Actualizado: 24/01/2026 por Jennifer Delgado | Publicado: 09/07/2009

En diciembre de 1888, Vincent van Gogh perdió la oreja tras una discusión con Paul Gauguin. Si se la cortó o fue el resultado de la trifulca con su colega todavía está en discusión. Pero de lo que no cabe dudas es que días después, ingresó en un hospital psiquiátrico.
En sus cartas a su hermano Theo describía periodos de euforia creativa desbordante, seguidos de caídas profundas en la desesperanza, el agotamiento y el vacío. Pintaba sin dormir durante días y, poco después, era incapaz de levantarse de la cama.
Aunque en su época no existía el diagnóstico, uno de los estudios más concienzudos realizados hasta la fecha concluyó que es probable que esas cartas reflejaran las fases del trastorno bipolar: momentos de energía intensa, pensamiento acelerado y creatividad extrema que se alternaban con episodios de abatimiento, culpa y un sufrimiento psicológico severo.
Ese es el reto al que se enfrentan las aproximadamente 37 millones de personas que viven con un trastorno bipolar en el mundo, según datos recientes de la OMS. Conocer las fases de este trastorno ayuda a comprender cómo los altibajos extremos afectan el día a día de esas personas.
La fase maníaca del trastorno bipolar
Durante esta fase las personas tienen un estado de ánimo muy positivo, que incluye un aumento de la autoestima y la singularidad. A menudo sobreestiman lo que pueden hacer y la calidad de sus ideas.
En ese estado, su juicio se deteriora y se sienten poderosas porque no son capaces de evaluar objetivamente las consecuencias de sus actos. Creen que son invencibles o «a prueba de balas» y muestran muy poco remordimiento o preocupación por sus acciones.
En esta fase suelen tener muchas ideas y una energía desbordante para llevarlas a cabo. De hecho, es habitual que emprendan varias actividades a la vez, aunque quizá no lleguen a buen término ninguna. En algunos casos, pueden dormir solo dos o tres horas al día.
Obviamente, para las personas que le rodean, tal abundancia de pensamientos e hiperactividad suele ser difícil de gestionar. Para empezar, a menudo la persona con trastorno bipolar habla demasiado rápido y mezcla las ideas. En algunos casos, podrían pasarse horas hablando sin darle a los demás la oportunidad de intervenir. Básicamente, su mente trabaja tan rápido que a los demás les cuesta seguirle el ritmo y a ellos organizar coherentemente sus ideas.
Como resultado de ese estado de hiperexcitación nerviosa, la conducta diaria puede llegar a ser desorganizada o incluso peligrosa, hasta el punto que algunas personas requieren hospitalización.
De hecho, en los episodios maníacos del trastorno bipolar pueden aparecer síntomas psicóticos (la psicosis es un estado en el cual una persona es incapaz de notar la diferencia de la realidad y la fantasía). En estos casos la persona puede sufrir alucinaciones o creer que tiene poderes especiales (por ejemplo, que tienen una fuerza sobrehumana o visión de rayos X) . Los síntomas psicóticos indican un episodio afectivo grave que requiere atención inmediata ya que es una emergencia psiquiátrica.
La fase depresiva del trastorno bipolar
La fase depresiva del trastorno bipolar es uno de los momentos más difíciles, tanto para la persona que lo vive como para su entorno. Durante estos episodios, la persona puede quedarse en la cama durante gran parte del día, sintiéndose incapaz de hacer nada.
La desmotivación y la falta de energía son tan intensas que incluso tareas tan sencillas como levantarse, ducharse o preparar comida le parecen imposibles. Eso suele generar un aislamiento progresivo que dificulta la comunicación y la interacción con familiares y amigos.
Durante esta fase del trastorno bipolar, los pensamientos también se ralentizan y se vuelve extremadamente difícil concentrarse o tomar decisiones. Las actividades a las que se había dedicado con tanto ahínco unos días antes, pierden completamente su interés. Esa anhedonia y abulia no son “flojera”, sino un síntoma central de la depresión bipolar que refleja un cambio profundo en la química cerebral y en la percepción del mundo.
Emocionalmente, la persona puede sentirse inútil o culpable. A menudo piensa que su vida carece de sentido. Esa desesperanza no solo afecta su autoestima, sino que también altera sus relaciones. Los amigos y familiares pueden sentirse impotentes o frustrados al no poder “animar” a la persona afectada. Eso puede generar conflictos familiares o malentendidos que acaban profundizando el aislamiento.
La persona puede comenzar a comer en exceso y, dado su bajo nivel de actividad, sufrir un aumento de peso considerable. También suelen aparecer ideas suicidas, por lo que la atención de emergencia es crucial para garantizar su propia seguridad. Al igual que en el episodio maníaco, también pueden aparecer síntomas psicóticos con delirios y alucinaciones, lo que intensifica el sufrimiento.
