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Sesgo egocéntrico: Creer que el mundo gira en torno nuestro

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Actualizado: 21/02/2024 por Jennifer Delgado | Publicado: 22/05/2019

Sesgo egocéntrico

Todos somos protagonistas en la película de nuestra vida, pero no debemos caer en el error de pensar que el mundo es un mero telón de fondo, un escenario que debe cambiar según nuestros deseos y necesidades. Este pensamiento, aunque resulta tentador y harto común, es la fuente de nuestras peores frustraciones, desilusiones y enfados porque nos conduce a alimentar expectativas irreales. Debemos ser conscientes de que no vemos el mundo como es, sino como somos. Y también debemos ser conscientes de que todos sufrimos, quien más y quien menos, un sesgo egocéntrico.

¿Qué es el sesgo egocéntrico?

En Psicología, la tendencia a interpretar todo lo que nos sucede de manera personal, según la intensidad con que nos afecte, se denomina “sesgo egocéntrico”.

El sesgo egocéntrico nos ayuda a mantener una narrativa coherente de los eventos de nuestra vida. Cuanto más personalizamos las experiencias, más relevantes son para nosotros y, por tanto, más memorables resultan. Esos recuerdos terminan convirtiéndose en la base de nuestra identidad. Por tanto, de cierta forma el sesgo egocéntrico sería el pegamento que nos permite mantener juntos los diferentes pedazos de nuestra vida.

Sin embargo, debemos tener presente que este sesgo no es más que una ilusión adaptativa. A menudo nos lleva a malinterpretar lo que sucede, hace que nos tomemos las cosas demasiado a pecho y que desperdiciemos una valiosa energía emocional que se escapa en forma de frustración e ira.

¿Cómo funciona el sesgo egocéntrico?

Un estudio realizado en la Tohoku Women’s Junior College reveló cómo funciona el sesgo egocéntrico. Los psicólogos pidieron a los participantes que calificaran una serie de comportamientos propios y ajenos como justos o injustos.

Curiosamente, las personas tendían a calificar los comportamientos ajenos como más injustos y los comportamientos propios como más justos. Esto revela que tenemos la tendencia a atribuirnos los éxitos y comportamientos positivos y proyectar en los demás los fracasos y comportamientos negativos.

También revela que, a la hora de realizar juicios, somos muy parciales. No tenemos problemas para entender nuestros motivos y convertirlos en excusas para nuestras decisiones y comportamientos, pero nos cuesta mucho ponernos en el lugar de los demás.

Otro estudio muy interesante realizado en la Universidad de Shenzhen profundizó en los mecanismos del sesgo egocéntrico a nivel cerebral. Estos neurocientíficos comprobaron que la activación del tálamo puede predecir cuán intenso será nuestro sesgo egocéntrico.

El tálamo se encuentra en lo más profundo del encéfalo y es una especie de “estación de relevo” y centro de integración sináptica donde se produce un primer procesamiento de las señales sensoriales antes de que continúen su trayecto hacia la corteza cerebral.

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En práctica, esta estructura se encarga de cribar las señales insignificantes y dirigir los impulsos sensoriales importantes a las áreas de la corteza somatosensorial y otras zonas del cerebro, determinando a su vez la intensidad e importancia de esos estímulos. Por tanto, el tálamo desempeña un papel clave para dirigir nuestra atención hacia los estímulos que consideramos relevantes.

Eso significa que, cuando somos víctimas del sesgo egocéntrico, damos preferencia a informaciones y estímulos que realmente no son tan importantes, solo porque consideramos que guardan relación con nosotros y nos afectan de alguna forma. Sin embargo, esa visión egocéntrica puede jugarnos una mala pasada, haciendo que pasemos por alto información que podría ser relevante, ya que el tálamo la calificaría como intrascendente o secundaria.

Efecto Foco: Pensar que todos nos miran

De hecho, una de las principales consecuencias del sesgo egocéntrico es el efecto de foco: si vivimos como los protagonistas de la película, casi automáticamente asumiremos que todos nos observan. Entonces cometemos el error de pensar que, dado que somos el centro de nuestro universo, también somos el centro del universo de los demás.

