
Ir a terapia no siempre es fácil, sobre todo al principio. Es probable que te sientas perdido y no sepas qué decir, cómo empezar o incluso podrías preguntarte si lo estás “haciendo bien”. La verdad es que no hay un manual sobre cómo hablar con el terapeuta y afrontar la primera sesión con el psicólogo. No existen los temas prohibidos. Lo importante es estar presente y dispuesto a explorar lo que llevas dentro.
No obstante, la terapia puede tener un impacto enorme en tu vida. Y, como en cualquier actividad importante, un poco de preparación antes de entrar por la puerta puede marcar la diferencia o al menos permitirte comenzar con buen pie. Tomarte unos minutos para reflexionar antes de la sesión te permitirá enfocarte en lo que realmente te importa. Tanto si es tu primera sesión con un psicólogo como si ya llevas un tiempo yendo a terapia, pensar con antelación sobre lo que te gustaría hablar puede abrir el camino para realizar avances más rápidos y lograr un crecimiento más consciente.
¿Qué hacer la primera vez que vas al psicólogo? Claves para prepararte
Tener un mapa mental previo te servirá de punto de partida. En lugar de quedarte en blanco o no saber por dónde empezar, ya tendrás una idea aproximada de lo que quieres abordar. Es como llevar una brújula emocional.
Clarifica tus objetivos para la terapia
Antes de ir al psicólogo, es importante que te preguntes: ¿Qué quiero sacar de esto? Tal vez estás buscando herramientas para lidiar con el estrés o la ansiedad. O quizá necesitas procesar cosas del pasado. Hay quien acude al psicólogo para que lo ayude a crecer personalmente y otros necesitan apoyo para atravesar un momento complicado de su vida.
Tener claro lo que buscas contribuirá a que puedas construir un camino junto al terapeuta. De hecho, diversos estudios han constatado que cuando las personas definen sus objetivos antes de comenzar la terapia, se sienten más comprometidas y motivadas, dos ingredientes clave para que el proceso funcione. Es normal que esos objetivos vayan cambiando, pero partir de una idea general le dará más sentido al proceso terapéutico.
Si estás indeciso, la primera sesión es como un primer encuentro, sin presiones, solo una oportunidad para contar lo que te preocupa y ver si encajas con el terapeuta. Seguramente te preguntará por tu vida, qué te está afectando últimamente y qué esperas de la terapia. También es una oportunidad para valorar si te sientes a gusto hablando con ese profesional. Eso reducirá los nervios iniciales y te preparará mejor para las próximas sesiones.
Haz un repaso de tus emociones y pensamientos
Tómate un momento para mirar hacia dentro: ¿Cómo me he estado sintiendo últimamente? Quizá la ansiedad lleva tiempo acompañándote o te sientes triste, perdido o incluso desconectado emocionalmente. Detectar ese patrón emocional le dará pistas a tu terapeuta sobre cómo estás y hacia dónde enfocar la conversación.
¿Y tus pensamientos? ¿Hay ideas que se repiten una y otra vez? Tal vez no dejas de darle vueltas a una situación concreta. Observar esos bucles mentales te permitirá identificar temas importantes que merecen atención. Anotar algunos pensamientos o emociones antes de la primera sesión con el psicólogo podría ayudarte a expresarlos cuando llegue el momento.
Identifica los retos o preocupaciones que arrastras
Todos enfrentamos dificultades y la terapia es el espacio idóneo para abordarlas. Piensa qué es lo que más te está afectando ahora mismo: problemas en el trabajo, relaciones complicadas, falta de autoestima, traumas pasados… Cuanto más claro lo tengas, más fácil será abordarlo en esa primera sesión.
También es útil revisar cómo estás enfrentando esos retos. ¿Te están ayudando tus mecanismos actuales o más bien te están complicando las cosas? Si tiendes a ignorar los problemas escondiéndolos bajo la alfombra, caes en hábitos dañinos o tienes la tendencia a guardártelo todo, la terapia podría ayudarte a encontrar formas más saludables y asertivas de afrontar lo que te pasa. Ser honesto con lo que te cuesta abrirá la puerta a nuevas herramientas psicológicas.
