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Ataque a la resiliencia, la guerra híbrida que están librando en nuestra mente

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ataque a la resiliencia

Casi todos los días, cuando abrimos la prensa o las redes sociales, desfila ante nuestros ojos una nueva ronda de noticias abrumadoras y preocupantes. Desde vastos incendios forestales hasta lluvias que arrasan con pueblos, sin olvidar las actualizaciones sobre las guerras en curso o el enésimo cambio legislativo que, en vez de solucionar problemas, añade más incertidumbre y desconcierto.

Hoy, las imágenes, los sonidos y las preocupaciones sobre los desastres cobran vida más rápido que nunca, colándose en nuestras pantallas para generar la sensación de que estamos continuamente bajo ataque y al borde del precipicio. A todo eso se le suma la desinformación, los rumores y las «noticias» intencionalmente confusas o abrumadoras que nos drenan la energía y nos dejan sin saber qué pensar o en quién creer.

El ataque invisible que nos deja hechos polvo

Imagina por un segundo que estás justo en medio de un desastre. Puede ser un huracán, una pandemia o incluso una crisis económica. Intentas mantener la calma, ayudar a las personas afectadas y arrimar el hombro para reconstruir lo que se ha perdido. Pero, de repente, te das cuenta de que algo no cuadra. Las noticias dicen una cosa, tus redes sociales otra y tu vecino – que siempre tiene una teoría conspirativa bajo la manga – te asegura que todo es un montaje. ¿A quién creer? ¿Cómo actuar?

Ese es el mundo en el que nos movemos hoy, un mundo donde el “ataque a la resiliencia” se ha convertido en una técnica de la guerra híbrida a la que el investigador Chad M. Briggs hizo referencia en 2020. ¿En qué consiste exactamente? En usar la desinformación y el caos como armas para dejarnos más perdidos que un pulpo en un garaje.

Los ataques a la resiliencia son un cóctel explosivo compuesto por desinformación, confusión y sobrecarga emocional. Es un ataque sistemático a nuestra capacidad individual y comunitaria para recuperarnos de crisis.

“La guerra cognitiva moderna no es una guerra en el sentido literal de la palabra. No es una conquista de territorio geográfico, sino más bien una competición por la mente humana y la capacidad de transformar la visión del mundo de las personas en una sociedad en un área particular”, explicó Briggs.

Su objetivo es claro: mantenernos vulnerables, confundidos, con los nervios a flor de piel esperando el próximo desastre y, sobre todo, impedir que nos recuperemos. Esa estrategia genera una espiral de estrés tan grande que es casi imposible encontrar una salida. Socava tanto nuestra resiliencia que nos deja en un estado de parálisis colectiva.

Y cuando por fin logramos sacudirnos ese estupor y angustia para comenzar a reconstruir los pedazos rotos, vuelve a golpear con más fuerza para dejarnos aún más vulnerables, divididos y confundidos que antes.

¿Cómo reconocer los intentos de erosionar la resiliencia?

Ser capaces de identificar un ataque a la resiliencia es el primer paso para protegernos de sus efectos. Si estamos atentos a estas señales, podremos evitar caer en la trampa que nos tiende la desinformación y el caos. 

  • Información contradictoria y falta de claridad. Uno de los primeros indicios de que estás siendo víctima de un intento de debilitar la resiliencia es la presencia de mensajes contradictorios. Por ejemplo, mientras una fuente oficial asegura que la situación está bajo control, otras fuentes o incluso lo que ves tú mismo, afirman lo contrario.
  • Mensajes alarmistas. “¡El fin del mundo está cerca!” es una frase que debería hacerte sospechar – a menos que esté comprobado que un meteorito enorme se dirige directamente hacia la Tierra. El miedo es una herramienta poderosa, y quienes buscan socavar la resiliencia lo saben. Los mensajes que apelan al catastrofismo están diseñados para generar pánico y paralizar.
  • Promoción de la desesperanza y el fatalismo. Los ataques a la resiliencia suele incluir mensajes que promueven la idea de que “no hay salida” o que “todo esfuerzo es inútil”. Este enfoque busca desmotivar a las personas y socavar su capacidad para actuar generando la idea de que «es lo que hay» y no se puede aspirar a cambiar el estado de las cosas.
  • Ataques a la cohesión social. La resiliencia no es solo individual, sino también colectiva. Por eso, una táctica común de los ataques a la resiliencia es fomentar divisiones dentro de la comunidad. Si notas que la información promueve divisiones entre grupos (vecinos vs. autoridades, jóvenes vs. mayores, etc.), es probable que estén intentando minar la comunidad. Esto puede manifestarse en forma de discursos que enfrentan a unos grupos contra otros o narrativas que buscan culpar a un sector específico o generar desconfianza entre personas que antes colaboraban sin grandes problemas.
  • Sobrecarga de información. Cuando te sientes abrumado por la cantidad de noticias y mensajes en las redes sociales o la prensa, es hora de hacer una pausa. La saturación es una táctica común para confundir, sobre todo en la era digital, porque afecta tu capacidad para discernir entre lo importante y lo irrelevante y actuar en consecuencia.
  • Descrédito de instituciones y figuras de autoridad. Otra estrategia común del ataque a la resiliencia consiste en minar la confianza en las instituciones, organizaciones o líderes que tradicionalmente han servido como pilares de apoyo durante las crisis. Esto se logra a través de campañas de desprestigio o difusión de rumores falsos. Y aunque es saludable cuestionar y exigir transparencia, también es importante distinguir entre una crítica constructiva y un intento deliberado de erosionar la credibilidad de quienes podrían ayudarnos realmente.
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El impacto psicológico: ¿Por qué un ataque a la resiliencia desestabiliza tanto?

