
Aprender más en menos tiempo. Ese parece ser el leitmotiv de nuestra era. Y no es para menos puesto que en un mundo que gira a toda velocidad, los conocimientos y competencias que ayer eran útiles, hoy se quedan obsoletos. Cuando las demandas laborales cambian constantemente y el ritmo de actualización profesional no da tregua, es necesario emprender un camino de aprendizaje acelerado.
Como resultado, han proliferado cursos condensados o programas de doble titulación que permiten eliminar materias duplicadas y resumir el proceso de formación ahorrando como mínimo un año. Esos programas de estudio suelen ser más exigentes, pero la buena noticia es que no hay que ser un genio para aprender todo lo necesario y llegar a la línea de meta con un diploma en mano. Nuestro cerebro es muy dinámico, por lo que podemos aprovechar sus mecanismos naturales para aprender más rápido con menos esfuerzo.
¿Cómo aprende el cerebro?
Cada nuevo aprendizaje, ya sea una fórmula matemática, una palabra en otro idioma o el protocolo para tratar una enfermedad, comienza de la misma manera: con una conexión entre neuronas. Al principio, esa conexión es débil, como un camino recién trazado sobre la arena. Pero con la práctica, la repetición y el descanso, esas sinapsis se refuerzan hasta formar redes más estables y duraderas.
Este proceso se conoce como consolidación sináptica y tiene dos fases principales: una activa, cuando adquirimos la información, y la otra más silenciosa pero crucial, cuando el cerebro la refina, reorganiza y consolida.
Además, nuestro cerebro cuenta con un superpoder: la plasticidad neuronal. Se trata de la capacidad del sistema nervioso para modificarse en función de la experiencia. No solo se crean nuevas sinapsis, sino que cambian la forma, solidez y la eficacia de las conexiones ya existentes. Es como si, con cada aprendizaje, el cerebro se remodelara ligeramente para volverse más eficiente.
Esta plasticidad no tiene una edad límite pues, aunque disminuye con los años, sigue activa durante toda la vida. La Neurociencia ha demostrado que incluso en adultos se generan nuevas neuronas en el hipocampo, una región clave para la memoria y la orientación, un fenómeno conocido como neurogénesis.
Por último, pero no menos importante, es fundamental comprender que el cerebro aprende mejor cuando la información tiene un significado personal o un impacto emocional. Los contenidos relevantes, interesantes o que están relacionados a experiencias previas suelen activar redes neuronales más amplias, incluyendo áreas asociadas con la emoción y la motivación, como la amígdala y el circuito dopaminérgico.
Ese nivel de activación refuerza las sinapsis y facilita la consolidación, de modo que los recuerdos no solo se almacenan, sino que se integran de manera más profunda y duradera. Por eso, relacionar lo aprendido con objetivos personales, experiencias o emociones positivas multiplica la eficacia del aprendizaje, sobre todo cuando disponemos de un tiempo limitado.
Los neurohábitos que fomentan el aprendizaje
Aprovechar el ritmo y funcionamiento natural del cerebro no es tan difícil como parece y puede marcar la diferencia entre estudiar mucho sin obtener buenos resultados y aprender de verdad.
1. Descanso y sueño profundo
Cuando se acerca la época de exámenes, los estudiantes quieren aprovechar el tiempo, muchas veces sacrificando el sueño. Sin embargo, es un error garrafal porque durante las fases de sueño profundo el cerebro consolida los recuerdos recientes, reorganiza la información y elimina el “ruido” neuronal.
En este sentido, un estudio publicado en la revista Science demostró que dormir después de una sesión de estudio potencia las conexiones sinápticas y, por ende, la retención de la información a largo plazo. Por tanto, recuerda que una noche en vela puede ser más perjudicial que una hora menos de estudio.
2. Practicar la repetición espaciada
Cuando un contenido o una materia se nos resiste, lo habitual es que lo repasemos una y otra vez. Sin embargo, esa estrategia no suele ser tan eficaz como el repaso espaciado, que consiste en revisar la información dejando pasar intervalos de tiempo cada vez mayores.
El cerebro olvida de manera predecible, por lo que podemos aprovechar ese olvido parcial para fortalecer la memoria. Cuando dejamos pasar cierto tiempo, obligamos al cerebro a “reconstruir” la información, lo que la consolida en la memoria con mayor nivel de detalle. Por ese motivo, es más eficaz repasar una hora al día durante una semana, que concentrar todo el contenido en 5 horas de estudio.
3. Programar ciclos cortos de concentración
Para aprender, primero hay que concentrarse. La mala noticia es que nuestro cerebro no está diseñado para mantener una atención sostenida durante horas y horas. Podemos hacerlo, pero los resultados dejan bastante que desear.
La concentración funciona mejor en bloques cortos seguidos de pausas breves. Estudiar durante unos 25 minutos, descansar 5 minutos y repetir el ciclo le permite a la mente recuperarse y procesar la información de manera más eficiente. De hecho, esos ciclos cortos no solo reducen la fatiga cognitiva, también mantienen la motivación.
4. Visualizar lo aprendido
Aunque existen diferentes estilos de aprendizaje, como norma el cerebro recuerda mejor lo que puede ver, imaginar o conectar sensorialmente. Se debe a que la visualización activa diferentes áreas cerebrales, no solo las relacionadas con el lenguaje, sino también con la percepción, lo que favorece una codificación más rica y duradera.
Usar diagramas, mapas mentales o imágenes asociativas también permite convertir conceptos abstractos en representaciones mentales concretas. Y luego es más probable que puedas recordar esas imágenes que has creado, incluso estando bajo presión. De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Plymouth reveló que una semana después, los estudiantes que utilizaron mapas conceptuales recordaban entre un 10 y 15% más de información que quienes utilizaron técnicas de estudio tradicionales.
5. Crear conexiones significativas
No importa cuanto repases, repitas, subrayes o releas, si realmente quieres fijar una información necesitas integrarla en el contenido ya asimilado. Y eso se logra creando conexiones significativas a nivel cerebral.
Cuando logras vincular un contenido nuevo con otro que ya dominas, creas nuevas conexiones neuronales. Lo interesante es que luego podrás recuperar esa información “tirando del hilo” de la información consolidada. Por tanto, si tienes que aprender los síntomas o el tratamiento de una nueva enfermedad, intenta vincularlo a algo que ya conozcas.
En fin, el verdadero aprendizaje acelerado no consiste en estudiar más, sino en estudiar mejor. Comprender los procesos cognitivos y fisiológicos del cerebro nos permite acompañar su ritmo natural en vez de forzarlo. Los programas educativos pueden comprimir el tiempo, pero solo el conocimiento de cómo funciona nuestra mente puede “comprimir” el esfuerzo.
Referencias:
Yang, G. et. Al. (2014) Sleep promotes branch-specific formation of dendritic spines after learning. Science; 344(6188): 1173-1178.
Schuetze, U. (2014) Spacing techniques in second language vocabulary acquisition: Short-term gains vs. long-term memory. Language Teaching Research; 19(1): 28-42.
Ballester, A. (2014) Meaningful Learning in Practice. Journal of Education and Human Development; 3(4): 199-209.
Farrand, P. et. Al. (2002) The efficacy of the “mind map” study technique. Medical Education; 36(5): 426-431.



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