
¿Alguna vez te has despertado en mitad de la noche y las preocupaciones te han asaltado sin darte tregua? Quizá comienzas a darle vueltas a los problemas, sobrevienen los arrepentimientos o aparecen impulsos que creías superados y terminas zampándote medio kilo de helado o comiéndote el resto de la tarta que habías guardado en la nevera.
Pasada la medianoche, las emociones negativas tienden a captar nuestra atención, mucho más que las positivas, las ideas peligrosas se vuelven más atractivas y las inhibiciones desaparecen. De hecho, numerosas investigaciones sugieren que nuestra mente funciona de manera diferente por la noche.
¿Por qué el “lado oscuro” del cerebro se activa por la noche?
Neurocientíficos de la Universidad de Arizona creen que la explicación radica en nuestro ritmo circadiano. Básicamente, el cuerpo y la mente siguen un ciclo natural de actividad de 24 horas que influye en nuestras emociones y comportamiento. Durante el día, por ejemplo, los niveles moleculares y la actividad cerebral se ajustan al estado de vigilia. Pero por la noche el comportamiento habitual se interrumpe.
Esta teoría tiene sentido desde el punto de vista evolutivo ya que, aunque la noche es ideal para descansar, también era el momento en el que más riesgo corrían nuestros antepasados, ya que podían convertirse en una presa fácil de los depredadores.
Según los investigadores, para lidiar con ese aumento del riesgo, nuestra atención se intensifica durante la noche, enfocándose más en los estímulos negativos para mantenernos a salvo. O sea, por la noche nuestra mente desarrolla un sesgo de negatividad. Por ese motivo, un sonido que apenas notamos durante el día, puede sobresaltarnos bastante cuando todo está a oscuras.
Curiosamente, un estudio realizado en la Universidad de Pensilvania descubrió que la tasa de suicidios se triplica entre la medianoche y las 4 de la mañana. También se ha constatado que el deseo de consumir alcohol o drogas se acrecienta durante la noche. Las personas que sufren una adicción pueden mantener bajo control sus ansias durante el día, pero sucumben a ellas por la noche.
Por supuesto, algunos de estos comportamientos podrían explicarse por la falta de sueño o el refugio y la sensación de anonimato o soledad que llegan con la oscuridad, pero también influyen cambios neurológicos mucho más profundos. Los neurocientíficos indican que “la vigilia nocturna provoca actividad cortical en un momento en el que las sinapsis están saturadas y las respuestas corticales se ven afectadas”.
Esto podría hacer que la corteza prefrontal, encargada de la planificación, el razonamiento y la inhibición de los impulsos, tuviese que trabajar a marchas forzadas. Al mismo tiempo, una amígdala hiperactiva podría asignar a los estímulos neutros una relevancia emocional incorrecta o excesiva, lo que daría pie a las conductas de riesgo o a ese enfoque mental en los problemas y preocupaciones.
En resumen, durante la noche somos más vulnerables, tanto a que nos asalten las preocupaciones y los temores que hemos mantenido bajo control durante el día como a ceder a las tentaciones. Ser conscientes de que nuestro cerebro no funciona de la misma manera nos ayudará a tomar medidas preventivas y no confiar tanto en la fuerza de voluntad.
Referencias:
Tubbs, A. S. et. Al. (2022) The Mind After Midnight: Nocturnal Wakefulness, Behavioral Dysregulation, and Psychopathology. Front. Netw. Physiol.; Frontiers; 1: 10.3389.
Montero-Moraga, J. M. et. Al. (2020) Impact of 24-hour schedule of a drug consumption room on service use and number of non-fatal overdoses. A quasiexperimental study in Barcelona. Int J Drug Policy; 81: 102772.
Perlis, M. et. Al. (2014) When Accounting for Wakefulness, Completed Suicides Exhibit an Increased Likelihood during Circadian Night. Sleep; 304498989.



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