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¿Y si dejamos de idealizar el autocuidado? Cuidarte no arregla un entorno que te destruye

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El autocuidado se ha convertido en una especie de mantra contemporáneo. Desde publicaciones en Instagram hasta talleres de mindfulness y sesiones de coaching, nos repiten por activa y por pasiva que debemos dedicar tiempo a nosotros mismos, meditar, hacer ejercicio, comer saludable y practicar la gratitud.

El mensaje es positivo, bonito y hasta “instagrammeable”… Pero, ¿qué pasa cuando, a pesar de todo ese esfuerzo, seguimos sintiéndonos agotados, ansiosos o emocionalmente drenados? Tal vez ha llegado el momento de cuestionar esa narrativa porque lo cierto es que cuidarte no siempre es suficiente para sobrevivir en un entorno que te destruye.

La trampa de convertir el autocuidado en una panacea

El autocuidado, tal y como se nos vende, a menudo viene envuelto en una capa de romanticismo naïve. Se presenta como una solución casi mágica a cualquier malestar. Pero esa presión silenciosa por cuidarse también transmite implícitamente otro mensaje: si no estás bien, la culpa es tuya por no haber tomado un baño relajante, no haber encendido la vela aromática correcta o no haberte saltado la sesión de escritura en tu diario terapéutico.

Concebir el autocuidado como la solución para todos los males, tensiones y preocupaciones también impone implícitamente la necesidad de adaptarse cambiando algo dentro. Y esa idea puede acabar generando un efecto perverso: nos sentimos fracasados por no cuidarnos correctamente y nos culpamos por no ser lo suficientemente flexibles o resilientes como para soportar todo lo que ocurre.

Pero en ciertas ocasiones, no podemos – ni debemos – soportar todo lo que ocurre.

De hecho, uno de los errores más habituales al hablar de autocuidado es asumir que la responsabilidad del bienestar recae exclusivamente en uno mismo. Por supuesto, debemos cuidarnos, pero eso no significa que esa fórmula sea válida para resolver todo.

En la práctica, esa idea incluso puede llevarnos a una “sobrecarga de autocuidado”: nos apuntamos a clases de yoga, meditamos, cocinamos recetas saludables, pero aun así seguimos sin sentirnos aliviados. Este fenómeno, que a menudo interpretamos como un fracaso personal, en realidad podría ser una señal de que el entorno requiere una intervención más profunda.

Porque no siempre el problema está en nosotros, a veces está fuera.

Y en ese caso, no importa cuánta atención le prestes a tu bienestar si tu entorno te somete a un estrés constante, abusos emocionales o dinámicas laborales tóxicas. Cuidarte es útil, pero solo hasta cierto punto. Cuando estás en un ambiente malsano, el autocuidado tradicional se vuelve un parche, una ilusión de control sobre algo que en realidad escapa de tus manos. Porque todo el autocuidado del mundo no puede sustituir la necesidad de vivir en un contexto saludable.

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Cuando cuidarte no es suficiente, el entorno como factor determinante

Imagina que trabajas en un departamento donde todo es prisa, presión y expectativas imposibles. Haces tus ejercicios de mindfulness cada mañana, comes saludable y expresas tus emociones puntualmente en tu diario, pero al llegar a la oficina sientes una opresión en el pecho y tu cabeza va a mil revoluciones por minuto.

Según la “teoría de la demanda y los recursos laborales” de los psicólogos A. Bakker y E. Demerouti, no es sorprendente ya que cuando las demandas del trabajo (entiéndase proyectos eternos, plazos imposibles, jefes exigentes o compañeros que solo critican) superan los recursos disponibles (apoyo social, autonomía y reconocimiento), generan agotamiento, independientemente de las habilidades de afrontamiento personales.

Lo mismo ocurre en las relaciones personales. Las investigaciones sobre dinámicas de pareja de Gottman y sobre familias disfuncionales de Bowlby evidencian que permanecer en un entorno que constantemente invalida tus emociones o te manipula puede generar ansiedad, depresión y un agotamiento emocional profundo.

