
Un hombre estaba ingresado en un hospital con una pierna rota tras haber sido atropellado por un camión. Leyó en la prensa que en la calle donde sufrió el accidente, los camiones tenían prohibida la circulación. Así que llegó a la conclusión de que estaba soñando porque “no puede suceder nada que no ‘deba’ suceder”.
Esta historia del poeta Christian Morgenstern, retomada por Karen Horney en “The tyranny of the should”, puede parecernos descabellada, pero refleja a la perfección cómo muchas veces sucumbimos a la tiranía de los “debería” sin cuestionarlos, sobre todo en lo que respecta a nuestra identidad.
¿Quién quieres ser?
Hay una forma muy sutil de perderse a uno mismo que no tiene nada que ver con las grandes crisis existenciales ni con decisiones dramáticas sino con algo mucho más cotidiano como empezar a vivir guiado por lo que se supone que “deberías” ser.
De hecho, cuando te preguntas en qué tipo de persona quieres convertirte, ¿quién responde? Según Karen Horney, la respuesta a menudo no proviene de nuestro interior sino de un “yo idealizado” que ha sido construido socialmente. Y es que desde pequeños aprendemos que existe una versión de nosotros más aceptable que otra. Generalmente la versión «aceptable» no molesta, cumple con todos y encaja con las expectativas sociales.
Como resultado, cuando intentamos construirnos, lo hacemos sobre la base de lo que creemos que “deberíamos” ser: personas más resilientes, más pacientes, más exitosas, más decididas y un largo etcétera.
Obviamente, el problema no es que aspires a ciertos estándares, sino que esos “debería” se conviertan en tu guía, sin tener muy claro si eso es realmente lo que deseas o si es lo que te han enseñado que debes desear. Parece un juego de palabras, pero es un asunto muy serio porque en ese esfuerzo por encajar en nuestro “yo ideal”, terminamos alejándonos de nosotros mismos sin darnos cuenta.
El antídoto, según Horney, no se encuentra en añadir más capas, sino en empezar a quitarlas.
La distancia entre el “yo real” y el “yo ideal”
Horney afirmaba que cuando nos enfocamos demasiado en ese “yo idealizado”, perdemos la conexión con quienes somos realmente. De hecho, casi todos vivimos divididos entre nuestras dos versiones:
- Yo real, lo que somos hoy, que incluye todo lo que sentimos y pensamos.
- Yo ideal, lo que creemos que deberíamos ser.
Cuanto más grande sea la distancia entre ambos, más tensión psicológica se produce. Horney creía que “una persona nunca es consciente del impacto total de la tiranía interior ni de su naturaleza”, pero eso no significa que no se traduzca en un malestar, que generalmente envía señales muy concretas:
- No disfrutas de lo que haces.
- Te exiges demasiado.
- Te sientes insuficiente a menudo.
- Te culpas y vapuleas cada dos por tres.
- Te acompaña una sensación de insatisfacción vital permanente.
Todo eso es el resultado de luchar contra nosotros mismos, de obligarnos a ir en una dirección que, en el fondo, no es la nuestra. De hecho, Horney alertaba de que los “debería” no son simples sugerencias, sino que tienen un fuerte carácter coercitivo.
“Los dictados internos, al igual que la tiranía política en un estado policial, operan con un absoluto desprecio por la condición psíquica de la persona, por lo que puede sentir o hacer tal como es en el presente”. Básicamente, esa voz internalizada no tiene en cuenta cómo estás, tus experiencias vitales y ni siquiera tus límites reales; simplemente dicta lo que “deberías” sentir, pensar o hacer. Y si no lo haces, aparece la culpa.
Como decía Horney, “los ideales tienen un poder vinculante sobre nuestras vidas” porque a menudo se convierten en una forma de autoexigencia que no escucha ni negocia, por lo que poco a poco va desconectándote de ti mismo.
Dejar de mirar tanto afuera y empezar a mirar dentro
A pesar de eso, Horney no creía que los ideales fueran intrínsecamente negativos, pero advertía que pueden convertirse en una máscara. Y el problema de vivir usando una máscara no es solo que agote, sino que con el tiempo olvidamos a la persona que está detrás.
Por eso, a veces el verdadero cambio no empieza planteándonos más objetivos, sino soltando lastre. Empieza a soltar las exigencias imposibles, la necesidad de satisfacer expectativas ajenas, las comparaciones constantes e incluso la visión de la persona que querrías ser.
Cuando sueltas todo eso dejas espacio para que tu “yo verdadero” emerja sin tantas presiones. Quizá descubras que aspiras a objetivos mucho más simples. O tal vez aspires a mucho más de lo que se supone que deberías querer.
Horney no proponía rebajar las expectativas o resignarse, sino tan solo reconectar con uno mismo. Y para ello, es importante que:
- Aceptes lo que sientes, aunque no encaje con lo que se supone que “deberías” sentir.
- Reconozcas tus límites sin convertirlos en defectos terribles.
- Te permitas no funcionar siempre en tu “mejor versión”.
A fin de cuentas, no se trata de dejar de crecer, sino de crecer con sentido, en una dirección que realmente te satisfaga y te llene. Y es que no es lo mismo intentar mejorar desde el rechazo, pensando que no eres suficiente, que desde el reconocimiento de tu realidad y con la vista puesta en lo que quieres realmente.
Referencia:
Horney, K. (1950) The tyranny of the should. En: Neurosis and human growth: The struggle toward self-realization (64-85). W. W. Norton & Company: New York.



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