¡odio el spam tanto como tú!

Sigue alimentando tus neuronas

Mujer despertándose

¿Te despiertas cansado tras pasar toda la noche soñando? La neurociencia apunta a un “culpable” inesperado

El mito de escuchar siempre al corazón: cuando las emociones te sabotean

Rendición cognitiva: la peligrosa costumbre que estamos desarrollando con la IA

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Entradas recientes

  • ¿Te despiertas cansado tras pasar toda la noche soñando? La neurociencia apunta a un “culpable” inesperado
  • El mito de escuchar siempre al corazón: cuando las emociones te sabotean
  • Rendición cognitiva: la peligrosa costumbre que estamos desarrollando con la IA
  • El asombroso beneficio de tener la cabeza en las nubes, según la ciencia
  • 3 ejercicios psicológicos para recuperar la autoestima después de una ruptura sentimental

Footer

Contacto

jennifer@intextos.com

Las Palmas, España

Blog de Psicología

Artículos sobre la salud mental y el crecimiento personal, técnicas psicológicas, estudios sobre el cerebro, trastornos mentales y libros de Psicología para comprender cómo funciona la mente.

Sígueme la pista

  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • Telegram
  • Twitter

© Copyright 2009-2025 Rincón de la Psicología · Todos los derechos reservados · Política de Cookies · Política de Privacidad · Publicidad · Proceso Editorial