Vivimos en una era en la que las noticias viajan a la velocidad de la luz – pero muchas veces con la exactitud de un chisme en el bar. Eso limita cada vez más nuestra capacidad para procesar información y tomar decisiones racionales. El ataque a la resiliencia aprovecha esa búsqueda de la inmediatez para difundir el caos, la desconfianza y la incertidumbre.

Cuando la desinformación se combina con la angustia que genera una crisis, nuestro cerebro entra en modo “alerta máxima”, lo cual no siempre nos ayuda a tomar mejores decisiones. En lugar de pensar con claridad, nuestro sistema de defensa comienza a luchar contra un enemigo invisible (la incertidumbre), y el estrés aumenta. La ansiedad se apodera de nosotros y, en lugar de colaborar y ayudarnos para superar el desastre, nos quedamos atrapados en un ciclo de confusión y desorientación buscando chivos expiatorios en cualquier sitio.

¿Qué daños psicológicos causan los ataques a la resiliencia?

  1. Confusión y parálisis. Cuando recibimos información contradictoria, nuestro cerebro entra en pánico. ¿Debemos evacuar? ¿Quedarnos? ¿Comprar todo el papel higiénico del supermercado? Esta incertidumbre nos paraliza, impidiéndonos tomar decisiones efectivas que pueden salvar vidas, minimizar los daños o acelerar la reconstrucción.
  2. Estrés crónico. La desinformación y el caos son muy angustiantes, aunque lo peor de todo es que el estrés puede comenzar a apoderarse de nosotros sin que seamos capaces de identificar exactamente de dónde proviene. Todo parece ir mal, pero no sabes ni por dónde empezar a solucionar las cosas.
  3. Pérdida de confianza. Si descubres que te han mentido (o que no puedes confiar en las fuentes de información), es normal que te sientas traicionado. Esta desconfianza puede extenderse a las instituciones, los medios e incluso a tus vecinos, debilitando los lazos comunitarios que son esenciales para la recuperación.
  4. Sentimiento de impotencia. Cuando todo parece estar en tu contra, es fácil caer en la desesperanza y la indefensión aprendida. «¿Para qué intentarlo si todo va a salir mal?» es el lema no oficial de quienes han sido víctimas de un ataque a la resiliencia.
  5. Desconexión social. Percibes que las personas a tu alrededor empiezan a desconectarse, como si cada quien se aislara en su propia burbuja. La desconfianza y la falta de comunicación entre la comunidad crecen, haciendo que el aislamiento se apodere de todos.
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¿Cómo proteger nuestra resiliencia?

Estar bajo un ataque a la resiliencia, es como estar atrapado en una telaraña de emociones y datos que no paran de moverse. Pero no estamos indefensos. Hay formas de contrarrestar ese fenómeno.

  • Filtra la información. Elige bien las fuentes de información que usas. No todo lo que circula por ahí es útil. Deshazte de las fuentes que siembran confusión y generan alarmismo. Busca datos claros y verificables. Contrasta siempre la información y no te conformes con versiones ambiguas o sensacionalistas.
  • Mantén la calma. El caos es contagioso, así que respira profundo y recuerda que el pánico no es tu amigo. Si te sientes abrumado, intenta desconectar. Aunque es natural sentir preocupación en situaciones de crisis, es importante mantener la serenidad y recurrir a la razón. Pregúntate: ¿esta información está respaldada por hechos? ¿O está siendo utilizada para manipular tus emociones? No te dejes llevar por el pánico colectivo.
  • Conecta con los demás. La comunidad es clave en tiempos de crisis. Habla con amigos, familiares o incluso con personas de tu entorno que compartan tu visión para reconstruir la resiliencia colectiva. El apoyo mutuo es un antídoto potente contra la desinformación y el aislamiento. La clave consiste en fomentar el diálogo y buscar puntos en común, en lugar de dejarse llevar por la polarización.
  • Recuerda tu propósito. En medio de la tormenta, es fácil perder de vista lo que realmente importa. Tómate un momento para recordar lo que te empuja a seguir adelante. Esa es la esperanza que necesitas para resistir.

Los ataques a la resiliencia son un recordatorio de que, en tiempos de crisis e incertidumbre, nuestra mente puede ser tanto un campo de batalla como una fortaleza. Aunque la desinformación y el caos intenten paralizarnos, tenemos las herramientas psicológicas que necesitamos para resistir. Solo tenemos que activarlas.

Referencias Bibliográficas:

Briggs, Chad M. (2020) Climate Change and Hybrid Warfare Strategies. Journal of Strategic Security; 13(4): 45-57.

Danyk, Y. & Briggs, Chad M. (2023) Modern Cognitive Operations and Hybrid Warfare. Journal of Strategic Security; 16(1): 35-50.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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