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5 trastornos que suelen confundirse con TDAH: ¿Cómo hacer el diagnóstico diferencial?

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diagnóstico diferencial del TDAH

Cuando tu hijo no para quieto, se distrae con cualquier cosa, pasa de una tarea a otra sin terminar ninguna o explota por lo más mínimo, es probable que salte tu alarma interior: “¿será TDAH?”. Y no es para menos, puesto que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad es uno de los más comunes. A nivel mundial, se estima que lo padecen aproximadamente el 5% de los niños y el 2,5% de los adultos, según el DSM-5.

Sin embargo, los síntomas del TDAH pueden confundirse con los de otros problemas psicológicos o físicos. Por eso, antes de asumir que se trata de un trastorno de atención, conviene ampliar la mirada para ver el cuadro completo, siendo conscientes de que el comportamiento suele ser solo la punta del iceberg.

Los 3 síntomas principales del TDAH

Hablar de TDAH no es solo referirse a niños hiperactivos o adultos que “van a mil”. Es hablar de personas que, a pesar de su esfuerzo, sienten que su cerebro funciona como un navegador con mil pestañas abiertas, ninguna de las cuales carga del todo. De hecho, este trastorno se caracteriza por un patrón persistente de inatención, hiperactividad e impulsividad que afecta el funcionamiento diario.

1. Dificultad para concentrarse, un cerebro con mil “pestañas abiertas”

Las personas con TDAH pueden emprender una tarea muy motivadas y con toda la intención de acabarla … pero pierden el hilo en poco tiempo. Es como salir a por un vaso de agua y volver con una regadera para regar una planta. No es falta de interés, es que les cuesta seguir todos los pasos, recordar el orden correcto o mantenerse concentrados. Se distraen con el vuelo de una mosca. Por eso suelen cometer errores o dejan actividades inconclusas.

2. Hiperactividad, cuando el cuerpo no tiene botón de pausa

La hiperactividad en niños se manifiesta como un movimiento constante en contextos inadecuados. Les resulta muy difícil mantenerse sentados en el aula o quedarse tranquilos en un museo. En los adultos, las expresiones de hiperactividad son más sutiles, pero siguen existiendo, como los cambios de postura cada dos minutos, mover el pie sin parar en las reuniones o estar siempre ocupados, hasta el punto que su nivel de actividad agota a los demás.

3. Impulsividad, la tendencia a actuar sin pensar

La impulsividad es otra de las características del TDAH que empuja a los niños y adultos a actuar intempestivamente. Interrumpen constantemente la conversación y se muestran impacientes. También tienen dificultades para retrasar las recompensas y toman decisiones precipitadas sin considerar las consecuencias a largo plazo. Vivir con impulsividad es como ir con una marcha de más: permanentemente acelerado sin tener en cuenta las curvas de la carretera.

Los 5 trastornos con los que se confunde el TDAH

A veces, el TDAH se convierte en la explicación por defecto para casi cualquier comportamiento difícil: si corre mucho, TDAH; si se distrae, TDAH; si se frustra rápido, TDAH. Pero no todos los niños inquietos, despistados o impulsivos tienen un trastorno de atención, aunque a veces lo parezca.

Muchos niños atraviesan etapas, cambios o situaciones que pueden desbordarlos, pero eso no significa que tengan un trastorno. En otros casos, el problema que se encuentra en la base es otro. Por eso, es fundamental realizar lo que en la práctica clínica se conoce como diagnóstico diferencial.

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1. Trastorno negativista desafiante

El trastorno negativista desafiante es uno de los que más se confunde con el TDAH porque en ambos suele aparecer impulsividad, baja tolerancia a la frustración, estallidos emocionales y comportamientos que desafían las normas. Desde fuera, parece que el niño “no atiende”, “no hace caso” o “pierde los nervios por nada”.

La diferencia clave radica en la intención. En el trastorno negativista desafiante, el comportamiento está marcado por un patrón persistente de desafío, irritabilidad y enfrentamiento activo hacia figuras de autoridad. En el TDAH, en cambio, las conductas problemáticas suelen derivarse de la desatención o la impulsividad, no de un rechazo hacia las normas. Un niño con TDAH quiere cumplir, pero no puede. Un niño con trastorno oposicionista desafiante se resiste deliberadamente a obedecer o realizar las tareas escolares, mostrado una hostilidad hacia las figuras de poder, como padres y maestros.

2. Apnea del sueño

La apnea del sueño es otra de las condiciones más comunes que se confunden con el TDAH. Cuando los niños experimentan interrupciones respiratorias durante el sueño, aunque sean leves, no descansan bien y el cerebro no recibe suficiente oxígeno. Como resultado, se despiertan cansados, pero ese agotamiento no se manifiesta como en los adultos, sino que se vuelven hiperactivos, dispersos, impulsivos, sufren cambios de humor y no logran concentrarse.