Como resultado, cuando nos relacionamos con los demás, pensamos menos en ellos y más en nosotros. En ciertas circunstancias ese efecto foco puede llegar a ser tan intenso que casi nos lleva a “comportamientos esquizofrénicos”, en el sentido de que dejamos de reaccionar ante lo que ocurre para responder a las imágenes mentales que hemos construido. Se trata de comportamiento totalmente desadaptativos que no tienen en cuenta la realidad.

Un estudio desarrollado en la Universidad de Cornell, por ejemplo, demostró cómo actúa ese efecto foco. Los psicólogos pidieron a los participantes que llevaran por el campus universitario una camisa con una imagen avergonzante. Luego debían estimar cuántas personas se habían dado cuenta. Todos estimaron que habían llamado mucho la atención, pero en la mayoría de los casos pasaron desapercibidos.

Este experimento nos demuestra que cada persona está tan imbuida en su efecto foco, que nota muy poco a los demás.

¿Cómo nos afecta el sesgo egocéntrico?

«Un inconsciente híper dimensionado es siempre egocéntrico. La conciencia no puede hacer nada salvo preservar su propia existencia. Es incapaz de aprender del pasado, incapaz de entender los eventos presentes e incapaz de proyectarse correctamente hacia el futuro«, escribió Carl Gustav Jung.

Centrarnos excesivamente en nosotros, olvidando que formamos parte del mundo, y asumiendo nuestras opiniones como verdades absolutas e inamovibles es una señal de inmadurez e inseguridad que provoca más daños que beneficios.

  1. Nos impide aprovechar las diferencias para crecer. Este sesgo cognitivo hace que confiemos demasiado en nuestro punto de vista y forma de ver el mundo, pensando que es la única posible. Ello nos lleva a ignorar a los demás y subestimar sus opiniones, que en muchos casos pueden ser enriquecedoras.
  2. Añade una presión adicional. Sufrir el sesgo egocéntrico también nos añade una presión adicional ya que nos preocupamos demasiado por la imagen que proyectamos. Esa presión nos lleva a cometer más errores y nos vuelve irritables innecesariamente.
  3. Nos aleja del mundo. Para relacionarnos mejor y aprovechar lo que el mundo nos ofrece, primero necesitamos calmar el ego. Estar demasiado centrados en nosotros mismos nos impide ver las situaciones con claridad y abordarlas de manera adaptativa.
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¿Cómo superar el sesgo egocéntrico?

El primer paso para superar el sesgo egocéntrico es asumir que todos, en mayor o menor medida, lo sufrimos. Nadie escapa a su influjo. Por tanto, debemos comenzar por preguntarnos hasta qué punto estamos reaccionando ante la situación y hasta qué punto nos estamos dejando llevar por nuestros deseos, expectativas y/o emociones.

Asumir una distancia psicológica de lo que nos sucede también es fundamental para disminuir el efecto del sesgo egocéntrico. Existe una técnica muy interesante que consiste en imaginar que la mente contiene más de un “yo”. Implica desligar, por ejemplo, el “yo sufriente” del “yo distante”.

Es una especie de “jujitsu lingüístico”, un desdoblamiento que nos ayuda a mejorar nuestro estado de ánimo y a reaccionar mejor ante los acontecimientos, moviendo el foco de atención del interior al exterior. A través de este ejercicio, le brindamos oxígeno psicológico a nuestro “yo sufriente”, para que pueda ver la experiencia negativa con otros ojos, de forma más realista y desapegada.

Otro paso para superar el sesgo egocéntrico consiste en preocuparnos un poco menos por la imagen que proyectamos. Se trata de bajar un poco la guardia para poder relacionarnos con los demás de manera más auténtica. Ello generará automáticamente un efecto de reciprocidad emocional; o sea, quienes nos rodean también se relajarán y abrirán, de manera que el foco que antes se dirigía hacia nuestro “yo” se convierte en una especie de reflector, expansivo y compartido que nos permite conectar desde nuestra esencia. 

Fuentes:

Feng, C. et. Al. (2018) The neural signatures of egocentric bias in normative decision-making. Brain Imaging Behav; 13(3): 685-698.

Gilovich, T. & Husted, V. (2000) The Spotlight Effect in Social Judgment: An Egocentric Bias in Estimates of the Salience of One’s Own Actions and Appearance. Journal of Personality and Social Psychology; 78(2): 211-222.

Tanaka, K. (1993) Egocentric bias in perceived fairness: Is it observed in Japan? Social Justice Research; 6 (3): 273–285.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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