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Síndrome de Alta Exposición, cuando te intentan hundir porque sobresales

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Síndrome de Alta Exposición

Periandro, gobernante de Corinto, envió un mensajero a Trasíbulo, gobernante de Mileto, para preguntarle cómo podía gobernar mejor su ciudad. Trasíbulo condujo al mensajero fuera de la ciudad hasta un campo sembrado. Mientras caminaba por el trigo, se preguntaba por qué aquel mensajero había acudido a él. Mientras esa pregunta rondaba su mente, iba cortando las espigas de trigo más altas que encontraba en su camino, hasta que terminó destruyendo la parte mejor de la cosecha. 

Al final, decidió no decir ni una palabra y envió al mensajero de vuelta. Cuando el heraldo regresó a Corinto, Periandro deseaba escuchar qué consejo le traía, pero el hombre le dijo que Trasíbulo no le había dado ninguno. El mensajero agregó que era un hombre extraño, un loco y un destructor de sus propias posesiones. Le contó a Periandro lo que había visto. 

Sin embargo, Periandro creyó entender en aquellas acciones de Trasíbulo un consejo implícito: debía matar a los habitantes que tenían una influencia o habilidad sobresalientes. Y así se convirtió en el tirano que recuerda la historia.

Esta historia, contada por Heródoto y recogida por Aristóteles, inspiró lo que en muchos países anglosajones se conoce como “síndrome de alta exposición”.

¿Qué es el síndrome de alta exposición?

El síndrome de alta exposición afecta a las personas que destacan de la media, ya sea por sus elevadas habilidades, sus excelentes cualidades o porque han alcanzado un gran éxito. Relacionado con el síndrome de Procusto, también se le conoce como el síndrome de la amapola alta porque se espera que todas las plantas crezcan a la misma velocidad y altura, por lo que a aquellas que crecen demasiado rápido, se les reduce su altura.

De la misma manera, en grupos o sociedades que promueven principios igualitarios, elevarse por encima de la media se considera antisocial puesto que va contra la cultura dominante. Como resultado, esas personas despiertan en los demás sentimientos de hostilidad que dan paso a actitudes y comportamientos perjudiciales para intentar derribarlas.

Por ende, el síndrome de alta exposición implica el deseo de “aplastar” a los triunfadores o personas excepcionales para que se adapten a la media.

¿Por qué las personas excepcionales llegan a molestar?

Según Max Weber, sociólogo alemán, en ciertos grupos sociales ganar prestigio y poder es un juego a suma cero, por lo que existe una tendencia más marcada a querer derribar a las “amapolas altas”.

En práctica, en esos grupos solo hay una cantidad limitada de prestigio que se debe compartir entre sus miembros, así como una cantidad específica de atención, autoridad y recursos. Según su teoría, para que alguien suba, otro debe caer, ya que solo así se puede mantener el equilibrio.

Por eso, una persona prestigiosa, talentosa o exitosa es vista como un obstáculo por los otros. Como resultado, es probable que el grupo haga todo lo que esté a su alcance para disminuir el poder o el éxito de esa persona.

De hecho, un estudio realizado con más de 2.000 estudiantes reveló que estos se sentían más satisfechos cuando un buen alumno sacaba malas notas y bajaba en el escalafón general que cuando un estudiante promedio fallaba en los exámenes, probablemente debido a que estos últimos no eran considerados como «competidores».

Mecanismo social detrás del síndrome de alta exposición

El síndrome de alta exposición puede estar presente en cualquier contexto. Aunque es más común en los centros de trabajo y las escuelas, también puede ocurrir en el seno de la familia. A lo largo de la historia, muchos pioneros en diferentes campos de la ciencia han sido considerados “amapolas altas” y la comunidad científica se esforzó por denigrar sus descubrimientos o teorías.

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En la década de 1840, por ejemplo, Ignaz Semmelweis, un médico húngaro que trabajaba en el Hospital General de Viena, observó una diferencia crucial: la tasa de mortalidad era mucho más alta en la sala atendida por médicos y estudiantes de medicina que en la atendida por matronas. Tras una investigación, dedujo la causa: los médicos y estudiantes realizaban autopsias y luego, sin lavarse las manos, atendían partos y examinaban a las parturientas, trasladando así «materia cadavérica» invisible. Instituyó un protocolo obligatorio de lavado de manos con una solución de cloruro cálcico.

Sin embargo, la establecida comunidad médica, ofendida por la acusación de que ellos eran los vectores de la enfermedad y aferrada a teorías obsoletas, ridiculizó su idea, lo acosó profesionalmente y lo llevó a la ruina, muriendo ignorado en un manicomio, solo para ser vindicado años después cuando Pasteur demostró la teoría germinal.

No obstante, más allá de la dinámica social que tiende a aplastar a aquellas personas que sobresalen demasiado, lo cierto es que el síndrome de alta exposición no se reduce a un fenómeno social, sino que tiene unas profundas raíces psicológicas.

A algunas personas les resulta complicado apreciar de manera genuina y sin rastro de envidia los logros o cualidades de los demás. Como dijera el escritor Elbert Hubbard, “Existe algo mucho más escaso, exquisito y raro que el talento: el talento de reconocer a los talentosos”.

