
Todos hemos tenido días en los que un pequeño inconveniente nos parece el fin del mundo. Basta la pérdida de un cliente, una discusión con un amigo o un error en el trabajo para que de repente nuestra mente convierta esos contratiempos en catástrofes épicas. A veces, somos verdaderos especialistas en crear una tormenta en un vaso de agua.
En esos casos, el problema no es tanto lo que ocurre sino cómo lo percibimos e interpretamos. Ya sé que decirlo es fácil y que relativizar los problemas es un poco más complicado cuando nos sentimos con el agua al cuello, pero no es imposible. De hecho, cuando finalmente aprendes a poner cada cosa en su lugar, ganas una serenidad tremenda.
¿Qué significa relativizar los problemas – y qué no lo es?
Relativizar los problemas significa ponerlos en perspectiva, evaluar su verdadera importancia y verlos como algo que podemos gestionar, no como catástrofes que vaticinan el Armagedón. Es un ejercicio mental que nos permite reducir la intensidad emocional frente a dificultades para poder analizar la situación con mayor claridad y decidir qué hacer sin dejarnos dominar por el pánico.
Es importante aclarar que relativizar los problemas no significa:
- Minimizarlos ni ignorarlos.
- Comparar nuestros problemas con los de los demás para sentirnos “afortunados”.
- Restarle importancia a lo que nos afecta.
- Resignarnos pasivamente a sufrir “lo que nos ha tocado”.
- Forzarnos por sentirnos bien o fingir que tenemos todo bajo control.
Los problemas siguen existiendo, relativizarlos no los borrará, lo que cambia es la forma en que los percibimos y nos relacionamos con ellos. Es un enfoque que combina una mayor objetividad con la capacidad para mantener la calma y actuar de manera reflexiva.
Para lograrlo, la idea es aprender a distinguir entre lo que realmente importa y lo que nuestra mente exagera. Así no gastaremos energía preocupándonos en demasía. O sea, relativizar los problemas no es otra cosa que ponderar la dificultad de cada situación para reducir su impacto emocional y gestionarla de la mejor manera posible.
¿Cómo relativizar los problemas con la técnica del distanciamiento temporal?
La técnica del distanciamiento temporal es particularmente eficaz para aprender a relativizar los problemas. Básicamente, nos brinda una perspectiva muy útil para salir del caos mental que ha creado el contratiempo u obstáculo.
En 2023, un grupo de psicólogos de la Universidad de California pidió a 155 personas que informaran durante ocho días sobre su principal factor estresante, cómo se habían sentido y si habían sido capaces de distanciarse temporalmente de lo que les ocurría.
Comprobaron que, efectivamente, las personas que lograban asumir una distancia temporal de los problemas solían experimentar emociones más agradables, como felicidad y calma. También sentían menos ansiedad o tristeza.
Lo mejor de todo es que podemos asumir una distancia psicológica de lo que nos preocupa y aprender a relativizar los problemas con una técnica muy sencilla: solo tienes que plantearte una pregunta e intentar responderla con objetividad:
“¿Esto seguirá importando dentro de cinco años?”
Nada más.
Por ejemplo, supongamos que estás contra las cuerdas porque tienes que entregar un proyecto de trabajo o que te sientes sumamente frustrado después de una discusión. Si imaginas cómo estarás dentro de algunos años, es probable que te des cuenta que eso que te preocupa no será tan importante como parece ahora mismo.
¿Por qué funciona?
- Distancia emocional inmediata. Cuando te proyectas hacia el futuro, tu mente deja de vivir el problema como una crisis actual irresoluble y lo ve como un obstáculo temporal.
- Reducción del dramatismo. La mayoría de los problemas que parecen enormes hoy, pierden importancia al considerar el panorama general a largo plazo.
- Enfoque en lo realmente importante. Ayuda a separar lo relevante de lo trivial, evitando que pequeños inconvenientes te roben la energía mental.
En términos neuropsicológicos, la técnica del distanciamiento temporal reduce la activación de la amígdala (la parte del cerebro que dispara miedo y ansiedad) mientras activa la corteza prefrontal (responsable de la planificación y la toma de decisiones racionales). Eso explica por qué te ayuda a relativizar los problemas de manera casi inmediata. En práctica, te devuelve el control y la perspectiva, restando parte del impacto emocional que te impide ver el problema con claridad.
Por tanto, la próxima vez que te sientas estresado, sobrepasado o angustiado, simplemente pregúntate: “¿seguirá siendo importante en cinco años?”. Probablemente la respuesta sea un “no”.
Referencia:
Benkley, D. et. Al. (2023) Short-term implications of long-term thinking: Temporal distancing and emotional responses to daily stressors. Emotion; 23(2): 595-599.



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