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Mareos por ansiedad: ¿Cómo reconocerlos y tratarlos?

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Actualizado: 17/11/2023 por Jennifer Delgado | Publicado: 15/09/2017

Mareos por ansiedad

Hay personas que pueden experimentar mareos por ansiedad, una reacción fisiológica a un estado psicológico que se puede catalogar como un síntoma psicosomático, a la par de las taquicardias por ansiedad. Sin embargo, el hecho de que los mareos sean por ansiedad no significa que sean menos intensos o discapacitantes para la persona.

Lo más usual es que estas personas se sientan muy mareadas, experimenten una sensación de debilidad generalizada y pierdan la estabilidad. En los casos más extremos incluso pueden llegar a desmayarse.

Lo usual es que estas personas lleguen al psicólogo después de haber pasado por múltiples especialistas, quienes han descartado que los mareos sean un problema del oído interno, las cervicales, debido a una migraña vestibular o por otras lesiones del sistema nervioso. Ese vagabundeo de una consulta a otra llega a ser extenuante, pero cuando no se encuentra una causa orgánica que explique los mareos, se sospecha que tengan un origen psicológico, específicamente en la ansiedad.

¿Cómo saber si los mareos son por ansiedad?

Es importante comprender que cuando se producen mareos por ansiedad, no se trata de la clásica sensación de vértigo y no debe existir una explicación biológica. Esos mareos son una sensación que la persona experimenta cuando se expone, o imagina que tendrá que exponerse, a ciertas situaciones que le generan miedo, tensión o angustia. 

En práctica, lo que ocurre es que esas emociones son vividas con mucha intensidad, por lo que se producen reacciones neurovegetativas como el mareo. De hecho, el miedo es una emoción muy potente que desencadena respuestas fisiológicas intensas y rápidas para prepararnos a huir del peligro. El temor genera una gran tensión muscular, sudoración profusa, respiración agitada y hace que la sangre circule a mayor velocidad, para que podamos escapar del peligro o enfrentarlo con éxito. 

Otra consecuencia del miedo es que aguza nuestros sentidos, para que podamos captar las pequeñas señales de peligro del medio. No obstante, en algunas ocasiones esa capacidad de concentración puede hacer que percibamos la realidad de manera un poco distorsionada. Por ejemplo, los colores y las luces pueden percibirse de manera mucho más nítida, mientras que escuchamos peor lo que sucede a nuestro alrededor. Ese estado puede agravar aún más la sensación de mareo.

Existen algunas señales que indican que los mareos pueden estar causados por la ansiedad:

  • No se encuentra una causa fisiológica que explique los mareos al realizar las diferentes pruebas médicas.
  • Los mareos son persistentes, pero suelen presentarse en situaciones concretas o que tienen algún punto en común. No obstante, en algunos casos esos mareos pueden manifestarse durante varios días o incluso semanas de manera casi ininterrumpida. En esos casos, la persona suele referir una sensación de inestabilidad, más que mareo propiamente dicho.
  • Los mareos se agravan al exponerse a un exceso de estímulos, como los supermercados llenos de gente, o cuando es necesario realizar tareas que demanden un uso intensivo de la vista, como leer o usar el ordenador.
  • Se padece una hipersensibilidad al movimiento, ya sea al movimiento propio o de los objetos del entorno. Estas personas son más sensibles a marearse cuando realizan movimientos bruscos o al percibir los movimientos del medio.
  • Se percibe una sensación de aturdimiento. Una de las señales más usuales de los mareos por ansiedad es la sensación de aturdimiento. Quienes padecen este tipo de mareos suelen referirse a una sensación de atolondramiento mental que difiere de los mareos “normales”, en los que suelen predominar las sensaciones de malestar y vértigo.
  • Se sufren mareos internos. En los mareos por ansiedad, la sensación de movimiento suele ser interna, la persona siente que la cabeza le da vueltas, no el entorno.

¿Por qué la ansiedad causa mareos?

Las personas que experimentan una ansiedad intensa, suelen tener problemas de equilibrio y es común que se sientan mareadas sin razón aparente. Neurocientíficos de la Universidad de Pittsburgh explican que el problema es que la ansiedad y el equilibrio comparten algunos circuitos neuronales. 