De hecho, las investigaciones muestran que los niños que roncan, respiran por la boca o tienen un sueño interrumpido presentan un 40% más de probabilidades de mostrar hiperactividad o falta de atención a los 4 años, que aumenta a casi un 60% a los 7 años. No obstante, la apnea del sueño se puede diferenciar del TDAH prestando atención a cómo duerme el niño.

Si el pequeño ronca, tiene pausas en la respiración, suda en exceso o se mueve mucho durante la noche, es probable que sufra apnea del sueño. La buena noticia es que puedes realizar un estudio del sueño para confirmar el diagnóstico y que normalmente con tratamiento, los síntomas suelen mejorar notablemente o incluso desaparecer.

3. Trastorno de ansiedad infantil

Sí, los niños también pueden desarrollar un cuadro de ansiedad. Y se parece mucho al TDAH porque cursa con inquietud, nerviosismo, dificultad para concentrarse e incluso conductas impulsivas. Un niño ansioso también puede estar distraído en clase, pero no porque no pueda concentrarse, sino porque su mente está atrapada en un bucle de preocupaciones, miedos e inseguridades.

El punto diferenciador es el origen del malestar: en la ansiedad, los síntomas giran en torno al temor (a equivocarse, no cumplir expectativas, al abandono de uno de los padres…), mientras que en el TDAH las dificultades atencionales son constantes y no dependen del contexto emocional sino más bien de los estímulos externos. Además, un niño con ansiedad suele evitar las situaciones que le generan miedo, mientras que un pequeño con TDAH, debido a su impulsividad, suele involucrarse en conductas de riesgo.

4. Trastorno del desarrollo intelectual

El trastorno del desarrollo intelectual y el TDAH pueden parecerse porque los niños muestran dificultades para seguir instrucciones, terminar las tareas o mantener la concentración. Desde fuera, ambos parecen “despistados” o “poco constantes”, generando la impresión de que no atienden o no se esfuerzan lo suficiente.

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La diferencia radica en la causa. En el trastorno del desarrollo intelectual, las dificultades no se deben a un déficit atencional, sino a limitaciones globales en el razonamiento, el aprendizaje y la comprensión. Los niños con una discapacidad intelectual necesitan más tiempo para procesar la información y pueden frustrarse fácilmente cuando no entienden una tarea. En contraposición, en el TDAH la capacidad intelectual está preservada, el problema radica en mantener la atención o regular el nivel de actividad.

5. Deficiencias nutricionales

El TDAH es un trastorno del neurodesarrollo, pero algunas deficiencias nutricionales pueden provocar síntomas muy parecidos. La falta de hierro es la deficiencia nutricional más común (afecta a más de 2 mil millones de personas en todo el mundo, en particular a niños) y es la más estudiada en relación con el TDAH.

Se ha asociado con un deterioro emocional y cognitivo, incluyendo la dificultad de atención y concentración, irritabilidad y cambios de humor. De hecho, algunos estudios también señalan que la falta de hierro podría causar o agravar los síntomas del TDAH ya que se conoce que niveles bajos de ferritina afectan la neurotransmisión dopaminérgica, que es clave para la regulación de la atención y el control de impulsos.

No obstante, la falta de hierro también causa otros síntomas, como fatiga, astenia y depresión. Por eso, antes de asumir un diagnóstico de TDAH, es fundamental evaluar el estado nutricional. Un análisis de sangre que mida la ferritina, hierro, vitamina D y vitaminas del grupo B, junto con una revisión de hábitos alimenticios, puede revelar carencias nutricionales que estén causando los problemas de atención e irritabilidad.

No es TDAH todo lo que lo parece

Antes de colocar una “etiqueta diagnóstica”, es importante recordar que la distracción, la hiperactividad o la impulsividad pueden tener muchas causas, desde problemas del sueño hasta ansiedad.

Antes de asumir un diagnóstico hay que observar, evaluar y buscar apoyo profesional para valorar de manera global todos los factores que influyen en el comportamiento. Un buen diagnóstico es clave para abordar cada situación de la manera más efectiva y adecuad.

Mientras que el TDAH requiere estrategias psicológicas específicas, otros problemas, como las deficiencias nutricionales o la apnea del sueño demandan otro tipo de intervenciones concretas. Acceder al tratamiento adecuado puede marcar una enorme diferencia en la vida de un niño o adulto.

Referencias:

Fiani, D.et. Al. (2025) Psychiatric and cognitive outcomes of iron supplementation in non-anemic children, adolescents, and menstruating adults: A meta-analysis and systematic review. Neuroscience & Biobehavioral Reviews; 178: 106372.

Landaas, E. T. (2016) Vitamin levels in adults with ADHD. BJPsych Open; ;2(6): 377-384. 

APA (2014) Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales.Madrid: Editorial Médica Panamericana.

Bonuck, K. et. Al. (2012) Sleep-disordered breathing in a population-based cohort: behavioral outcomes at 4 and 7 years. Pediatrics; 129(4): e857-65.

Konofal, E. et. Al. (2004) Iron deficiency in children with attention-deficit/hyperactivity disorder. JAMA Pediatrics; 158(9): 857–860.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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