Reflexiona sobre tu actitud hacia la terapia
Tu forma de ver la terapia también influirá en los resultados. Por tanto, pregúntate: ¿Estás dispuesto a cuestionar algunas de tus creencias o patrones? La terapia funciona mejor cuando uno está abierto a mirar las cosas desde otra perspectiva, aunque sea un poco incómodo. Si sientes resistencias o inseguridad, intenta entender de dónde provienen. ¿Te da miedo que te juzguen? ¿Te asusta remover traumas profundos?
Saber hasta dónde te sientes cómodo o cuánto tiempo estás dispuesto a dedicarle al proceso terapéutico también contribuye a encontrar un enfoque que encaje mejor con tus expectativas y necesidades. De hecho, un metaanálisis mostró que cuando el tratamiento se adapta a las preferencias del paciente, la probabilidad de mejora aumenta en un 58%. Hablar de esos detalles desde el principio puede fortalecer la relación con tu terapeuta y hacer que todo fluya mejor.
¿Y qué expectativas tienes? Algunos buscan soluciones rápidas y otros creen que el cambio es casi imposible. La realidad es que la terapia no es milagrosa ni instantánea, es más bien un camino que se recorre gradualmente. Tener eso en cuenta y ser paciente contigo mismo, te ayudará a mantenerte enfocado en el proceso y con el tiempo comenzarás a ver los resultados.
Repasa si ha ocurrido algo importante en tu vida últimamente
Los grandes cambios pueden descolocar o incluso provocar un tsunami emocional. Tal vez has pasado por una ruptura de pareja, has perdido el trabajo o has tenido un conflicto familiar fuerte. Aunque no sean tu preocupación principal, esos eventos podrían estar afectando tu estado de ánimo sin que te des cuenta. Por tanto, vale la pena mencionarlos en la primera sesión con el psicólogo.
También podrías pensar en sucesos del pasado que creías superados pero que han vuelto a aparecer, como un antiguo sentimiento de culpa o un conflicto latente. La terapia es el lugar ideal para revisar esos temas si siguen rondando tu mente. A veces, el simple hecho de ponerlos sobre la mesa ya libera espacio emocional.
Entra con una intención clara para la sesión
Ir con una intención en mente puede ser útil para concentrarte en exponer lo que te preocupas. Por consiguiente, reflexiona sobre: ¿Qué necesitas de esta sesión en concreto? ¿Buscas consejo sobre una situación específica o simplemente quieres soltar lo que llevas dentro y ver qué pasa? Tener un rumbo más o menos claro facilita que la sesión tome el derrotero que realmente necesitas.
¿Tienes preguntas para tu terapeuta? Quizá quieres entender mejor una emoción que te está incordiando o aprender a comunicarte de forma más efectiva. Recuerda que la terapia es un trabajo en equipo, los psicólogos están ahí para escucharte y ayudarte a descubrir lo que no funciona para que puedas cambiarlo, así que no te cortes.
Últimos apuntes
Prepararse para la primera sesión con el psicólogo no tiene que ser algo complicado. No hace falta que te martirices con preguntas como ¿qué hacer la primera vez que vas al psicólogo? o ¿cómo es la primera sesión con el psicólogo?, pero conviene que te prepares un poco.
Basta con dedicar unos minutos a revisar cómo estás, qué te preocupa y qué quieres conseguir. La terapia es una herramienta muy poderosa para conocerte mejor, por lo que un poco de preparación previa podría ayudarte a sacarle aún más partido.
Sin embargo, no olvides que la terapia no proporciona resultados inmediatos, aunque puedas salir más ligero de una sesión. Es un proceso en el que cada encuentro cuenta, aunque a veces los avances parezcan pequeños. Trátate con amabilidad, mantente abierto y confía en que cada paso te acerca al cambio que quieres ver.
Referencias Bibliográficas:
Tryon, G. S., & Winograd, G. (2011) Goal consensus and collaboration. Psychotherapy; 48(1): 50–57.
Swift, J. K., & Callahan, J. L. (2009) The impact of client treatment preferences on outcome: A meta-analysis. Journal of Clinical Psychology; 65(4): 368–381.



Deja una respuesta