
Hay palabras que parecen inocentes. Pequeñas, comunes, casi inofensivas. Las usamos a diario. Salen de nuestros labios por puro hábito, sin darnos cuenta de su peso real. Una de ellas, quizá la palabra más peligrosa de todas, es “después”.
Después empiezo.
Después juego con mis hijos.
Después llamo a mi amigo.
Después me cuido.
Después me ocupo.
Después paso tiempo con mis padres…
¿Te suena?
Alivio inmediato, factura elevada
La procrastinación no siempre es evidente. A veces asume formas sutiles: dejar lo importante para cuando “haya tiempo”, cuando “esté mejor preparado” o cuando “las cosas estén más tranquilas”.
Ese aplazamiento actúa como un calmante mental. Nos alivia durante un rato. Resta presión. Nos sirve como excusa para el autoengaño: “no es que no lo vaya a hacer, es solo que lo haré… después”.
De hecho, a menudo ese “después” se disfraza de decisión responsable. “Ahora no puedo, tengo mucho que hacer”, “no es el momento adecuado”, “no me siento con ánimos”…
Y quizás sea cierto.
Pero también es cierto que la mayoría de las cosas que decimos que haremos “después”… no las hacemos nunca. A golpe de “después” vamos aplazando momentos, conversaciones, sueños, proyectos…
El reloj no se detiene
Creemos que con cada “después” ponemos la vida en pausa. Pero es una ilusión. La vida sigue su curso, sin esperarnos.
Ese proyecto que quieres empezar no estará disponible eternamente.
Tus hijos no tendrán 5 años para siempre.
Tus padres no estarán contigo toda la vida.
Tu cuerpo, en algún momento, te pasará factura…
Ese “después” tiene un coste. Nos pasa factura. Y aunque no lo veamos al principio, con los años se convierte en arrepentimientos, nostalgia, culpas, ansiedad, remordimientos, sueños rotos, estancamiento…
Lo urgente no siempre es lo importante
A veces postergamos, no por desinterés, sino porque estamos atrapados en el torbellino de lo “urgente”: correos, trabajo, reuniones, tareas pendientes… Cosas que nos hacen sentir ocupados, pero que no aportan nada realmente significativo.
Y cuando por fin se libera un espacio, estamos tan agotados que ya no tenemos energía para lo importante. En esa rutina, el “después” se instala como costumbre. Sin embargo, recuerda que lo que no se agenda, no se hace. Y lo que no se prioriza, se pierde.
Al final, vivir es elegir
No puedes hacerlo todo, pero puedes hacer lo que cuenta. Es probable que tengas una larga lista de tareas pendientes. Es probable que tengas muchas responsabilidades. Es probable que de ti dependan muchas personas… Pero quizá esas cosas que estás dejando para “después” son mucho más importantes.
Es mejor aprender a invertir nuestro tiempo en lo que realmente vale la pena. Eso que marca la diferencia “aquí y ahora”.
Porque si no lo hacemos, es probable que “después” nos arrepintamos – pero será demasiado tarde.



harry callen dice
Nombre parece amiga yo también soy psicólogo lonque pasa es otra cosa simplemente hemos normalizado la falta de cortesía, la hipocresía. El desamor esto sucede porque laxsiciedad moderna ha normalizado e incorporado en su comunicación el modelo de comunicación esquizifrenica cono ejemplos la respuesta 0 ,la indiferencia , la minimizacion del otro, la impuntalidad , somos una sociedad ezquizofrenica o al menos neurotozada hice todo un artículo sirve ello esto marca la indiferencia que es uno de los peores makes que nos aqueja es no respetar el tiempo del otro debido a la falta de sinceridad, esto más lleva a rivar la energía al otro , la perspectiva que cada uno tiene prioridades debe ser en ambos sentidos , hay un desequilibrio esto no sucede entre gente culta pero si entre gente poco educadas no se puede hablar de esto en forma generalizada y etc etc
Jennifer Delgado dice
Hola Harry,
Todo lo psicológico tiene muchos matices.
La intención de reflexionar sobre lo que dejamos para «después» no es restar responsabilidad o compromiso sino precisamente vivir de manera más comprometida y consciente. Y eso pasa por clarificar expectativas y establecer límites en las relaciones, precisamente para cultivar aquellas más significativas.
Gracias por tus reflexiones 😉
harry callen dice
Si alguien te dice te llamo pronto o en 1 hora o más tarde y no lo hace es simplemente un imbécil
Como dice Laje la generación de los tontos
Jennifer Delgado dice
Hola Harry,
Estar pendiente de alguien es frustrante.
Pero también hay muchas razones por las cuales alguien puede faltar a su compromiso. La clave radica en si es algo habitual o puntual.
Pero sí, coincido contigo en que estamos viviendo un detrimento del compromiso y la responsabilidad.
Un saludo