
Que la comida hiperprocesada, rica en grasas saturadas, no es buena lo sabemos todos. Pero si pensabas que tenías que comer muchas hamburguesas, pizzas y patatas fritas durante bastante tiempo para sufrir sus consecuencias, te equivocas.
Investigadores de Facultad de Medicina de la Universidad de Carolina del Norte descubrieron que estos alimentos pueden afectar nuestra memoria en tan solo cuatro días. Traducido al lenguaje común: la comida basura puede hacer que olvides dónde dejaste las llaves o qué ibas a comprar en el súper… y todo en menos de una semana.
La dieta influye en el cerebro mucho más de lo que creemos
Desde hace años sabemos que la comida chatarra influye en nuestro estado de ánimo. Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y la Universidad de Granada habían descubierto que la bollería industrial y la comida rápida aumentan el riesgo de padecer depresión.
Por otra parte, investigadores de la Universidad de California apreciaron que la ingesta de alimentos ricos en grasas trans incrementaba la irritabilidad y la agresividad. Sin embargo, en esta ocasión los efectos de la comida basura se han apreciado en las funciones cognitivas.
El estudio publicado en la revista Neuron muestra una perspectiva única sobre cómo la comida chatarra altera el centro de la memoria del cerebro, lo que aumenta el riesgo de sufrir disfunción cognitiva. En práctica, estos investigadores alimentaron a ratones con una dieta rica en grasas similar a la de la comida chatarra. A los cuatro días, las interneuronas CCK en el centro de la memoria del cerebro se activaron de forma anormal.
El mecanismo neurológico mediante el cual las grasas bloquean la memoria
Una dieta rica en grasas deteriora la capacidad mnémica en pocos días porque sobreestimula neuronas clave en el centro de la memoria del cerebro. Un grupo específico de células del hipocampo, llamadas interneuronas CCK, se vuelven hiperactivas tras consumir una dieta rica en grasas, debido a que el cerebro pierde capacidad para procesar la glucosa.
Las interneuronas CCK regulan la actividad de las neuronas excitatorias, que intervienen en el almacenamiento y la recuperación de los recuerdos. Aseguran el equilibrio necesario entre excitación e inhibición para que la memoria funcione correctamente. Cuando estas interneuronas se vuelven hiperactivas, inhiben las neuronas que deberían estar codificando nuevos recuerdos, por lo que actúan como un “freno” dentro del circuito de la memoria.
Todo parece indicar que los alimentos ricos en grasas afectan la disponibilidad de glucosa en el cerebro, haciendo que sea menos eficiente a la hora de “recogerla”. Como respuesta a ese estrés metabólico se activa una proteína llamada PKM2, que actúa como un interruptor en algunas neuronas. El proceso extremadamente simplificado sería:
- Una dieta rica en grasas saturadas disminuye la eficiencia metabólica, impidiendo que el cerebro aproveche bien la glucosa, afectando particularmente la zona vinculada a la memoria.
- La disminución de la glucosa pone el cerebro en «modo alerta», generando la proteína PKM2, que dispara a su vez la actividad de las interneuronas CCK.
- La hiperactivación de las interneuronas CCK acaba frenando el funcionamiento de las neuronas excitatorias que codifican los recuerdos.
Por eso, aunque las neuronas excitatorias quieran almacenar información nueva, quedan bloqueadas.
¿Por qué es tan importante para nosotros?
Aunque el estudio se refiere a modelos animales, los mecanismos de base son plausibles para las personas porque nuestro hipocampo también depende de la disponibilidad de glucosa, las interneuronas inhibidoras tienen funciones similares y la dieta occidental rica en grasas ya se había vinculado con el deterioro cognitivo.
Además, el hecho de que los cambios ocurran rápidamente (en cuestión de días), subraya que no solo importa el daño acumulado, sino que el cerebro podría ser particularmente vulnerable a los desequilibrios metabólicos.
En este sentido, los neurocientíficos afirmaron que eran conscientes de que la dieta y el metabolismo podían afectar la salud cerebral, pero no esperaban encontrar un grupo tan específico y vulnerable de células cerebrales ni que se vieran afectadas tan pronto.
“Lo que más nos sorprendió fue la rapidez con la que estas células modificaron su actividad en respuesta a la menor disponibilidad de glucosa, y cómo este cambio, por sí solo, fue suficiente para deteriorar la memoria”, señalaron.
Por tanto, ahora ya sabes que lo que comes no solo se refleja en tu cintura o en tu corazón, también afecta a tus neuronas. Así que si andas más olvidadizo últimamente, quizá sea buena idea comenzar revisando tu dieta.
Referencia:
Landry, t. et. Al. (2025) Targeting glucose-inhibited hippocampal CCK interneurons prevents cognitive impairment in diet-induced obesity. Neuron; S0896-6273(25)00622-1.



Lino dice
Me encantó. Soy de Perú Lima. Gracias. Ni idea como es que aparecieron en uno de mis correos. Soy ingeniero pero hubiese sido más feliz siendo sicólogo.
Jennifer Delgado dice
Hola Lino,
Me alegra que te haya gustado.
Y pues la verdad, tampoco tengo idea de cómo aparecí en tu correo :O
Solo envío la newsletter a las personas que se han inscrito.
En cualquier caso, es un placer tenerte por aquí.