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La ira es una “locura temporal”: Los secretos de los estoicos para frenarla

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Actualizado: 17/02/2024 por Jennifer Delgado | Publicado: 27/02/2018

la ira es una locura temporal

La gente se enfada por todo tipo de razones, desde las más triviales, como que alguien nos arrebate la plaza de aparcamiento hasta otros mucho más serios, como puede ser la terrible injusticia que inunda el mundo.

Sin embargo, lo cierto es que en nuestro día a día la ira suele surgir por motivos triviales, razón por la cual la Asociación Americana de Psicología (APA) tiene una sección completamente dedicada a la gestión de la ira. Curiosamente, sus propuestas se parecen mucho a uno de los tratados más antiguos sobre la ira escrito por el filósofo estoico Lucio Anneo Séneca.

Séneca pensaba que la ira era una locura temporal, y que incluso en los casos en los cuales está justificada, como cuando somos testigos de una injusticia o la sufrimos en carne propia, nunca deberíamos actuar movidos por el enfado ya que, según sus palabras: “otras emociones afectan nuestro juicio, pero la ira afecta nuestra cordura, otras emociones llegan como ataques suaves que pasan desapercibidos pero la mente del hombre es propensa a caer abruptamente en la ira”.

Este filósofo se refería al hecho de que, al contrario del resto de las emociones, a menudo la intensidad con la que respondemos ante la ira no está relacionada con la causa que la originó. Por ejemplo, si ganamos 200 euros en la lotería estaremos contentos pero si ganamos 500.000 euros estaremos eufóricos. Lo mismo vale para las pérdidas, la magnitud de nuestra tristeza o devastación dependerá del grado de la pérdida y su significado. Con la ira no ocurre así. Solemos reaccionar de forma desproporcionada, independientemente de su causa.

Las redes sociales son un medio perfecto para comprobar lo que dijo Séneca hace siglos. Muchas personas reaccionan con una ira desmesurada ante cualquier opinión que se salga de sus patrones de pensamiento. El problema es que la ira, además de causar un daño totalmente innecesario a los demás, también afecta a quien la sufre. Al respecto, Séneca había dicho: «La ira es como un ácido, puede hacer más daño al recipiente donde se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierte«.

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La idea de Epícteto: Ser como una roca

La buena noticia es que podemos aprender a gestionar esa “locura transitoria”. Podemos implementar el consejo de otro filósofo estoico, Epicteto, que instruía a sus alumnos diciéndoles: “Recuerden que somos nosotros quienes nos atormentamos, quienes nos planteamos las dificultades; es decir, son nuestras opiniones. Por ejemplo, ¿qué significa ser insultado? Párate junto a una roca e insúltala, ¿qué has logrado? Si alguien responde a los insultos como una roca, ¿qué ha ganado el abusador con sus palabras?”

Tenía razón. Es obvio que no somos rocas y que desarrollar esa actitud impasible hacia los insultos requiere tiempo y mucha práctica, pero una vez que logramos aplicarla, las cosas cambian. Lo más curioso es que cuando alguien nos insulta pero nos negamos a seguir su juego, esa persona sigue acumulando ira mientras nosotros conservamos nuestra serenidad y paz interior. En práctica, es como rechazar un «regalo indeseado» que solo puede hacernos daño.

Por supuesto, siempre habrá quienes digan que la ira es una respuesta correcta ante ciertas situaciones de injusticia, y que, con moderación, puede ser una fuerza motivadora para la acción. Sin embargo, ese discurso suele nacer del deseo de venganza, otra emoción que no nos lleva a buen puerto, o de la frustración y la sensación de ser incapaces de tomar el control de otra manera que no sea mediante el ejercicio del poder y la violencia.

Respecto al discurso sobre la ira moderada, Séneca decía que es como hablar de cerdos voladores: simplemente no existe tal cosa. La ira nunca puede ser moderada. En lo que respecta a la motivación, los estoicos preferían que nos sintiéramos impulsados ​​a la acción por emociones positivas, como el deseo de hacer justicia, ayudar a alguien o lograr que el mundo sea un sitio mejor. Desde esta perspectiva, la ira simplemente no es necesaria, y de hecho, en muchas ocasiones se interpone en el camino llevándonos a tomar malas decisiones.

Eso no significa que debemos sentirnos mal cuando aparezca ya que se trata de una emoción y, como tal, la debemos validar, pero no es necesario aferrarnos a ella y dejar que crezca.

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5 trucos de los filósofos estoicos para gestionar la ira

  1. Haz meditación preventiva, lo cual significa que debes reflexionar sobre las situaciones que normalmente desencadenan tu ira. Luego, decide cómo vas a reaccionar cuando vuelvan a ocurrir. A menudo recurrir a la visualización es de gran ayuda ya que te permitirá controlar la ira en un contexto inocuo y más tarde, cuando ocurra, no perderás los estribos sino que sabrás exactamente cómo comportarte.
  2. Aprende a detectar los primeros signos de la ira, para que puedas detenerlos a tiempo. Si esperas demasiado, el enfado simplemente explotará y ya no podrás contenerlo. Te ayudará mucho pensar en la ira como si fueran simplemente nubes en tu mente, ahora están ahí pero si no te aferras a ellas, podrán seguir su curso movidas por el viento.
  3. Cultiva la paz interior. Si estás en paz contigo mismo, si te sientes sereno y tranquilo, será difícil prender la mecha de la ira en ti. En muchas ocasiones, la ira es la expresión de una irritabilidad y un enojo interior, por lo que es conveniente que cultives en tu día a día un estado de relajación y tranquilidad de ánimo. Recuerda que una mente relajada, no se suele enojar.
  4. Practica el distanciamiento cognitivo, o lo que Séneca llamaba “retrasar” la respuesta. Se trata de tomar un respiro cuando las cosas amenacen con salirse de control, de manera que puedas asumir una distancia psicológica de la situación que te permita responder con sabiduría, en vez de limitarte a reaccionar.
  5. Cambia tu cuerpo para influir en tu estado de ánimo. Las emociones influyen en las posturas que adoptas pero también puedes moderar las emociones cambiando tu postura. Por ejemplo, ante los primeros signos de ira, es conveniente que bajes la voz, intentes respirar hondo y camines más despacio. Esas pequeñas señales le dirán a tu cerebro que todo está bien y no hay necesidad de responder con ira.
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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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