
Cuando estamos tensos, estresados o ansiosos escuchamos un consejo que se repite hasta la saciedad: “¡relájate!”. Es un buen consejo, excepto cuando no lo es. Y es que, en algunos casos, intentar calmarte puede tener el efecto opuesto: dispara aún más la ansiedad.
He conocido a más de una persona que, cuando intenta practicar yoga, meditación o técnicas de relajación termina más estresada, nerviosa y ansiosa. No son un caso aislado. En Psicología existe un fenómeno que se conoce como ansiedad paradójica o inducida por relajación, un estado en el que se produce un pico de ansiedad, tensión muscular o pensamientos ansiosos ante el intento de calmarse.
Relajante, pero no para todos
Cuando hablamos de relajación, muchas veces pensamos que sentarnos, respirar profundo y aflojar los músculos es una especie de “botón mágico” que nos devuelve la calma. Y de cierta forma lo es. Técnicas como la relajación muscular progresiva o la respiración diafragmática activan el sistema nervioso parasimpático, que funciona como un freno de mano interno para bajar la tensión y el ritmo cardíaco, contribuyendo a que el cuerpo y la mente encuentren su equilibrio natural. De hecho, los estudios han revelado que técnicas como la relajación muscular progresiva pueden reducir el nivel de cortisol entre un 8-10%.
Sin embargo, no todas las personas responden igual. Un estudio psicológico clásico constató que un 30,8% de quienes practicaban la relajación progresiva y un 53,8% de los que meditaban reportaron sentirse más ansiosos después de intentarlo. Eso significa que las prácticas que calman a algunos pueden generar más estrés y ansiedad en otros.
¿Por qué intentar relajarte podría agobiarte aún más?
A primera vista, parece contradictorio ya que la relajación debería reducir la ansiedad, no aumentarla. Sin embargo, cada persona es un mundo. Una investigación realizada en la Universidad Estatal de Pensilvania dio algunas pistas sobre esta reacción paradójica al constatar que quienes padecen ansiedad suelen tener una mayor sensibilidad al estrés y una tendencia a querer controlar sus emociones.
Por una parte, muchas de las técnicas de relajación tradicionales invitan a enfocarse en las sensaciones corporales a través de la respiración, la conciencia corporal o la tensión/distensión muscular. El objetivo es tomar nota de esas sensaciones y dejarlas ir a medida que logramos relajar los músculos o respirar pausadamente.
No obstante, para algunas personas con ansiedad, enfocarse en esos síntomas físicos puede tener un efecto contraproducente. Prestar atención a la respiración, a los latidos o a la tensión muscular les genera más incomodidad y angustia, lo que termina aumentando el nivel de ansiedad basal. O sea, estas técnicas hacen aún más consciente el malestar físico, lo que aumenta el estrés.
Por otra parte, la tendencia al control puede convertirse en un foco de tensión adicional, sobre todo cuando partimos con la idea de que no seremos capaces de relajarnos y gestionar esas emociones “negativas”.
Si estamos en un estado de hiperalerta, monitorizando todo lo que sentimos, con miedo a que esas emociones se descontrolen, nos resultará absolutamente imposible relajarnos. Esa sensación de vulnerabilidad puede hacer que la relajación se vuelva estresante en vez de placentera.
El secreto taoísta para relajarte realmente
En el taoísmo, la práctica contemplativa se entiende más como una apertura espontánea a la experiencia que como una técnica formal con un objetivo específico. Esta idea está profundamente vinculada al principio de Wu wei, que significa acción sin forzar.
En “El camino del zen” (libro que recomiendo), Alan Watts menciona las enseñanzas de Hui-neng cuando decía que “en vez de tratar de purificar o vaciar la mente simplemente tenemos que soltarla […] Concentrarse en la mente y contemplarla hasta que esté quieta es una enfermedad y no dhyana” (estado de conciencia unificada).
Básicamente, eso significa que, si meditas con un objetivo preciso (ya sea relajarte o vaciar la mente), no estás meditando. El estado de conciencia quieta y en calma «no surge porque intentemos alcanzarlo, viene solo cuando estamos sentados y atentos sin ningún propósito en nuestra mente, ni siquiera el propósito de librarnos de los propósitos«, explicaba Watts.
Podemos aplicar ese mismo razonamiento a la relajación. O sea, cuando te enfocas demasiado en relajarte, creas una tensión interior que te impide alcanzar ese objetivo. Estás tan atento a los signos de tensión que acabas reforzándolos. Por tanto, la clave radica en practicar estas técnicas sin imponerte una meta o intención rígida. Entonces la relajación y la calma llegarán naturalmente.
¿Y si no eres capaz de lograrlo?
No pasa nada. No existe una forma «correcta» de relajarse, solo tienes que encontrar lo que te ayuda a calmarte. Quizá sea el movimiento. Algunas personas se relajan saliendo a caminar o haciendo ejercicio. Otras se relajan escuchando música o bailando. Lo importante es que la actividad que elijas no ocupe tu mente; o sea, no te vas a relajar dándote un maratón de series o navegando por redes sociales. Eso se llama escapismo y solo te fatigará mentalmente.
Referencias:
Kim, H. & Newman, M. G. (2019) The paradox of relaxation training: Relaxation induced anxiety and mediation effects of negative contrast sensitivity in generalized anxiety disorder and major depressive disorder. J Affect Disord; 259: 271-278.
Chellew, K. et. Al. (2015) The effect of progressive muscle relaxation on daily cortisol secretion. Stress; 18(5): 538–544.
Heide, F. J. & Borkovec, T. D. (1983) Relaxation-induced anxiety: paradoxical anxiety enhancement due to relaxation training. J. Consult. Clin. Psychol; 51: 171–182.



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