Actualizado: 12/02/2026 por Jennifer Delgado | Publicado: 09/07/2009

Los adultos solemos pensar que la infancia es una etapa de alegría, despreocupación y felicidad. Asociamos esos primeros años al juego, las risas y la curiosidad, como si los niños fueran inmunes a problemas emocionales. Sin embargo, la realidad no siempre es tan bonita. Los niños también pueden sufrir depresión, aunque se manifieste de formas diferentes a las de los adultos.
¿Qué es la depresión infantil?
Uno de los mitos más persistentes (y peligrosos) sobre la depresión es pensar que no puede ocurrir en niños, que es un problema exclusivo de los adultos o que “ya se les pasará”. No obstante, las evidencias científicas dicen lo contrario: la depresión es un trastorno que puede afectar a niños (exactamente al 1% de ellos), y se observa incluso en edades muy tempranas del desarrollo (a partir de los 3 años los niños ya pueden experimentar sus síntomas clínicos, aunque los casos son raros).
La depresión infantil, específicamente, se considera un trastorno del estado de ánimo que afecta a niños y niñas, caracterizado por una tristeza persistente, irritabilidad, pérdida de interés en actividades que antes disfrutaban y cambios en el sueño, el apetito o el comportamiento. A diferencia de la tristeza ocasional, que todos los niños pueden experimentar, la depresión infantil es más duradera y altera la vida cotidiana, afectando su capacidad de jugar, aprender y relacionarse con los demás.
¿Cuáles son los principales síntomas de la depresión infantil?
La depresión suele manifestarse de manera diferente en los niños, por lo que es fácil que los padres los pasen por alto.
- Irritabilidad y fatiga. En vez de una tristeza evidente, muchos niños deprimidos se muestran más irritables o fatigados. No tienen la energía que caracteriza a la infancia.
- Síntomas físicos inexplicables. Dolores de cabeza, de estómago u otros malestares sin una causa médica clara también suelen acompañar a la depresión en los niños.
- Anhedonia. El niño pierde el interés por actividades que antes disfrutaba, sobre todo el juego. De hecho, es un síntoma clave de la depresión infantil y se puede notar porque los pequeños simplemente ya no quieren jugar o pasar el rato con sus amigos.
- Pensamientos negativos y baja autoestima. Aunque los niños pequeños no siempre expresan directamente cómo se sienten, pueden decir cosas como “no puedo”, “soy malo” o “nadie me quiere”, lo que refleja distorsiones cognitivas asociadas a la depresión. A menudo eso se traduce en una baja autoestima. Los niños pueden sentirse inútiles o indignos de ser amados, inútiles o estúpidos.
- Cambios en el comportamiento. La disminución del rendimiento escolar, regalar juguetes importantes o alteraciones significativas del sueño (dormir demasiado o tener dificultades para conciliar el sueño), son otros síntomas de la depresión infantil.
- Aislamiento social. Algunos niños con depresión se «auto secuestran». Se sienten tan tristes, que se aíslan en su habitación para evitar a la familia o las interacciones sociales. A menudo encuentran un escondite secreto donde se sienten más protegidos y cómodos, de manera que se refugian allí cuando se sienten mal.
¿Qué pueden hacer los padres?
Si notas los síntomas mencionados anteriormente, es recomendable que comiences a prestar atención. Es fundamental valorar su duración ya que sentirse mal durante uno o dos días por algo que ha ocurrido es normal, pero estar triste e irritable durante varios días o incluso semanas es señal de que algo anda mal.
En ese caso, es recomendable acudir antes al pediatra para que realice una revisión completa ya que existen otras enfermedades que pueden causar síntomas similares a los de la depresión, de manera que el primer paso siempre es descartar un problema fisiológico.
Si los exámenes no indican ninguna afección de salud, será recomendable que lleves a tu hijo a un psicólogo infantil. Este profesional analizará qué le ocurre, podrá llegar a un diagnóstico y recomendarte el tratamiento más eficaz, además de brindarte pautas a seguir en casa.
Recuerda que, como norma, la depresión no desaparece por sí sola. Es un trastorno crónico que no puede ser ignorado ni se resuelve a golpe de fuerza de voluntad. Tener a un hijo deprimido puede ser un reto y también puede asustar, pero es al mismo tiempo una oportunidad para estrechar vuestros lazos. Solo asegúrate de que tiene el apoyo que necesita.
¿Cómo es el tratamiento psicológico de la depresión infantil?
El tratamiento psicológico es fundamental para ayudar a un niño con depresión. De hecho, un estudio realizado en la Stony Brook University reveló que la depresión en la infancia no es una simple “tristeza pasajera”. Los niños que presentan depresión a los 3 o 6 años tienen mayores probabilidades de experimentar ansiedad, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y tendencias suicidas más adelante en la infancia o adolescencia, por lo que no es un problema que se pueda minimizar.
No obstante, a diferencia de los adultos, los niños no siempre pueden explicar lo que sienten, por lo que la intervención terapéutica se adapta a su edad, desarrollo y nivel de comprensión.
El psicólogo suele ajustar la terapia cognitivo‑conductual a la edad del pequeño para ayudarlo a identificar y cambiar pensamientos negativos, aprender habilidades de gestión emocional y recuperar el interés por actividades que antes disfrutaba. Se utilizan actividades como los juegos de rol o los cuentos para facilitar la expresión emocional.
Obviamente, en la mayoría de los casos es necesario involucrar a los padres. La terapia familiar enseña a los adultos a reconocer los síntomas de la depresión infantil, reforzar las conductas saludables y comunicarse mejor con su hijo. También es útil para resolver los conflictos familiares que puedan estar empeorando la depresión.
Con los niños más pequeños el psicólogo usa una terapia más lúdica con juegos dirigidos, dibujo, música o actividades expresivas como herramientas para que puedan expresar emociones difíciles sin necesidad de verbalizar todo. Esto nos permite observar sus patrones de comportamiento, frustración, tristeza o miedo y trabajar sobre ellos de manera natural.
A largo plazo, la terapia para la depresión infantil funciona, previene recaídas y evita la aparición de otros trastornos, por lo que es importante acudir a un psicólogo si se sospecha que el niño tiene algo más que una tristeza pasajera.
Referencias:
Spoelma, M. J. (2023) Estimated Prevalence of Depressive Disorders in Children From 2004 to 2019A Systematic Review and Meta-Analysis. JAMA Pediatr; 177(10): 1017-1027.
Silver, J. et. Al. (2022) Depression in 3/6-year-old children: clinical and psychosocial outcomes in later childhood and adolescence. J Child Psychol Psychiatry; 63(9): 984-991.
Crowe, K. & McKay, D. (2017) Efficacy of cognitive-behavioral therapy for childhood anxiety and depression. J Anxiety Disord; 49: 76-87.



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