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¿De verdad necesitas creer en ti para lograr algo? El superpoder de la duda

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Mujer dudando
«Si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas» – Sir Francis Bacon [Foto libre: Pexels]

“Si crees en ti, todo es posible”.

“La confianza es la clave del éxito”.

“Para conseguirlo, primero tienes que creértelo”.

Es probable que estas frases (y otras por el estilo) te resulten familiares, ya sea porque las has leído o incluso porque tú mismo las has dicho. Su intención es buena: intentan fomentar la autoconfianza. Y no hay nada de malo en ello. Pero no son del todo ciertas. No todo es cuestión de confianza y de convencernos de que somos capaces de lograrlo. De hecho, creer ciegamente en ese mensaje incluso podría llegar a obstaculizarnos.

La trampa de esperar hasta sentirte preparado

Muchas personas viven atrapadas en una especie de limbo psicológico. Quieren hacer algo, pero esperan a sentirse seguras antes de intentarlo. Esperan tener más confianza antes de hablar en público. Buscan más seguridad para cambiar de trabajo. Quieren certezas antes de emprender un proyecto.

Sin darse cuenta, convierten la confianza en una condición previa para actuar. Sin embargo, el problema es que la confianza no siempre aparece antes de la acción, muchas veces ocurre justo al revés.

Hemos reforzado la mayoría de nuestras habilidades mediante la experiencia. Nadie desarrolla confianza conduciendo antes de conducir, así como nadie aprende a nadar leyendo manuales de natación ni adquiere seguridad para hablar ante un auditorio repasando discursos tirado en el sofá de su casa.

A veces la confianza es antesala, pero en la mayoría de los casos es una consecuencia de lanzarse y probar. Por eso, esperar a sentirte completamente preparado puede convertirse en una forma sofisticada de procrastinación.

Lo curioso es que no parece miedo porque sus argumentos parecen razonables, pero en muchos casos es precisamente eso. En ocasiones, la confianza como condición sine qua non para hacer cualquier cosa es tan solo miedo disfrazado (y rechazo a reconocerlo).

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La duda, una aliada subestimada y a menudo denostada

La duda se ha convertido prácticamente en el enemigo público número uno. En los tiempos que corren se ensalza la confianza mientras la inseguridad acumula mala prensa. Sin embargo, la duda no siempre ha sido vista como una enemiga. De hecho, algunos de los pensadores más influyentes de la historia la consideraban una herramienta indispensable para acercarse a la verdad.

Sócrates, por ejemplo, construyó buena parte de su filosofía sobre una idea aparentemente sencilla: reconocer la propia ignorancia. El famoso “solo sé que no sé nada” no era una declaración de incapacidad, sino una invitación a cuestionar las certezas y las cosas que damos por sentadas. Para Sócrates, el verdadero peligro no era dudar, sino creer que ya poseíamos todas las respuestas.

Desde esta perspectiva, la duda no representa una carencia de confianza, sino una forma de humildad intelectual que nos mantiene abiertos al aprendizaje. La psicología moderna confirma esa intuición filosófica. Las personas que nunca dudan suelen caer con mayor facilidad en un exceso de confianza, tienden a sobreestimar sus capacidades, ignorar información relevante y asumir riesgos innecesarios.

La sensación subjetiva de seguridad no siempre es un indicador fiable de competencia. De hecho, algunos estudios muestran que quienes realizan estimaciones más prudentes y reconocen mejor los límites de sus conocimientos suelen tomar decisiones más acertadas a largo plazo. En otras palabras, sentirse completamente seguro no garantiza estar en lo cierto y mucho menos tener éxito.

Una dosis razonable de duda puede funcionar como un mecanismo de corrección psicológica. Nos obliga a revisar nuestros planes, identificar puntos ciegos y considerar escenarios alternativos. Nos recuerda algo que a menudo olvidamos: el futuro está cargado de incertidumbre y ninguna decisión viene con garantías absolutas. En este sentido, la duda no es una señal de debilidad, sino de contacto con la realidad.

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La pregunta correcta

Debemos asumir que algunas de las decisiones más significativas de la vida suelen venir acompañadas de incertidumbre, precisamente porque tienen consecuencias relevantes. Esperar seguridad absoluta antes de actuar es como esperar que desaparezcan todas las olas antes de entrar.

De hecho, quizá hemos estado formulando mal la cuestión y, en vez de preguntarnos si creemos lo suficiente en nosotros mismos, podría ser más útil plantearnos otra pregunta: ¿estoy dispuesto a seguir adelante, aunque tenga dudas?

La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la perspectiva porque la confianza y las certezas fluctúan. Habrá días en los que nos sentiremos capaces de comernos el mundo y otros en los que podríamos volver a cuestionarlo todo.

A la postre, basar nuestras decisiones en un estado emocional tan variable puede resultar bastante problemático. En cambio, el compromiso con la acción o la decisión que hemos tomado nos brinda más estabilidad porque nos permite asumir que podemos tener dudas y, a pesar de ello, seguir adelante.

No necesitas tener una fe inquebrantable en ti mismo para avanzar, solo necesitas algo mucho más modesto y realista: aceptar que la incertidumbre forma parte de cualquier proyecto que merezca la pena y que las dudas siempre surgirán si la decisión que tienes por delante realmente te importa.

Solo tienes que saber que la duda no siempre es una señal de que debas detenerte, a veces es simplemente el precio a pagar por atreverte a salir de la zona de confort. La verdadera confianza no consiste en eliminar todas las dudas, sino en aprender a avanzar con ellas.

Referencias:

Moore, D. A., & Healy, P. J. (2008) The trouble with overconfidence. Psychological Review; 115(2): 502–517.

Dunning, D., Johnson, K., Ehrlinger, J., & Kruger, J. (2003) Why people fail to recognize their own incompetence. Current Directions in Psychological Science; 12(3): 83–87.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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