
¿Eres de las personas que van limpiando mientras cocinan o sueles dejar que los trastos se acumulen para lavarlos al final? Tu elección no refleja únicamente tus hábitos en la cocina, sino también algunos rasgos relacionados con la manera en que prefieres organizar tu entorno, la forma de distribuir el tiempo e incluso de gestionar las emociones. Y es que la personalidad se manifiesta incluso en tareas tan sencillas como fregar las ollas o pasar el trapo por la encimera entre la preparación de una receta y otra.
Pequeñas tareas, grandes insights psicológicos
Los hábitos cotidianos dicen más de nosotros de lo que parece porque revelan quiénes somos y cómo funcionamos cuando nadie nos mira ni juzga. Cocinar es una de esas actividades donde cada quien actúa sin filtros. Precisamente por eso, ciertos hábitos que parecen irrelevantes muestran rasgos psicológicos bastante consistentes que podrían extrapolarse a otras áreas de la vida, como reveló un estudio realizado en la Universidad de Iowa.
1. Capacidad para gestionar el ambiente
Nuestro cerebro suele reaccionar al desorden visual como si fuera una tarea pendiente. Una pila de platos sucios en el fregadero o una encimera sucia son un recordatorio constante de que falta algo por hacer, lo que suele generar tensión psicológica.
Ir limpiando mientras cocinas reduces ese “ruido mental” antes de que escale. Para muchas personas, ese hábito hace que la experiencia de cocinar e incluso comer sea más relajante. Y eso denota una capacidad para gestionar el ambiente, de manera que no se convierta en una ulterior fuente de estrés.
2. Mayor autocontrol y menos procrastinación
Dejar algo para después es tentador. Requiere menos esfuerzo ahora mismo, pero probablemente te costará el doble o el triple más tarde (basta recordar esas manchas de salsa secas pegadas en el fondo de las ollas). Quienes van limpiando mientras cocinan optan por la acción más “difícil” en el presente para evitar un problema mayor en el futuro.
Eso significa que tienen una mayor capacidad para retrasar la gratificación instantánea y un mayor autocontrol. Y diversas investigaciones psicológicas han relacionado esas características con mejores decisiones en materia de salud, finanzas e incluso en las relaciones personales.
3. Capacidad de planificación y gestión del tiempo
Hacer una tortilla no requiere grandes habilidades, pero preparar unos tortellini de cero es harina de otro costal (y nunca mejor dicho). Si vas limpiando mientras preparas incluso esas recetas más complicadas, denota que tienes una buena capacidad de planificación. O sea, eres capaz de estimar cuánto tardarás en fregar los cacharros sin que el ajo se te queme.
Generalmente es una señal de que puedes gestionar múltiples demandas en tiempo real. Y eso no solo te facilitará la vida en la cocina, sino que probablemente también se extenderá a la manera en que abordas proyectos más complejos, cumples con tu agenda y te adaptas cuando surgen imprevistos.
4. Conciencia y disciplina
Este hábito en la cocina suele asociarse con un rasgo de personalidad llamado conciencia, que describe a las personas organizadas, responsables y altamente orientadas a la consecución de sus metas. Generalmente son personas que odian que las tareas se les acumulen, por lo que van cerrando pequeños “frentes” con disciplina antes de que se conviertan en problemas mayores.
No se trata de una obsesión con el orden, sino de que les incomoda tener tareas pendientes. Son conscientes de todas esas pequeñas cosas por hacer y van planificando con antelación para que no se conviertan en una montaña de tareas pendientes. Generalmente eso se traslada a otras áreas de la vida en forma de hábitos regulares.
5. Regulación emocional
A veces, cocinar puede ser estresante, sobre todo cuando tienes invitados. Tienes que controlar los tiempos, asegurarte de que la temperatura sea correcta, supervisar los puntos de cocción y, por supuesto, asegurarte de no echar azúcar en lugar de la sal.
Curiosamente, un estudio realizado en la Universidad Estatal de Florida reveló que lavar los platos es una “técnica antiestrés” bastante eficaz, hasta el punto que la calificaron como una forma de «mindfulness cotidiano». Por tanto, quienes limpian mientras cocinan tienen más probabilidades de mantener la calma, gestionar mejor sus emociones bajo presión y priorizar con flexibilidad cuando hay varias demandas simultáneas. Y en la vida real, eso puede marcar la diferencia entre colapsar y responder con eficacia.
¿Significa que todo el mundo debería hacerlo? No necesariamente
Limpiar mientras cocinamos no nos hace mejores personas y quienes lo dejan todo para el final tampoco están haciendo algo mal, psicológicamente hablando. De hecho, la capacidad para mantenerse a flote en medio del caos también es importante porque la vida es, en gran medida, caótica. Además, la ciencia ha comprobado que el desorden estimula la creatividad.
Por tanto, no hay una manera «correcta» de hacer las cosas, es cuestión de preferencias.
Sin embargo, es interesante que nuestra conducta y decisiones en la cocina sean una lente a través de la cual podemos observar cómo funcionamos internamente. Nos ofrece pistas para que podamos elegir las rutinas que mejor funcionan para nosotros y nos hagan sentir más equilibrados y en control de la situación para disfrutar lo que estamos haciendo ya que, en última instancia, de eso se trata.
Referencias:
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Hanley, A. W. et. Al. (2015) Washing Dishes to Wash the Dishes: Brief Instruction in an Informal Mindfulness Practice. Mindfulness; 6(5): 1095-1103.
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de Ridder D. T. et. Al. (2012) Taking stock of self-control: a meta-analysis of how trait self-control relates to a wide range of behaviors. Pers Soc Psychol Rev; 16(1): 76-99.
Wu, K. D. & Clark, L. A. (2003) Relations between personality traits and self-reports of daily behavior. Journal of Research in Personality; 37(4): 231-256.



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