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Manifesting, ¿funciona? Sí, pero no como crees

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Manifesting

No hace mucho, la gente hacía yoga o pilates para alinear mente y cuerpo, ahora repiten afirmaciones frente al espejo para atraer lo que desean a su vida. Desde Gwyneth Paltrow hasta Oprah Winfrey, sin olvidar a Kim Kardashian, Lindsay Lohan, Toni Breidinger, Ariana Grande, Conor McGregor y un largo etcétera, muchos famosos se han hecho eco del manifesting y le han atribuido parte de su éxito.

Pero, ¿de verdad visualizar lo que deseas hará que el universo te lo traiga? Como suele pasar con los asuntos psicológicos, la respuesta es: depende. Y es que a muchas de esas estrellas también se les olvida decir mientras ellos visualizan ese camino lleno de rosas, sus agentes se encargan de las espinas, asumiendo una parte del trabajo duro.

¿Qué es el manifesting?

El “manifesting” (manifestación o materialización, en español) se refiere a la idea de que puedes atraer lo que deseas a tu vida simplemente a través de tus pensamientos, emociones y creencias. Algo así como si tus neuronas se pusieran de acuerdo con el cosmos y dijeran: “¡vamos a por ese trabajo nuevo!”.

Sus raíces se remontan a la «Ley de la Atracción», popularizada por el libro «El Secreto» de Rhonda Byrne en 2006 que, dicho sea de paso, vendió 30 millones de copias en el mundo. La escritora australiana sostenía que pensar en cosas buenas atraerá cosas buenas, y pensar en negativo… bueno, ya sabes, atraerá cosas negativas.

Pero en la versión 2.0 de TikTok e Instagram, manifestar se ha vuelto más chic: hay tableros de visión (vision boards), afirmaciones diarias como “mereces abundancia”, rutinas de scripting (escribir lo que deseas como si ya lo tuvieras) y, por supuesto, mucha estética boho con velas.

Sin embargo, la esencia sigue siendo la misma: mientras que los pensamientos negativos crean creencias limitantes y, a su vez, impiden que nos sucedan cosas buenas; los pensamientos positivos enfocados en objetivos y resultados específicos, pueden hacer que esas cosas sucedan porque nos convertirnos en co-creadores del universo. Básicamente es una especie de: “si puedes creerlo con suficiente fuerza, puedes crearlo”.

¿Por qué el manifesting se ha puesto de moda justo ahora?

La popularidad del manifesting no es casual. Responde a una mezcla de factores culturales, sociales y emocionales que revelan el estado anímico de toda una generación.

Una generación que ya no cree en la fórmula: trabajo duro = éxito

Durante décadas, nos contaron que si nos esforzábamos lo suficiente, las cosas saldrían bien. Que si estudiábamos y trabajábamos, tarde o temprano conseguiríamos una vida estable o alcanzaríamos nuestros sueños. Spoiler: no fue así.

Los millennials y la generación Z han crecido en un mundo marcado por crisis sucesivas, sueldos bajos, precariedad, alquileres imposibles y un acceso a la vivienda que parece una utopía. Muchos sienten que, por más que se esfuercen, no avanzan. Y cuando no puedes controlar tu realidad… te refugias en tu mente.

Cuando las vías tradicionales no les ofrecen la estabilidad que necesitan, visualizar lo que desean es un intento de retomar el control. Les devuelve simbólicamente las riendas de su vida. En ese sentido, el manifesting cumple una función reguladora del malestar.

De hecho, la manifestación se convierte en una especie de resistencia íntima contra un mundo hostil. De cierta forma, es una vía de escape emocional ya que si la realidad es demasiado inhóspita y no podemos cambiarla desde fuera, al menos podemos soñarla desde dentro. No es solo una moda, el manifesting es una estrategia de supervivencia simbólica en toda regla.

Es simple y esperanzador (y eso lo vuelve adictivo)

En un mundo cada vez más complejo, con facturas que suben, horarios imposibles y decisiones vitales que abruman, el manifesting se presenta como una solución sorprendentemente sencilla: solo tienes que pensar en lo que deseas y sentir que ya es tuyo. ¡Así de fácil! Nada de largos procesos, trámites tediosos o sacrificios incómodos. Basta con cerrar los ojos, visualizar, repetir tus afirmaciones diarias y confiar en que el universo se encargará del resto.

Solo necesitas tu mente… y, si eres fiel a la estética, una libreta bonita, rotuladores pastel y velitas aromáticas para “elevar tu vibración”. Todo eso forma parte del encanto del manifesting. Tiene algo de ritual cotidiano, casi meditativo, que confiere estructura emocional a personas que sienten que todo lo demás escapa de su control.

