
¿Cuál es la clave para envejecer bien? Si sientes curiosidad por saber la respuesta, quizás ya estés en el buen camino, según un grupo de psicólogos de la UCLA. Su investigación sugiere que mantener viva la curiosidad y el deseo de aprender cosas nuevas, también a una edad avanzada, podría contrarrestar o incluso prevenir la demencia. En cambio, quienes se muestran apáticos y desinteresados podrían correr un riesgo mayor de desarrollar enfermedades neurodegenerativas.
¿Qué tipos de curiosidad existen?
La curiosidad no es un fenómeno unitario, puede manifestarse de forma transitoria o como un rasgo más estable de la personalidad. Por tanto, podemos distinguir entre dos tipos de curiosidad: estado y rasgo.
La curiosidad rasgo es una característica relativamente estable de la personalidad. Se refiere a una una inclinación estable hacia el descubrimiento, a interesarse por el mundo, buscar activamente nueva información y a disfrutar del aprendizaje y la exploración.
Las personas con alta curiosidad rasgo suelen:
- Hacer muchas preguntas.
- Disfrutar de los retos.
- Sentirse motivadas por lo desconocido.
- Buscar activamente experiencias nuevas.
De hecho, la curiosidad rasgo se asocia a la apertura a la experiencia, la creatividad, la resiliencia y un mayor bienestar psicológico. Es como tener un «motor interno» que nos empuja a descubrir constantemente.
La curiosidad estado es un impulso momentáneo que surge ante un estímulo específico. Es más transitoria y depende del contexto. Se activa cuando algo despierta nuestro interés, sobre todo si sentimos que nos falta información o algo nos intriga o sorprende.
- Aparece cuando algo novedoso o extraño capta nuestra atención.
- La información es incompleta o ambigua.
- Deseo de buscar una respuesta para calmar la “incomodidad” de no saber.
- Experimentar una especie de “urgencia cognitiva” que desaparece al resolver la duda.
- Activación emocional ante la sorpresa, la novedad o lo inesperado.
Algunas personas, por ejemplo, podrían no ser muy curiosas por naturaleza, aceptan las cosas como vienen en general y no investigan más (curiosidad rasgo). Sin embargo, podrían sentir curiosidad puntualmente por algún tema o tener una afición específica en la que profundizan más de lo habitual (curiosidad estado).
Obviamente, todos tenemos distintos grados de curiosidad rasgo y estado. No obstante, la ciencia ha constatado que la curiosidad rasgo suele disminuir con la edad. Al acumular más experiencias de vida y conocimientos, es normal que el abanico de la novedad se restrinja y, por ende, seamos menos curiosos que cuando éramos niños o adolescentes y teníamos todo el mundo por descubrir.
Sin embargo, no es una regla válida para todos. Muchas personas mayores siguen mostrando una actitud muy curiosa y les interesa aprender cosas nuevas o desarrollar otras habilidades. Ese impulso también responde a la curiosidad estado.
Seguir siendo curiosos con el paso de los años
Para distinguir los dos tipos de curiosidad, los investigadores reclutaron a personas de entre 20 y 84 años, quienes rellenaron un cuestionario para evaluar su nivel de curiosidad rasgo. Luego, les pidieron que intentaran adivinar las respuestas a preguntas difíciles, como: «¿Cuál fue el primer país en dar a las mujeres el derecho al voto?».
A continuación, los investigadores les preguntaron cuánto les interesaba conocer las respuestas para evaluar su nivel de curiosidad estado. Así comprobaron que ambos tipos de curiosidad están correlacionados: las personas más curiosas por naturaleza también tienen una mayor curiosidad estado, algo que no debería asombrarnos.
No obstante, también descubrieron otras correlaciones interesantes. Comprobaron que la curiosidad rasgo suele disminuir a lo largo de la vida adulta. Y que el interés de las personas por aprender cosas nuevas, una medida de la curiosidad estado, varía a lo largo de la vida. Disminuye al principio de la edad adulta, pero luego puede aumentar considerablemente después de la mediana edad y seguir creciendo hasta bien entrada la vejez.
O sea, el envejecimiento no «mata la curiosidad». Al contrario, esta nos ayuda a envejecer mejor mentalmente.
¿Por qué la curiosidad es buena para el cerebro?
Estos psicólogos creen que “a medida que envejecemos, no queremos dejar de aprender, simplemente somos más selectivos con lo que deseamos incorporar […] Cuando vamos envejeciendo, quizás queramos centrarnos en lo más importante y descartar lo que nos resulta menos relevante”.
De hecho, la curiosidad estado puede ser beneficiosa por múltiples razones:
- Activa múltiples redes cognitivas. La curiosidad demanda una atención sostenida, memoria de trabajo, razonamiento, procesamiento emocional y toma de decisiones. Esa especie de “coctel cognitivo” estimula el cerebro de manera global, creando nuevas conexiones sinápticas y reforzando las existentes.
- Promueve la neuroplasticidad. La exposición a nuevas experiencias y aprendizajes activa la neurogénesis, sobre todo en el hipocampo, una región clave en la memoria que suele afectarse en la demencia. Ese proceso ayuda al cerebro a responder mejor al envejecimiento, manteniéndose activo durante más tiempo.
- Aumenta la dopamina, el neurotransmisor de la motivación. Cuando sentimos curiosidad, el cerebro libera dopamina, lo que aumenta la motivación para aprender y mejora la consolidación de la memoria. Además, la dopamina contribuye a contrarrestar el deterioro dopaminérgico asociado al envejecimiento y a enfermedades como el Parkinson.
- Refuerza la reserva cognitiva. La reserva cognitiva es la capacidad del cerebro para compensar el daño o el envejecimiento gracias a un mayor desarrollo de redes neuronales eficientes. Las personas que se mantienen mentalmente activas y curiosas a lo largo de la vida tienden a desarrollar más reserva cognitiva, lo que significa que incluso si sufren una demencia, los síntomas tardarán más en manifestarse o serán menos intensos.
La curiosidad no solo mantiene el cerebro en forma: le recuerda que aún tiene algo por descubrir. Y no, no hace falta matricularse en astrofísica ni aprender cinco idiomas. A veces, basta con preguntarse cosas en las que nunca habíamos reparado, preparar un plato completamente nuevo o atrevernos a aprender algo nuevo que nos motive.
No se trata de acumular conocimientos, sino mantener encendida la llama de la sorpresa. Mientras sigas preguntándote “¿por qué?”, tu cerebro seguirá respondiendo: “¡Vamos a investigarlo!”. Y eso puede marcar la diferencia entre una mente que se apaga lentamente y otra que sigue conectando, aprendiendo y disfrutando del mundo.
Referencias Bibliográficas:
Mary, C. et. Al. (2025) Curiosity across the adult lifespan: Age-related differences in state and trait curiosity. PLOS One; 20 (5): e0320600.
Daffner, K. R. et. Al. (1992) Diminished curiosity in patients with probable Alzheimer’s disease as measured by exploratory eye movements. Neurology; 42(2): 320-328.



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