
Este fin de año, una mujer de 47 años acudió dos veces a Urgencias por dificultades para respirar y opresión en el pecho. Le diagnosticaron estrés y la mandaron a casa. Murió esa misma noche debido a un edema pulmonar.
Justo por esas fechas, me enteré que una amiga está en coma inducido por una meningitis grave. Hace días que se sentía decaída y creía que tenía depresión.
Hace un par de años, un médico de cabecera (sin sospechar que yo era psicóloga) intentó recetarme un antidepresivo para lo que era un comprensible cansancio por una dolencia física. Y todo sin hacer una entrevista a profundidad o un mísero cuestionario de Beck.
No son casos tan aislados como parecen.
En los últimos tiempos he notado que se está recurriendo cada vez más a la muletilla “psicológica” para despachar dolencias sin las debidas pruebas médicas. Pero pensar que casi todo es psicológico y asumirlo como diagnóstico preliminar puede matar (y no es un eufemismo).
El peligro de pensar que todo está en la mente
Durante décadas, la Medicina prácticamente ignoró la mente. La Psicología se relegaba a un segundo plano, casi ornamental, y muchos problemas “mentales” eran vistos con desdén o como algo anecdótico. Sin embargo, parece que hemos dado un giro extremo en la dirección contraria.
La mente se está convirtiendo en la culpable universal de cualquier malestar. Dolor de cabeza, fatiga, mareos… la respuesta más rápida (y también la más cómoda) consiste en un: “es psicológico”.
Lo que antes se ignoraba, ahora parece justificarlo casi todo. Se asume que, si no aparece nada relevante en las primeras analíticas, debe ser ansiedad, estrés o depresión. Ahí empieza un camino resbaladizo porque se ignoran síntomas reales, se retrasan los tratamientos y la persona sufre innecesariamente.
Un estudio realizado en la Universidad de Cambridge con más de 3.000 personas que sufrían una enfermedad autoinmune confirmó que haber recibido un diagnóstico psicológico erróneo causó daños al 72% de ellas, incluso décadas más tarde. Además del deterioro físico, achacar sus síntomas a un problema mental también provocó:
- Daños a la autoestima y tendencia a culpabilizarse.
- Disminución de la confianza en los servicios de salud.
- Tendencia a minimizar los síntomas y no buscar ayuda cuando la necesitaban.
De hecho, también existe un fenómeno conocido como “ensombrecimiento diagnóstico” que consiste en atribuir erróneamente síntomas físicos a una enfermedad mental preexistente o a un diagnóstico previo, en lugar de investigar si existe un problema físico nuevo.
O sea, el médico simplemente asume que todos los síntomas provienen de la misma causa psicológica conocida, por lo que no considera otras explicaciones médicas. Eso, obviamente, impide el diagnóstico correcto, retrasa el tratamiento y a menudo conduce a un empeoramiento de la enfermedad.
La regla de oro: los trastornos psicológicos son la última parada
Por supuesto, los síntomas psicosomáticos y los trastornos mentales existen. Pero atribuir la fatiga, el mareo, las dificultades para respirar, los tics nerviosos o las taquicardias a problemas psicológicos sin una evaluación exhaustiva es jugar con fuego.
Los trastornos mentales no son un comodín diagnóstico. No se puede pegar la etiqueta de “estrés” a algo que podría ser un cáncer de páncreas o una insuficiencia cardíaca. La consecuencia no es solo un error anecdótico, podría ser una muerte evitable.
Cuando cursaba la Universidad, la regla de oro era: la Psicología debe ser la última parada, no la primera. Primero descartamos lo físico, lo biológico, lo potencialmente mortal, y solo entonces podemos pensar: “bueno, puede que exista un componente psicológico que debemos investigar”.
La práctica clínica ha dejado claro que la mente y el cuerpo están profundamente conectados, pero también que pueden seguir caminos distintos. No todo dolor o malestar mental está causado por el “estrés”. No todo mareo es “ansiedad”. Y no toda “fatiga” es depresión. Incluso si esas condiciones están presentes.
Pensar que casi todo es psicológico es un lujo que no podemos permitirnos cuando la vida humana está en juego.
Así que la próxima vez que alguien te diga que te preocupes menos, que todo es psicológico, recuerda que la Psicología llega después de que se haya descartado todo el resto, no antes.
Ignorar esa regla no solo es negligente, sino también peligroso. Y sí, puede matarte, literalmente. Por tanto, tampoco minimices tus síntomas pensando que será “solo” ansiedad o un poco de depresión. Busca ayuda médica y acepta el diagnóstico psicológico solo cuando se hayan descartado otras patologías de base.
Referencias:
Sloan, M. et. Al. (2025) ‘I still can’t forget those words’: mixed methods study of the persisting impact on patients reporting psychosomatic and psychiatric misdiagnoses. Rheumatology; 64(6): 3842–3853.
Hallyburton, A. (2022) Diagnostic overshadowing: An evolutionary concept analysis on the misattribution of physical symptoms to pre-existing psychological illnesses. Int J Ment Health Nurs; 31(6): 1360-1372.



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