
Vivimos en una era marcada por el sobreanálisis y el drama – al menos para algunos. Antes de hacer cualquier cosa, desde enviar un correo hasta elegir la ropa o solicitar un ascenso, lo pensamos no una o dos, sino cincuenta veces. Buscamos el momento ideal, la señal inequívoca, el camino perfecto. Y en ese bucle de preocupaciones se nos va la vida.
Para detener esa espiral de pensamientos que no van a ninguna parte, Marco Aurelio, el emperador estoico, daba un consejo de claridad meridiana en sus Meditaciones: no te enrolles. Deja de planificar tanto y simplemente haz lo que tengas que hacer. Sin drama.
Cuando el pensamiento paraliza
Dar demasiadas vueltas a las cosas conduce a la parálisis por análisis. Se trata de un fenómeno en el que, pensamos tanto en todas las posibilidades, los riesgos y las consecuencias, que no logramos movernos. Nos quedamos en bucle, como cuando debes enviar un correo importante, pero lo revisas veinte veces, cambias una coma, lo vuelves a leer… y al final lo mandas tarde o ni siquiera lo envías. Mientras tanto, el problema crece o la oportunidad se nos escapa.
Y mientras le damos vueltas, vamos añadiendo capas de obstáculos de nuestra propia cosecha. Pensamos en todo lo que puede salir mal. En lo que podrían pensar de nosotros. En lo que podríamos perder… Como cuando postergas pedir un aumento porque te imaginas mil y una reacciones negativas de tu jefe o retrasas una cita médica por miedo a un diagnóstico, obviando que esa demora también tiene consecuencias.
Para contrarrestar esa tendencia a la procrastinación, Marco Aurelio recomendaba: “quédate siempre en las primeras representaciones y no añadas nada de tu cosecha, con eso nada te sucederá”. O sea, apégate a los hechos. Así tendrás una visión más objetiva y podrás encontrar una solución más adecuada, sin dejarte arrastrar por la historia melodramática que suele crear la mente.
Y eso, ¿cómo se logra?
Marco Aurelio aconsejaba: “no te arrastres en tus acciones, ni te embrolles en conversaciones ni vagabundees en representaciones […] Si ves un pepino amargo, tíralo. Zarzas en el camino, apártalas. Basta, no comentes: ‘¿Por qué surgieron esas cosas en el universo?’”.
En otras palabras, cuando algo no funciona, te incomoda o te obstaculiza, actúa con lo que está en tu mano y deja de darle vueltas a lo que no puedes cambiar. Y, sobre todo, deja de pensar que el mundo conspira en tu contra o de buscar un culpable sobre el cual descargar en bucle tu frustración.
Si el autobús se retrasa, aprovecha para escuchar ese podcast que nunca tienes tiempo de oír, en vez de rumiar durante veinte minutos sobre lo mal que funciona el transporte público. Si derramas café sobre tu camisa justo antes de una reunión, respira hondo y tómalo como una oportunidad para romper el hielo, en vez de pasarte toda la mañana enfadado por tu torpeza.
Este pensamiento de Marco Aurelio nos invita a afrontar los obstáculos, contratiempos y problemas que surgen en nuestro camino con la mayor ecuanimidad posible. Se trata de buscar una salida lo más productiva posible y de no darle demasiadas alas al pensamiento catastrófico para impedir que acabe creando una tormenta en un vaso de agua.
“La vida debe organizarse acción por acción y, si cada acción consigue lo suyo en lo posible, conformarse”, decía Marco Aurelio. Por tanto, el secreto radica en dar un paso a la vez. Ir poco a poco, resolviendo los problemas conforme se van presentando, sin intentar correr demasiado o anticiparse a los acontecimientos negativos.
En la práctica, eso se puede traducir en algunos pasos muy concretos:
- Identifica el hecho, no la historia. Antes de reaccionar, pregúntate: ¿qué está pasando exactamente? No te enfoques en lo que temes o en lo que crees que ocurrirá, sino en el dato puro. Por ejemplo: “mi jefe me ha pedido hablar mañana” no es lo mismo que decirte: “seguro me va a despedir”.
- Ponte en marcha. Haz lo que tengas que hacer. En vez de pasarte horas decidiendo cómo empezar un proyecto, empieza por la tarea más sencilla, aunque no sea lo ideal. Da igual, lo importante es empezar. Luego la inercia se encargará de mantenerte en marcha.
- Conéctate a tierra. Cuando te des cuenta de que tu mente está rumiando sin parar, cambia el foco. Céntrate en una acción que te devuelva al presente, desde regar las plantas hasta dar un paseo. Cambiar de entorno y activar el cuerpo enfría las emociones y te ayuda a recuperar el control.
- Acepta lo que no puedes cambiar y ajusta lo que sí. Pregúntate: ¿Esto depende de mí? Si la respuesta es “no”, ahorra energía y dirige tu atención a lo que sí está bajo tu control. Es difícil, pero no imposible. Y cuando lo consigues, te aporta mucha paz mental.
Por supuesto, pensar antes de actuar es importante. Sopesar diferentes estrategias y vislumbrar las consecuencias es importante. Pero igual de importante es no quedarnos atrapados en ese bucle de procrastinación. Porque una cosa es planificar y otra preocuparse inútilmente.
La filosofía estoica no exalta la impulsividad, solo aboga por el pragmatismo porque es en esa actitud racional y resolutiva donde, según ellos, podemos encontrar el equilibrio y seguir moviéndonos.
Traducción: no necesitas otra charla TED, más libros de autoayuda o un vision board perfecto de manifesting. A veces basta con ponerte manos a la obra. Aunque sea una tarea pequeña. Da un paso en la dirección correcta, aunque no tengas ganas. Simplemente porque sabes que es lo que tienes que hacer. Atrévete con la convicción de que es mejor hacerlo, que darle vueltas eternamente.
Fuente:
Marco Aurelio (1977) Meditaciones. Madrid: Editorial Gredos.



Deja una respuesta