
Somos seres sociales y, quizá por eso, a lo largo del tiempo se ha impuesto una narrativa que pocos cuestionan, la idea de que si no sales, no tienes mil planes y no estás rodeado de amigos, estás condenado a una vida de tristeza, aburrimiento y aislamiento.
Sin embargo, las investigaciones psicológicas desmontan esa idea: para muchas personas, elegir la soledad no es sinónimo de carencia. De hecho, es más bien al contrario: su propia compañía puede ser más enriquecedora, significativa y reguladora a nivel emocional que la mayoría de las interacciones sociales.
La soledad elegida no es aislamiento
Cuando hablamos de soledad, a menudo la entendemos como un concepto unitario, pero no es así. Los psicólogos distinguimos entre la soledad impuesta y la soledad elegida. Una cosa es quien elige estar solo y otra quien se ve obligado a estar solo.
Un estudio realizado en la Universidad de Reading partió de esa diferenciación y dio seguimiento a más de 150 personas durante tres semanas. Cada día, debían rellenar una encuesta sobre el tiempo que pasaban solos o socializando, además de indicar cómo se sentían psicológicamente.
Como norma general, vieron que las personas pasaban más tiempo en soledad reportaban sentirse más solas y menos satisfechas. Sin embargo, cuando elegían estar solas, todo cambiaba radicalmente. De hecho, quienes se decantaban por la soledad reportaban:
- Mayor satisfacción y sensación de logro
- Menos presión y estrés
- Mayor sensación de autenticidad
Y lo interesante es que estos beneficios son acumulativos. Quienes pasaban más tiempo solos por elección se sintieron menos estresados y más satisfechos con su vida en general.
La calidad de la propia compañía cuenta – y mucho
Decía Jean-Paul Sartre que “si te sientes solo cuando estás solo, es que andas en mala compañía”. Y no le faltaba razón. Una de las ideas más interesantes de esta investigación es que la calidad de la propia compañía puede superar la que ofrecen muchas interacciones sociales.
Y es que estar con uno mismo, lejos de las presiones y expectativas externas, con espacio para pensar, descansar o ser más auténtico, puede ser psicológicamente más nutritivo que muchas conversaciones superficiales, encuentros tensos o interacciones que nos drenan emocionalmente.
Estar a solas con nosotros mismos nos permite escuchar nuestras necesidades, sin distracciones externas. Cuando estamos en compañía, aunque sea de las personas que queremos, adaptamos automáticamente nuestro comportamiento, moderamos las emociones y priorizamos las expectativas ajenas. Ese ajuste constante consume energía psicológica y puede generar estrés, aunque la interacción sea agradable.
En cambio, al estar solos, podemos sumergirnos en nuestro mundo interior sin filtros, darnos permiso para equivocarnos o simplemente dedicarnos a no hacer nada. Esa libertad de estar con nosotros mismos favorece la introspección, la creatividad y la regulación emocional, tres ingredientes esenciales para el bienestar psicológico.
La soledad también nos ayuda a disfrutar más del presente. Al no tener que estar pendientes constantemente de las reacciones de los demás, podemos relajarnos y conectar con nosotros mismos o con lo que estamos haciendo. Por eso, cuidar la relación que tenemos con nosotros mismos puede ser más reparador y enriquecedor que muchas horas de socialización banales o con fricciones.
La soledad no es solo para “introvertidos”
Dicho estudio también reveló que la soledad no es una “marca” de la introversión, como solemos pensar. Así como muchas personas introvertidas disfrutan de las interacciones sociales significativas, las personas extravertidas también pueden aprovechar los beneficios de la soledad elegida para recargar las pilas y conectar consigo mismas.
No existe un equilibrio ideal entre el tiempo en soledad y la socialización, cada persona debe encontrar su receta perfecta, que probablemente vaya cambiando según la etapa vital. Lo importante es mantenernos atentos a lo que necesitamos en cada momento.
Habrá días en los que la compañía de los demás nos llene de energía y consuele, pero habrá otros en los que lo que necesitamos es una soledad restauradora, lejos del ruido externo, las expectativas mundanales y los juicios críticos. Ninguna opción es inherentemente superior: lo que realmente cuenta es la coherencia entre lo que uno necesita y lo que elige.
Referencia:
Weinstein, N. Et. al. (2023) Balance between solitude and socializing: everyday solitude time both benefits and harms well-being. Sci Rep; 13: 21160.



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