| FASE MANÍACA | FASE DEPRESIVA | |
| ESTADO DE ÁNIMO | Eufórico, expansivo, enérgico | Triste, vacío, desesperanzado |
| NIVEL DE ACTIVIDAD | Muy alta, hiperactividad | Muy baja, fatiga extrema |
| PENSAMIENTO | Acelerado, las ideas saltan y se mezclan | Lento, con dificultad para concentrarse |
| COMPORTAMIENTO | Impulsivo, arriesgado e intenso | Mínimo, retraído y aislado |
| SUEÑO | Duerme muy poco | Hipersomnia |
| AUTOESTIMA | Inflada con sensación de grandiosidad | Muy baja con sentimiento de inutilidad |
| PERCEPCIÓN DE LA REALIDAD | Pueden aparecer delirios y alucinaciones | Pueden aparecer delirios y alucinaciones en casos graves |
| RIESGOS | Abuso de sustancias y comportamientos de riesgo | Suicidio y autolesiones |
El episodio mixto
El episodio mixto es una de las manifestaciones más complejas del trastorno bipolar, porque combina síntomas de la manía y la depresión al mismo tiempo. En vez de alternar entre fases de euforia y abatimiento, la persona puede sentirse extremadamente agitada, irritada o con mucha energía mientras experimenta, a la vez, desesperanza, tristeza profunda o una sensación de inutilidad.
Esa combinación genera una sensación de caos interno: el cuerpo y la mente parecen ir en direcciones opuestas, lo que hace que controlar las emociones y tomar decisiones sea extremadamente complicado.
Durante un episodio mixto, la persona puede actuar impulsivamente, asumir riesgos innecesarios o discutir con facilidad, mientras que al mismo tiempo se siente vacía o deprimida. Esto provoca un alto nivel de sufrimiento emocional y aumenta el riesgo de que incurra en conductas autolesivas o intentos suicidas, ya que la energía de la fase maníaca potencia la desesperanza de la fase depresiva.
Además, la intensidad y la contradicción de los síntomas suelen confundir tanto a la persona afectada como a quienes la rodean, dificultando la detección y la intervención temprana. Con frecuencia, las personas son hospitalizadas por su seguridad y la de quienes los rodean y es posible que necesiten medicación.
Los ciclos rápidos del trastorno bipolar
Este término se utiliza para describir el curso general de la enfermedad durante un período de 12 meses. Una persona con trastorno bipolar de ciclo rápido tiene cuatro o más episodios maníaco, hipomaníaco, depresivo o episodios mixtos en un período de un año. Como podrás suponer, el trastorno bipolar de ciclo rápido es difícil de tratar ya que los cambios de ánimo son más intensos y frecuentes, y generalmente responde peor a la medicación convencional.
El trastorno bipolar de ciclo rápido suele ser más común en mujeres, sobre todo en quienes presentan algún problema de tiroides. Una hipótesis es que un desequilibrio hormonal podría imitar o intensificar los síntomas de manía o depresión, complicando aún más el diagnóstico y el tratamiento.
Se estima que entre un 5 y un 43% de las personas con trastorno bipolar desarrollará este patrón de ciclo rápido a lo largo de su vida. Además de representar un desafío clínico, los ciclos rápidos tienen un impacto significativo en la vida diaria: desestabilizan emocionalmente, afectan las relaciones y aumentan el riesgo de hospitalizaciones o complicaciones asociadas al trastorno. Por eso, reconocer este patrón con rapidez y someterse a tratamiento es fundamental para mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
El patrón estacional
Este término describe los trastornos del estado de ánimo que parecen estar vinculados a una estación del año específica. Por ejemplo, algunas personas tienden a deprimirse durante el final del otoño y el invierno, y luego recuperan un estado de ánimo normal durante la primavera y el verano. Este patrón sugiere que factores ambientales, como la cantidad de luz solar, pueden influir en la aparición de los episodios depresivos o maníacos.
En el trastorno bipolar, el patrón estacional se traduce en que los episodios afectivos ocurren predominantemente en una época concreta del año, mientras que el resto del tiempo la persona mantiene un estado de ánimo estable. Es decir, los episodios maníacos, hipomaníacos o depresivos no aparecen de manera aleatoria, sino que se repiten cíclicamente según la estación, lo que permite reconocer un patrón previsible.
El patrón más común es la depresión durante el otoño y el invierno, cuando los días son más cortos y hay menor exposición a la luz natural. Menos frecuente, pero también documentado, es el patrón de primavera/verano, en el que los episodios depresivos aparecen durante los meses más luminosos.
Este patrón estacional tiene implicaciones importantes: no solo ayuda a anticipar y prevenir episodios, sino que también afecta el riesgo de suicidio. Estudios muestran que las tasas de suicidio aumentan especialmente en marzo, abril y mayo, probablemente debido a los cambios de luz y al aumento repentino de energía que puede acompañar la transición de un episodio depresivo a uno más activo o maníaco.
Reconocer el patrón estacional permite a profesionales de la salud mental y a la persona afectada planificar estrategias de prevención, ajustar medicación y terapias, y reducir los riesgos asociados a los cambios de estación, haciendo que el manejo del trastorno bipolar sea más predecible y seguro.
Referencias:
Nolen, W. A. et. Al. (2020) New vision on the mental problems of Vincent van Gogh; results from a bottom-up approach using (semi-)structured diagnostic interviews. Int J Bipolar Disord; 8(1): 30.
Carvalho, A. F. et. al. (2014) Rapid cycling in bipolar disorder: a systematic review. J Clin Psychiatry; 75(6): e578-86.
Postolache, T. T. et. Al. (2010) Seasonal spring peaks of suicide in victims with and without prior history of hospitalization for mood disorders. J Affect Disord; 121(1-2): 88-93.



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