El problema es que las personas que sobresalen pueden ser percibidas como un peligro para el ego de quien no se siente a la altura. Entonces, para evitar que la autoestima se resienta, esas personas intentan derribar al otro poniendo en práctica diferentes acciones:

  • Menospreciar el éxito con frases como “fue tan solo buena suerte”.
  • Menospreciar las habilidades y el trabajo duro de los demás.
  • Señalar pequeños errores o fallas irrelevantes en vez de felicitarle por los grandes logros.
  • Negarse a colaborar, para que esa persona no tenga éxito.
  • Ponerle la zancadilla.
  • Criticarle a cada paso que da para disminuir su valía.
  • Resaltar los campos en los que no es tan bueno, para intentar rebajar sus logros o capacidades.

Las consecuencias del síndrome de alta exposición

Dos investigaciones realizadas en la Universidad de Canterbury y Waikato descubrieron que una cultura matizada por el síndrome de alta exposición puede generar una disminución del rendimiento promedio de hasta un 20%. 

Estos psicólogos confirmaron además que las personas que sufren los “comportamientos de poda” por parte de los demás pueden comenzar a presentar:

  • Miedo a destacar, ya que aprenden que no es bien visto. Aparece una ansiedad ante el éxito, ya que comprenden que destacar atrae críticas, envidia y rechazo. Esa asociación negativa puede llevarlos a un sabotaje inconsciente en el que se evitan oportunidades o se resta importancia al talento para pasar desapercibidos y evitar el castigo social.
  • Inseguridad personal, ya que no pueden expresarse como son. Las críticas recurrentes hacia sus capacidades o logros acaba generando dudas sobre su valía y autenticidad. Las personas pueden llegar a pensar que «hay algo malo» en su forma de ser, lo que las lleva a cuestionar constantemente sus decisiones y a crear una fachada más «aceptable» para ocultar su verdadero «yo», lo que fractura su identidad.
  • Ostracismo, ya que generalmente se vuelcan en sí por el miedo al rechazo y la crítica. Ante el rechazo constante, estas personas se retiran como un mecanismo de defensa. Este aislamiento autoimpuesto no es por falta de sociabilidad, sino una estrategia para protegerse del dolor de las críticas destructivas y la incomprensión, lo que termina privándolas del apoyo social tan necesario para el bienestar.
  • Baja autoestima y reticencia a compartir sus logros con los demás. La invalidación constante de sus triunfos erosiona la autoestima, haciendo que estas personas tiendan a atribuir sus éxitos a la suerte o el azar (o que incluso sufran lo que se conoce como síndrome del impostor). Como resultado, es probable que oculten sus méritos, anticipando que serán minimizados o usados en su contra, lo que les impide disfrutar del reconocimiento y reforzar una imagen positiva de sí mismo.
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Como resultado, el equilibrio mental de estas personas termina cediendo, por lo que es más probable que padezcan depresión o ansiedad.

¿Qué hacer? El cambio de mentalidad necesario

Benjamin Franklin Fairless, el presidente de United States Steel Corporation nos brindó el mejor consejo: “no se puede fortalecer a uno debilitando a otro; y no se puede aumentar la estatura de un enano cortando la pierna de un gigante”.

De hecho, a nivel social y empresarial el síndrome de alta exposición actúa como una enorme barrera para el desarrollo. Una investigación realizada en Nueva Zelanda, por ejemplo, constató que atacar al que sobresale disminuye las probabilidades de emprender, poner en marcha buenas ideas y disminuye la predisposición a asumir riesgos e innovar.

Para acabar con el síndrome de alta exposición debemos comprender que las comparaciones son innecesarias y contraproducentes. Todos somos diferentes y brillamos de manera distinta. También necesitamos comprender que todos tenemos limitaciones y que no es necesario llegar hasta donde llegan los demás. Cada quien debe buscar su camino a la felicidad, no al éxito.

Debemos sentirnos agradecidos por la diversidad, en vez de verla como un peligro. Solo cuando realicemos ese cambio de mentalidad, a nivel personal y social, podremos dejar que cada amapola crezca a su propio ritmo y llegue hasta donde desee llegar.

Referencias:

Dediu, A. (2015) Tall Poppy Syndrome and its effect on work performance. A dissertation submitted in partial fulfilment of the requirements for the Degree of Master of Science in Applied Psychology. Nueva Zelanda: Universidad de Canterbury.

Spacey, S. (2015) Crab Mentality, Cyberbullying and “Name and Shame”. Semantic Scholar.

Martínez, O. (2014) La ofensiva de Ignaz Semmelweis contra los miasmas ineluctables y el nihilismo terapéutico. Acta Médica Colombiana; 39(1).

Kirkwood, J. (2007) Tall poppy syndrome: Implications for entrepreneurship in New Zealand. Journal of Management & Organization; 13(4): 366–382.

Feather, N. T. (1989) Attitudes towards the high achiever: The fall of the tall poppy. Australian Journal of Psychology; 41(3): 239-267.

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Soy psicóloga (No. Colegiada P-03324). Por profesión y vocación. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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