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Perdonar es una cosa, volver a confiar es otra

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Perdonar y volver a confiar suelen ir de la mano en el imaginario popular. Creemos que si alguien nos pide disculpas y realmente le perdonamos, lo normal es abrir la puerta como antes. Sin reservas. Sin rencores. Sin desconfianza.

Muchas veces, esa errónea identificación entre el perdón y la confianza es precisamente lo que nos impide pasar página. La idea de que todo debe volver a ser como antes nos mantiene atados a la ofensa, simplemente porque somos incapaces de volver a confiar. O sea, no podemos deshacernos del lastre del rencor porque algo en nuestro interior se niega a que las cosas vuelvan a ser como antes.

Sin embargo, una cosa es liberar la carga emocional del resentimiento y otra muy diferente es volver a confiar en quien nos dañó. Ser conscientes de esa diferencia es importante.

Perdón y confianza: dos procesos psicológicos muy distintos

A veces perdonamos porque entendemos que todos cometemos errores, o porque hemos decidido dejar de cargar con la ira y la rabia que nos recomía por dentro. Pero el perdón no es una especie de reset que devuelve automáticamente la relación a su estado original.

La confianza pertenece a un territorio diferente: el de la coherencia, la conducta sostenida en el tiempo y la seguridad construida a base de experiencias compartidas. Y cuando algo se quiebra en ese terreno, reconstruirlo lleva tiempo, evidencias y mucha más paciencia que el acto interno de perdonar.

De hecho, el perdón y la confianza son dos procesos psicológicos que siguen caminos diferentes.

El perdón es, esencialmente, un proceso intrapersonal. Tiene que ver con nuestra capacidad para reconfigurarnos emocionalmente tras un daño y dejar de invertir energía en el resentimiento. Las investigaciones demuestran que el perdón implica una reducción deliberada de las emociones negativas hacia el ofensor y, en algunas ocasiones, la aparición de emociones más neutras o incluso positivas. Es una decisión interna que nos libera, aunque la otra persona no cambie.

La confianza, en cambio, tiene un carácter más interpersonal. Depende de lo que el otro hace o deja de hacer. Brené Brown describe la confianza como una combinación de pequeños actos coherentes en el tiempo, no grandes promesas ni disculpas emotivas. En términos psicológicos, la confianza es una evaluación de predicción. O sea, confiamos porque creemos que la otra persona actuará de forma segura, respetuosa y consistente en el futuro ya que lo ha demostrado en el pasado.

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Cuando mezclamos ambos conceptos, es fácil caer en el error de pensar que “si le perdono, debo seguir igual que antes”. De hecho, incluso puede ser que la persona perdonada albergue esa expectativa. Pero lo cierto es que el perdón sana la herida interior mientras que la confianza reconstruye el puente en la relación. Y son cosas muy distintas.

Podemos perdonar sin volver a confiar

Debemos comprender que perdón no es sinónimo de reconciliación. Perdonar ni siquiera implica mantener el vínculo y mucho menos volver a dejar entrar a la persona en nuestro círculo de confianza.

De hecho, los estudios demuestran que perdonar es beneficioso, aunque la relación termine ahí. El perdón reduce el estrés, mejora el bienestar emocional y nos libera a nivel personal. Y eso no depende de la conducta posterior del ofensor.

Podemos perdonar a alguien que ya no está presente, a alguien que sigue comportándose igual o a alguien con quien no nos sentimos seguros. El perdón es para aliviar nuestro dolor, no para validar el comportamiento del otro.

La confianza, por el contrario, requiere pruebas. Requiere que la otra persona muestre cambios sostenidos a lo largo del tiempo, compromiso y que respete los límites. Y si esos elementos no están presentes, la decisión de no confiar de nuevo es tan saludable y válida como la decisión de perdonar.

En términos prácticos:

  • Podemos perdonar lo que pasó, para no vivir atrapados en el resentimiento y la ira.
  • Pero decidimos no volver a exponernos a que nos ocurra algo igual. En ese caso, no volvemos a confiar en esa persona porque sus acciones siguen siendo impredecibles o dañinas.

Ambas decisiones pueden coexistir perfectamente.

El error de volver demasiado rápido

En las relaciones afectivas, familiares o incluso laborales, existe una presión cultural hacia el “perdón total”. Se espera que, si perdonamos, actuemos como si nada hubiera ocurrido. Ese guion social suele acelerar las reconciliaciones que en muchos casos acaban siendo superficiales y no reparan realmente el daño sino que perpetúan la dinámica tóxica de base.

En cambio, la confianza se gana con transparencia, responsabilidad y consistencia, no con palabras bonitas. Un estudio realizado en la Carnegie Mellon University comprobó que recuperar la confianza tras una transgresión requiere una combinación de disculpas sinceras, cambios conductuales observables y tiempo suficiente para que la nueva pauta sea creíble. Volver a confiar no es un proceso inmediato. No es sencillo. Y, sobre todo, no es automático solo porque hayamos perdonado.

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Retomar demasiado rápido la relación sin haberla reparado realmente suele conducir a ciclos repetidos de decepción. La persona que perdona se culpa a sí misma por no confiar más y quien fue perdonado se ofende porque “ya te he pedido perdón, ¿qué más quieres?”.

En ese caso, faltan criterios claros. Ambos se están dejando llevar por un guion social implícito sin haber trabajado para recuperar la confianza. Por eso, es importante plantearse preguntas como:

  1. ¿Qué necesitamos ver para volver a confiar?
  2. ¿Cuánto tiempo aproximadamente necesitaremos?
  3. ¿Qué límites necesitamos establecer?

¿Cómo saber si podemos volver a confiar?

La confianza, a diferencia del perdón, tiene criterios externos bastante claros. Algunas señales de que una relación puede reconstruirse son:

  • Conductas consistentes durante semanas o meses, no días.
  • Responsabilidad explícita, sin excusas ni pretextos.
  • Transparencia, mostrada a través de la disponibilidad para responder preguntas, cambiar y explicar decisiones.
  • Límites respetados, sin presiones, ni chantajes o prisas para “volver a ser como antes”.
  • Acciones reparadoras, no solo palabras.

Si estos elementos no están presentes, la decisión de no volver a confiar no solo es válida, sino saludable.

En definitiva, perdonar es soltar una carga; confiar es brindar un privilegio. El perdón ocurre en nuestro interior, la confianza depende de la conducta del otro. Podemos perdonar para estar en paz con nosotros mismos, pero no por ello estamos obligados a mantener un vínculo con quien no ha demostrado que ha cambiado.

La confianza se gana. Recordar esta diferencia nos permitirá cultivar relaciones más sanas, más realistas y menos cargadas de culpa.

Referencias Bibliográficas:

Toussaint, L. L. et. Al. (2016) Forgiveness, Stress, and Health: a 5-Week Dynamic Parallel Process Study. Ann Behav Med; 50(5): 727-735.

Brown, B. (2015) Rising strong. Spiegel & Grau: New York.

Worthington, E. L. & Scherer, M. (2004) Forgiveness is an emotion-focused coping strategy that can reduce health risks and promote health resilience: Theory, review, and hypotheses. Psychology & Health; 19(3): 385-405.

Finkel, E. J. et. Al. (2002) Dealing with betrayal in close relationships: does commitment promote forgiveness? J Pers Soc Psychol; 82(6): 956-974. 

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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