
Cuando nos planteamos ir a terapia, solemos pensar que lo importante es encontrar un buen terapeuta, como si eso bastara. Sin embargo, después de las primeras sesiones algunas personas descubren que no todos los buenos terapeutas funcionan bien para todos los pacientes.
La relación terapéutica va más allá de la experiencia o la profesionalidad. A veces puedes sentir conexión desde la primera sesión. Otras veces todo parece correcto, pero algo no termina de encajar. Y aunque parezca un pequeño matiz, puede marcar la diferencia en la eficacia del tratamiento.
Más allá de la técnica, la relación como motor del cambio
Durante mucho tiempo se ha puesto el foco en los modelos terapéuticos a la hora de elegir psicólogo: cognitivo-conductual, psicodinámico, humanista… Obviamente, es importante que el paciente se sienta cómodo con el método de trabajo del terapeuta, pero las investigaciones llevan tiempo señalando que, más allá del enfoque utilizado, uno de los factores más relevantes para que el paciente mejore es la relación que establece con el terapeuta.
Eso se traduce en que diferentes pacientes requieren no solo tratamientos distintos, sino también relaciones terapéuticas distintas. No todas las personas necesitan lo mismo ni conectan de la misma manera con cualquier profesional. Hay quienes necesitan una figura más estructurada, que les proporcione herramientas claras y directas. Otros buscan un espacio más reflexivo donde puedan explorar sus vivencias con calma.
El cambio terapéutico ocurre, en gran parte, dentro de la relación que se establece. En ese espacio es donde se genera la confianza, la apertura y la seguridad necesarias para abordar temas difíciles que a menudo bloquean la sanación. Si esa base no existe o es frágil, incluso la mejor técnica pierde efectividad.
El terapeuta también importa (y mucho)
A veces se habla del terapeuta como si fuera un mero “aplicador” de técnicas psicológicas, pero la realidad que se vive en la consulta es bastante distinta. Cada profesional lleva a la terapia su forma de ser, su estilo de comunicación, su manera de entender el mundo y de relacionarse con los demás. Y todo eso influye directamente en el proceso terapéutico.
Por ejemplo, hay terapeutas más cálidos y expresivos, mientras que otros son más analíticos y reservados. Algunos tienden a intervenir más y otros dejan más espacio al silencio. Ninguna de estas características es mejor o peor en sí misma, todo depende de cómo encajen con la persona que tienen delante.
Un estudio publicado en la Psychotherapy Research reveló queexiste una relación significativa entre la disminución de los síntomas y la coincidencia paciente-terapeuta en algunos rasgos de personalidad y en el estilo de apego. “A los pacientes y terapeutas que tienen un nivel de apego ansioso elevado les puede resultar difícil formar una alianza segura”, señalaron estos investigadores.
En términos prácticos, eso significa que un terapeuta puede ser increíblemente eficaz con ciertos pacientes y no tanto con otros. No porque haga algo mal, sino simplemente porque no hay sintonía suficiente. Y esa sintonía, esa sensación de “me entiende” o “puedo hablar sin sentirme juzgado”, es fundamental para el éxito de la terapia.
El “matching”: cuando el encaje potencia el proceso
El concepto de matching hace referencia a encontrar un terapeuta cuya forma de trabajar, de ser y de relacionarse encaje contigo. No es solo una cuestión de preferencias personales, sino de cómo esas afinidades facilitan el cambio que necesitas.
Un estudio realizado en la Universidad de Estocolmo señaló que es importante que la tendencia general de la personalidad converja. Sin embargo, no se trata simplemente de que ambos seáis iguales, sino más bien de que os complementéis.
Por ejemplo, si eres una persona muy autocrítica podría beneficiarte un terapeuta que sea más cálido y validante para que te ayude a suavizar esa dureza interior. En cambio, si tienes la tendencia a evitar los problemas podrías necesitar a un profesional más directo, que te confronte con amabilidad, pero también con firmeza.
Ese equilibrio es lo que hace que la terapia avance. El terapeuta debe compartir lo suficiente con el paciente para tener cierta sintonía y, al mismo tiempo debe aportar justo lo que falta o está menos desarrollado: más estructura, más flexibilidad, más conciencia emocional, más límites…
Ese ajuste sutil es lo que permite que la terapia no sea solo un espacio de conversación, sino un espacio de transformación. Cuando eso se logra, el proceso fluye de forma más natural: hay más apertura, más implicación y, sobre todo, más cambio real. Y eso, en última instancia, es lo que hace que la terapia funcione de verdad.
El papel de las plataformas de terapia online
En los últimos años, las plataformas de terapia online han cambiado bastante el proceso de búsqueda. De hecho, una de sus principales ventajas es que facilitan el matching. En vez de depender del psicólogo más cercano, puedes acceder a una red más amplia de profesionales y filtrar según diferentes criterios, desde especialidad y enfoque hasta idioma o estilo terapéutico.
Algunas plataformas, como Talkspace, incluso utilizan cuestionarios iniciales para sugerirte terapeutas que encajen mejor contigo. Esos formularios suelen explorar aspectos como tus motivos de consulta, estilo de comunicación, preferencias (si buscas un enfoque más directivo o más reflexivo) e incluso variables prácticas como la disponibilidad y el idioma.
Con esa información, el sistema genera una primera propuesta de “matching” que aumenta la probabilidad de que exista sintonía desde el inicio. Obviamente, no es una garantía absoluta ya que la relación terapéutica sigue siendo profundamente humana, pero reduce la incertidumbre inicial.
Además, muchas permiten cambiar de profesional con relativa facilidad si no sientes conexión, algo que en el formato tradicional puede resultar más incómodo o complicado. Algunas plataformas de terapia también ofrecen la primera sesión gratuita para que puedas comprobar si te sientes cómodo y estás en manos del psicólogo correcto. De esta forma, no tendrás la sensación de que tienes que conformarte con la primera opción disponible o con el profesional más cerca de casa.
A fin de cuentas, el vínculo terapéutico no es un detalle secundario, sino el terreno donde realmente ocurre el cambio. Cuando encuentras al profesional adecuado, todo fluye mejor y la terapia avanzará más rápido.
Referencias:
Shir, R., & Tishby, O. (2024) Therapy matchmaking: Patient-therapist match in personality traits and attachment style. Psychotherapy Research; 34(3): 353–365.
Werbart, A. et. Al. (2018) Matching Patient and Therapist Anaclitic-Introjective Personality Configurations Matters for Psychotherapy Outcomes. J Contemp Psychother; 48(4): 241-251.



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