
Por suerte, hace algunos años han proliferado otros conceptos de inteligencia como la tan llevada y traida Inteligencia Emocional o las Inteligencias Múltiples. Éstas han venido a salvar la reputación de aquellos que, históricamente, han sido considerados como menos inteligentes. Pero… más allá de la probable existencia de varios tipos de inteligencia lo cierto es que la mayoría de las personas continuan valorando a los otros y a sí mismos según los cánones antiguos del intelecto.
Sin embargo, ¿qué es la inteligencia? ¿Qué implica ser una persona inteligente? Paradojicamente las respuestas pueden ser bastante dispares porque históricamente el concepto de inteligencia se ha relacionado con el ámbito escolar, con los conocimientos; sin embargo, ser inteligente se asocia al éxito, a la posibilidad de triunfar e insertarse facilmente en la sociedad.
Sin embargo, todo es relativo. Ya lo sabemos. Quizás la inteligencia también es algo relativo y contextualizado. La historia está repleta de ejemplos de personas geniales que eran excepcionales en algunos campos de la ciencia y simplemente un desastre en otros tantos. ¿Es más inteligente quien hace un descubrimiento científico o el fontanero que halla una solución diversa para el problema con las tuberías? Yo diría que tienen reconocimientos sociales diversos, quizás diversos grados de creatividad pero… inteligencia…
En fin, que no existe la inteligencia en el vacío, como una abstracción; existe la inteligencia para algo por lo cual todos somos inteligentes, solo que en cosas diferentes. En cada ser humano hay capacidades que lo hacen útil y necesario para otros seres humanos. Así, diría que la inteligencia es saber para qué somos inteligentes o en palabras de Sor Juana Inés de la Cruz: «el saber consiste sólo en elegir lo más sano».
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