
Todos lo hemos vivido: después de una mala noche de sueño, al día siguiente no soportamos ni al vecino que nos saluda en el ascensor. Nos molesta el tráfico, el sonido del microondas e incluso la respiración del perro. Pero, más allá del mal humor y las ojeras, ¿sabías que dormir mal también puede hacerte menos generoso, menos empático y, en definitiva, más egoísta?
¿Dormir menos de 8 horas nos deshumaniza?
Estamos programados para vivir en comunidad: ayudarnos, apoyarnos, echarnos un cable cuando lo necesitamos… Esos comportamientos son un “pegamento social” que nos mantiene unidos. Sin embargo, un estudio desarrollado en la Universidad de California reveló que cuando dormimos mal, nuestra capacidad de cooperación se va desmoronando como un castillo de arena.
En otras palabras: el sueño no solo afecta a tu concentración, también interfiere con tu conciencia social básica. Dormir poco disminuirá tu deseo y voluntad de ayudar a los demás, por lo que es probable que te vuelvas mucho menos empático.
De hecho, ¿sabías que cuando en Estados Unidos se adelantan los relojes por el horario de verano y la población pierde una hora de sueño, las donaciones caritativas disminuyen un 10%? Sí, una hora menos de sueño puede bastar para volvemos menos generosos. Tal cual.
Dormir poco nos desconecta de los demás
Estos neurocientíficos siguieron a más de 100 personas durante varios días. Evaluaron la calidad de su sueño y su disposición a ayudar a los demás en acciones sencillas como sostener una puerta o ayudar a un desconocido. Comprobaron que cuando alguien había dormido mal, su inclinación a ayudar se reducía notablemente al día siguiente.
Es decir, no solo estarás más gruñón: también serás menos propenso a colaborar, a escuchar, a comprender… Aunque quizá lo más preocupante es que ese “egoísmo somnoliento” se contagia.
En estudios anteriores, esos mismos investigadores descubrieron que las personas privadas de sueño tienden a aislarse socialmente… y transmiten esa sensación de aislamiento a los demás. Como un virus emocional que se extiende, va apagando la conexión entre unos y otros.
De hecho, constataron que quienes entran en contacto con una persona con privación de sueño, aunque sea una breve interacción de un minuto, se sienten más solos, lo que indica un contagio viral del aislamiento social causado por la falta de sueño.
Pero, ¿cómo es posible que la falta de sueño nos vuelva tan poco empáticos?
Cerebro dormido, empatía apagada
En un primer estudio, 24 personas se sometieron a una resonancia cerebral tras dormir bien o pasar una noche en vela. ¿El resultado? Las áreas del cerebro responsables de la empatía y de comprender las necesidades de los demás (lo que se conoce como la red de la teoría de la mente) eran mucho menos activas en las personas insomnes.
Esa red se activa cuando empatizamos con los demás o intentamos comprender sus deseos y necesidades. Nos incita a preguntarnos: ¿Qué piensan? ¿Sienten dolor? ¿Necesitarán ayuda? E intentar buscar las respuestas.
Eso significa que, literalmente, que cuando no dormimos bien, a nuestras neuronas espejo les cuesta más ponerse en el lugar del otro. Por tanto, podríamos volvernos más distantes, indiferentes y egoístas.
Por otra parte, también se ha apreciado que dormir menos de 8 horas genera una hipersensibilidad en las regiones cerebrales que advierten del acercamiento humano. O sea, activan una señal de repulsión social, como si el simple hecho de que alguien se nos acercara activara una alarma interna.
En condiciones normales, el cerebro interpreta la cercanía física como algo neutro o incluso positivo, una señal de conexión social y seguridad. Pero cuando estamos privados de sueño, esas mismas regiones, en lugar de relajarse, se ponen en guardia. Esa respuesta de repulsión social genera un impulso automático de alejarnos, evitar el contacto y la interacción. En otras palabras, nos volvemos más ariscos, esquivos y evitativos.
Y todo eso no significa que seamos malas personas, sino que nuestro cerebro simplemente está en modo ahorro de energía. Si apenas podemos mantenernos despiertos, es comprensible que ayudar a los demás no entre dentro de nuestras prioridades más inmediatas y que la simple perspectiva de las relaciones sociales nos abrume.
Dormir bien es una necesidad, no un lujo
En una sociedad que se desvive por la productividad y en la que hemos desarrollado el miedo permanente a perdernos algo, dormimos cada vez menos. Sin embargo, dormir no es un lujo ni un capricho: es una necesidad. No solo para nuestra salud, sino también para vivir mejor en sociedad.
Dormir lo suficiente nos hace mejores personas, más amables, más solidarios y más humanos. Así que tal vez la próxima vez que sientas que eres menos paciente con tu pareja, más irritable con tus hijos o menos dispuesto a escuchar a tu colega de trabajo, antes de pensar que necesitas cambiar de vida o apuntarte a un curso de yoga… piensa en cuántas horas dormiste anoche. Quizá todo lo que necesites para serenarte sean mejores hábitos de sueño.
Referencias Bibliográficas:
Simon, B. et. Al. (2022) Sleep loss leads to the withdrawal of human helping across individuals, groups, and large-scale societies. PLoS Biol; 20(8): e3001733.
Simon B. & Walker, M. P. (2018) Sleep loss causes social withdrawal and loneliness. Nat Commun; 9(1): 3146.



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