PARA TI:  Cómo vivir con ansiedad: lo que nadie te explica

De hecho, existen vías neurales que unen los núcleos vestibulares con el sistema límbico, incluyendo las zonas el hipotálamo, las cuales suelen presentar una reducción de su volumen en los casos en que se produce una pérdida vestibular bilateral crónica. 

El sitio de convergencia de este circuito es el núcleo parabraquial, donde llega tanto la información del sistema vestibular como la relacionada con la ansiedad. Por eso, cuando estamos ansiosos, podemos experimentar mareos y pérdida del equilibrio. 

También se conoce que el estrés y la ansiedad pueden influir en la función vestibular central, ya sea directamente a través de la acción de los glucocorticoides (cortisol y corticosterona) en los canales iónicos y la neurotransmisión que ocurre en el cerebro, o indirectamente mediante los efectos de las sustancias neuroactivas relacionadas con el estrés, como la histamina.

¿Qué factores pueden influir en su aparición y mantenimiento?

Nuestro cuerpo es un mecanismo perfectamente engranado con nuestra mente, aunque a veces no nos demos cuenta. Sin embargo, podemos experimentar mariposillas en el estómago cuando estamos delante de alguien que nos atrae o sentimos un nudo en la garganta cuando nos dan una mala noticia. Estas formas de expresarnos indican que existe una fuerte conexión entre las emociones y los estados físicos. Por eso, hay determinados factores que influyen en la aparición de los mareos o que pueden alimentarlos. 

– Respiración entrecortada. Como respiramos de manera automática, no siempre somos conscientes de lo mal que podemos hacerlo. De hecho, si respiras de manera superficial y entrecortada, los mareos podrían estar provocados porque coges más aire del que sueltas. De esta forma terminas hiperventilándote, lo cual significa que está entrando más oxígeno del que necesitamos y disminuye el nivel de dióxido de carbono. Al romperse el equilibrio entre ambos gases, el organismo intenta equilibrar el pH de la sangre que se vuelve alcalina, lo que puede causar esa sensación de mareo, debilidad en las piernas, dificultad en la visión y hormigueo en las extremidades.

– Pánico y angustia. Si no controlamos estas sensaciones, lo usual es que el corazón lata a mayor velocidad y que la tensión arterial aumente. En esos momentos puedes comenzar a notar dolor de cabeza y debilidad. Sin embargo, acto seguido, cuando baja la tensión arterial, lo más usual es que experimentes mareos y una sensación de confusión o niebla mental.

– Tensión muscular. Cuando experimentamos miedo, lo usual es que engarrotemos los músculos, preparándolos para la huída o la defensa. Cuando esa tensión muscular se mantiene un día tras otro, puede llegar a generar un gran malestar de carácter difuso que aumenta aún más la tensión que ya padeces.

– Estrés. Estar en un continuo estado de sobrecarga mental, llevándote hasta el límite, es una de las causas de los trastornos de ansiedad. El problema es que el estrés genera un estado de alerta constante, como si tuvieras que enfrentarte a un peligro inminente, lo cual genera un gran desgaste a nivel de sistema nervioso. Como resultado, puedes empezar a sentirte débil, mareado, confundido o incluso experimentar una sensación de desrrealización, una extraña sensación de desconexión con el mundo.

¿Son peligrosos estos síntomas?

Como norma general, los síntomas asociados a la ansiedad no son peligrosos, si bien pueden llegar a ser muy desagradables. Los mareos en sí no representan un problema, a menos que ocurran en situaciones que representen cierto riesgo. De hecho, en algunos casos la persona puede experimentar una sensación de vaivén que la lleva a perder el equilibrio y caerse.

No obstante, la persona puede llegar a asustarse mucho por los síntomas, por lo que normalmente adopta una actitud hípervigilante que la lleva a prestarle una mayor atención a sus respuestas fisiológicas. Ese estado de tensión complica aún más las cosas, sobre todo cuando la persona detecta el más mínimo signo de mareo.