Pero más allá del envoltorio estético, lo que verdaderamente engancha del manifesting es que ofrece una dosis concentrada de esperanza sin dolor. En un contexto de fatiga emocional y sobreinformación, donde cada decisión parece cargar con un peso existencial, esta práctica ofrece un descanso mental. No tienes que entender cómo funcionan los mercados, ni cómo se cambian las estructuras sociales: solo necesitas creer.

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El manifesting nos asegura que en un mundo sea caótico e injusto, todo llegará en su momento o que el universo tiene un plan para ti. Esa idea, aunque no se pueda comprobar empíricamente, alivia. Calma. Permite seguir adelante desembarazándose de la desesperanza.

En este sentido, podríamos decir que el manifesting no es tanto una técnica para lograr grandes metas, sino más bien un mecanismo emocional para no derrumbarse ante la incertidumbre. Y eso ya es un logro en sí mismo (todo hay que reconocerlo).

Las redes sociales como amplificadoras del deseo

En el mundo digital, no solo vemos lo que tienen los demás, sino cómo lo muestran. Instagram y TikTok están repletos de vídeos de gente que “manifestó la casa de sus sueños” o “atrajo su trabajo ideal”. Esa estética de la abundancia constante alimenta la fantasía de que todo es posible… basta con que lo deseemos lo suficiente.

Además, el algoritmo premia lo emocional, lo visual y lo aspiracional. No vas a ver a alguien diciendo “manifesté cinco años de esfuerzo y frustración antes de lograr algo”. Vas a ver el antes y el después en cinco minutos, con música de fondo y frases como “el universo me escuchó”. Y eso engancha. Porque todos, en el fondo, queremos creer que algo bueno puede pasarnos… aunque no sepamos muy bien cómo.

La gran pregunta: ¿manifestar funciona?

A pesar de los mil y un psicólogos que responden con un “NO” en mayúsculas, lo cierto es que el manifesting puede funcionar, pero no por arte de magia, sino por la propia psicología humana. Aunque no siempre, en algunos casos también que puede aumentar la frustración, la culpa o la pasividad.

Cuando SÍ puede funcionar

  • Profecía autocumplida

Creer que puedes lograr algo puede generar una mejora real en tu comportamiento, es lo que se conoce como profecía autocumplida. Si piensas que vas a conseguir ese empleo, quizá te prepares mejor, vayas más seguro a la entrevista y transmitas más convicción. No es que el universo te lo ponga en bandeja de plata, el verdadero artífice eres tú.

El estudio clásico de Rosenthal y Jacobson sobre las expectativas en el aula lo demuestra: los estudiantes que son tratados como más “prometedores” mejoran su rendimiento, en parte porque los profesores (inconscientemente) modifican su comportamiento hacia ellos, les prestan más atención y son más amables ante los errores.

  • Activación de metas y motivación

Visualizar un objetivo puede activar redes cerebrales relacionadas con la planificación y la motivación. Una investigación realizada en la Universidad de California comprobó que la visualización positiva puede ser eficaz, pero solo si se focaliza en el proceso y no en los resultados.

Básicamente, los estudiantes que visualizaban el resultado final de sus exámenes no obtenían mejores resultados. En cambio, quienes visualizaban el proceso de estudio paso a paso alcanzaban mejores calificaciones.

La clave consiste en que visualizar el proceso nos permite centrar la atención en los pasos que debemos dar para alcanzar nuestra meta. Eso no solo activa la motivación y nos hace más proactivos, sino que también nos brinda una mayor sensación de seguridad y reduce la ansiedad.

  • Priming cognitivo

Otro aspecto positivo del manifesting es que puede ayudarnos a separar el grano de la paja, algo que se agradece en un mundo lleno de ruido como el actual. O sea, nos anima a clarificar nuestras metas, lo cual potencia el foco.

Cuando te concentras en un deseo, tu mente empieza a detectar más oportunidades relacionadas con ello. No es magia, es atención selectiva. De hecho, ¿nunca te ha pasado que piensas en comprar una bicicleta y de repente ves bicicletas por todas partes? Lo mismo ocurre con el manifesting: pensar en tu objetivo activa una especie de radar interno.

Como resultado, es probable que estés mejor preparado para cazar las oportunidades al vuelo, en vez de dejarlas escapar porque estabas demasiado ocupado pensando en otra cosa o con la cabeza hecha un lío. De cierta forma, la manifestación aporta claridad vital.

Cuando NO funciona (y puede frustrarte)

  • Pensamiento mágico sin acción

Visualizar que te llaman para el trabajo de tus sueños mientras te pasas todo el día en pijama viendo series no suele dar resultado. Pensar positivo no sustituye al esfuerzo ni borra los obstáculos reales. NO basta con desear algo intensamente para que ocurra. El universo no es una especie de repartidor cósmico de Amazon.