En esos casos, el autocuidado se convierte en un ejercicio de resistencia emocional, pero no aborda la raíz del problema: el entorno mismo. Por tanto, el verdadero acto de autocuidado podría no estar en la esterilla de yoga, sino en replantearte tu entorno: buscar apoyo, negociar cambios o, si no hay otra opción, alejarte de lo que te destruye.

Estrategias psicológicas para ir más allá del autocuidado

Cambiar el entorno no siempre es fácil y mucho menos inmediato. A menudo implica tomar decisiones dolorosas, como dejar un trabajo con un buen salario pero que es altamente estresante, alejarse de amigos o familiares que solo saben criticar y manipular, o incluso ponerle fin a una relación tóxica.

Varios estudios sobre resiliencia y salud mental han demostrado que las personas que logran modificar su entorno para reducir la exposición al estrés crónico suelen experimentar mejoras significativas en su bienestar, autoestima y salud general.

Una investigación realizada en la Universidad de Columbia, por ejemplo, constató que cuando las familias salían de entornos empobrecidos, los padres reportaban menos angustia y los niños menos ansiedad o depresión. Asimismo, acotar las exigencias laborales puede reducir significativamente el estrés.

También se ha apreciado que, en el entorno laboral, desviar la atención de la experiencia de estrés puede reducir los síntomas a corto plazo, pero no a largo plazo. O sea, para que se produzca una reducción del estrés realmente significativa, es necesario equilibrar las exigencias laborales y brindar apoyo social. No basta con cuidarse o cambiar el chip interno.

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Teniendo esto en cuenta, si últimamente el estrés, el agotamiento emocional o la irritación se han convertido en tus estados por defecto, es importante que te cuides y te prestes atención, pero también deberías:

  1. Evaluar tu entorno objetivamente. Haz un “inventario” de los espacios que ocupas a diario y pregúntate: ¿este lugar me nutre o me agota? ¿Las relaciones que mantengo me apoyan o me drenan? La autoconciencia es el primer paso para decidir si es necesario implementar un cambio más profundo.
  2. Establecer límites claros. Quizá no tengas que abandonar del todo el entorno, pero sí aprender a proteger tu energía emocional. Eso podría traducirse en decir “no” más a menudo, limitar la exposición a personas conflictivas o definir horarios estrictos para el trabajo. Los límites no solo preservan tu bienestar, también podrían ser útiles para ir preparando cambios más significativos.
  3. Planifica la transición. Cambiar de entorno requiere una dosis mínima de planificación. Por ejemplo, si el trabajo es tóxico, puedes preparar un plan de búsqueda de empleo o formación adicional. Si una relación familiar es perjudicial, limita los encuentros y busca apoyo en otras personas. Se trata de pensar en los pequeños pasos que debes ir dando para que el cambio no te desborde.

La valentía de priorizar tu bienestar

Muchas personas se sienten culpables por el mero hecho de considerar la posibilidad de alejarse de familiares o parejas, o por renunciar a un trabajo estable, pero permanecer en contextos nocivos prolonga el estrés y aumenta el riesgo de desarrollar problemas físicos y mentales.

Dejar un entorno que nos destruye es supervivencia emocional y un acto de responsabilidad para contigo mismo. Cuidarte es importante. Cambiar la actitud y la mentalidad también es importante – y eso debe quedar claro. Pero no puedes hacerlo en un contexto que mina constantemente cada paso que das.

Referencias:

Tamminga, S. J. et. Al. (2023) Individual-level interventions for reducing occupational stress in healthcare workers. Cochrane Database Syst Rev; 5(5): CD002892. 

Bakker, A. B., & Demerouti, E. (2008) Towards a model of work engagement. The Career Development International; 13(3): 209–223.

Leventhal, T. & Brooks-Gunn, J. (2003) Moving to opportunity: an experimental study of neighborhood effects on mental health. Am J Public Health; 93(9): 1576-1582.

Luthar, S. S.; Cicchetti, D. & Becker, B. (2000) The construct of resilience: A critical evaluation and guidelines for future work. Child Development; 71(3): 543–562.

Gottman, J. & Silver, N. (1999) The seven principles for making marriage work. Three Rivers Press.

Bowlby, J. (1988) A secure base: Parent-child attachment and healthy human development. Basic Books.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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