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De hecho, uno de los principales problemas que causan los mareos por ansiedad es el miedo al miedo. Cuando la persona comienza a temer que los mareos ocurran en lugares públicos y se avergüenzan de ellos, esa tensión puede desencadenar efectivamente los mareos, convirtiéndose en una profecía que se autocumple. Como resultado, la persona puede limitar seriamente su vida, evitando todos aquellos sitios en los que podría sentirse mal. La sensación de angustia de que los mareos puedan sobrevenir en cualquier momento termina afectando su calidad de vida.

Saber que los mareos no son peligrosos contribuirá a que la persona se relaje y no empeore la sintomatología. Por otra parte, saber que la causa es la ansiedad, indica que no se trata de un problema grave sino que es un trastorno que tiene solución con la terapia adecuada.

¿Cómo eliminar los mareos por ansiedad?

Existen diferentes abordajes terapéuticos para enseñarle a la persona a combatir la ansiedad sin medicamentos y, por ende, eliminar los mareos. No obstante, la técnica de detección y afrontamiento de la consecuencia temida (DACT), es muy eficaz en estos casos. Básicamente, su objetivo es detectar las fuentes de malestar y ansiedad que generan los mareos y hallar soluciones que reduzcan los síntomas, tanto en el plano físico como emocional.

Antes de ponerla en práctica, es importante comprender que el malestar se mantiene cuando intentamos conseguir que la consecuencia temida se convierta en un hecho imposible, a fuerza de buscar obsesivamente las soluciones. Por eso, esta técnica primero nos indica que no debemos evitar las sensaciones molestas.

Básicamente, la persona debe comprender que la ansiedad genera una serie de sensaciones desagradables, pero que no son peligrosas en sí mismas. De esta forma se elimina la incertidumbre de la ecuación y cuando deja de estar angustiada o preocupada por los mareos, suele disminuir el nivel de ansiedad y también los síntomas que esta genera.

La persona debe comprender que la incertidumbre y el agobio son las causas de ese malestar, y que necesita buscar pensamientos alternativos o conductas que le permitan evitar esos pensamientos. En ese caso, puede aplicar otras técnicas, como por ejemplo:

  • Ejercicios de respiración. Al respirar profundamente, disminuye la hiperventilación ya que se logra una mayor oxigenación. Por otra parte, la respiración profunda acompasa el latido cardíaco, generando una sensación de tranquilidad y bienestar. Por eso, es recomendable que aprendas ejercicios de respiración que puedas aplicar en cualquier situación.
  • Técnicas de relajación. La técnica de relajación muscular de Jacobson es uno de los ejercicios más convenientes porque la persona no solo logra relajarse sino que además aprende a distender los diferentes grupos musculares. Con esta técnica también aprenderá a notar la tensión corporal, de manera que se puede aliviar rápidamente antes de que vaya a más.

No obstante, se debe aclarar que en muchos casos es necesario recurrir a la terapia psicológica o incluso a la medicación, sobre todo cuando el vínculo entre la ansiedad y los mareos es muy fuerte y de larga data.

Fuentes:

Saman, Y. et. Al. (2012) Interactions between Stress and Vestibular Compensation – A Review. Front Neurol; 3: 116.

Hofmann, S. G. et. Al. (2014) Cognitive enhancers for the treatment of anxiety disorders. Restorative Neurology and Neuroscience; 32(1): 183-195.

Craske, M. G. et. Al. (2014) Maximizing exposure therapy: An inhibitory learning approach. Behaviour Research and Therapy; 58: 10-23.

Staab J. P. & Ruckenstein, M. J. (2005) Chronic dizziness and anxiety: effect of course of illness on treatment outcome. Arch Otolaryngol Head Neck Surg; 131(8): 675-679.

Brandt, T. et. Al. (2005) Vestibular loss causes hippocampal atrophy and impaired spatial memory in humans. Brain; 128(11): 2732-2741.

Baladan, C. D. & Thayer, J. F. (2001) Neurological bases for balance-anxiety links. Journal of Anxiety Disorder; 15(1-2): 53-79.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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