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Un estudio realizado en la Universidad de Nueva York comprobó que las personas que pasan más tiempo recreando fantasías positivas, funcionan peor que quienes adoptan un enfoque más realista. A esos participantes se les dio seguimiento durante dos años, al final del cual se apreció que quienes visualizaban más situaciones positivas obtenían peores resultados porque eran menos proactivos.

Quizás el hecho de vivir la fantasía ya sea gratificante de por sí y motive menos a las personas a luchar por su meta. El cerebro podría relajarse y, al imaginar que ya hemos conseguido lo que deseamos, el cuerpo actúa como si ya no tuviésemos que esforzarnos. Eso significa que fantasear demasiado puede dejarnos varados.

  • Evitar la incomodidad del cambio

Cambiar duele. Dejar atrás ciertos patrones, enfrentarte a tus miedos, asumir responsabilidades o revisar tus heridas emocionales no es agradable. A menudo, el crecimiento implica hacer cosas que no apetece: pedir perdón, ir a terapia, cerrar un ciclo, tolerar la incertidumbre o dejar de autoengañarse. Por eso, muchas veces preferimos sentir que estamos haciendo algo… sin hacer nada que de verdad incomode.

En esos casos, el manifesting puede convertirse en una coartada emocional muy seductora. En lugar de enfrentar tu problema de autoestima, simplemente te repites frente al espejo: “me amo profundamente tal como soy”. Sin embargo, una frase repetida mil veces no se convierte en verdad sin una intervención profunda y consciente sobre las causas reales del malestar.

En este sentido, el manifesting puede funcionar como una forma sofisticada de procrastinación. Como cuando te compras unas zapatillas deportivas para motivarte a correr, pero no sales de casa. La intención está, el gesto también… pero falta la acción transformadora. Puede que el manifesting sea más cómodo, pero también es infinitamente menos eficaz que otras estrategias para alcanzar las metas.

  • Ignora factores estructurales

La realidad es que no todos partimos del mismo punto. No es lo mismo manifestar «abundancia» desde una posición de estabilidad económica, con acceso a recursos, red de apoyo, tiempo libre e incluso un agente que se esfuerza por buscarte los mejores contratos, que hacerlo desde la precariedad, la discriminación, la soledad o la violencia estructural.

Reducir la realidad a un asunto de “vibraciones” o “frecuencias” es, en muchos casos, una forma elegante de culpabilizar al individuo por su sufrimiento mientras se ignoran las condiciones materiales, sociales y culturales que lo rodean.

El bienestar y el éxito no dependen únicamente de la actitud personal. Factores como el nivel educativo, el lugar de nacimiento, el género, el estatus migratorio o el color de piel influyen directamente en las oportunidades reales que tiene una persona para prosperar. Pretender que todos pueden lograr lo mismo solo con desearlo es, como mínimo, ingenuo; y como máximo, cruel.

Esto no significa que las personas en contextos difíciles no puedan aspirar a perseguir sus sueños. Pero probablemente les costará mucho más alcanzarlos. Manifestar sin conciencia social es como pedirle a una planta que florezca sin tierra, sol ni agua.

De hecho, uno de los peligros del manifesting es que, si no logras lo que deseas, puedes llegar a pensar que es tu culpa por no visualizarlo bien, no sintonizar en la «frecuencia correcta» o no creer lo suficiente en ti. Esa narrativa, en vez de empoderar, castiga silenciosamente.

Entonces… ¿qué hacemos con el manifesting?

El manifesting puede ser una herramienta interesante si se usa con los pies en la tierra. No tiene nada de malo alimentar pensamientos optimistas, usar afirmaciones validantes o visualizar tus metas. El problema llega cuando crees que eso basta.

La manifestación no es magia, pero tampoco es un fraude absoluto. Es una práctica que puede ayudarte… si la usas con sentido común. No vas a atraer lo que deseas solo con pensarlo, pero puedes ir creando las condiciones internas (motivación, claridad, acción) para que eso ocurra.

Así que sí, puedes seguir haciendo tu vision board. Pero no olvides moverte, ensuciarte las manos, hacer llamadas, mandar currículums, formarte o poner límites si es lo que quieres.

Después de todo, el universo puede darnos una mano… pero también debes poner de tu parte.

Referencias Bibliográficas:

Oettingen, G. & Mayer, Doris. (2002) The motivating function of thinking about the future: Expectations versus fantasies. Journal of Personality and Social Psychology; 83(5): 1198-1212.

Pham, L. B. & Taylor, S. E. (1999) From Thought to Action: Effects of Process-Versus Outcome-Based Mental Simulations on Performance. Pers Soc Psychol Bull; 25(2): 250-260.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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