
“No te lo tomes de forma personal”, habrás escuchado mil y una veces.
Pero, ¿cómo no te vas a tomar como algo personal el atasco que te impidió llegar a tiempo a una entrevista de trabajo importante? ¿O la música a todo volumen del vecino hasta las tantas de la madrugada cuando al día siguiente debes madrugar para ir a trabajar?
Aunque este consejo/mantra/máxima tiene la mejor de las intenciones y han corrido ríos de tinta intentando explicarnos cómo no tomarnos las cosas demasiado a pecho, lo cierto es que todo lo que nos ocurre es personal por una razón muy sencilla: nos ocurre a nosotros.
En la vida, es difícil encontrar una experiencia emocional “neutra” porque nuestra subjetividad filtra incluso los eventos más pequeños. Y eso no es malo. El verdadero problema no es que nos tomemos todo de forma personal, sino que no seamos capaces de gestionarlo y dejemos que nos afecte demasiado. Parece lo mismo, pero no lo es.
“No te tomes nada personal”, el despropósito detrás del mantra de la madurez
Decirle a alguien que no se tome algo de manera personal muchas veces es como pedirle que no sienta lo que está experimentando o que haga caso omiso de ello y siga como si nada hubiera pasado. Y eso rara vez ayuda.
De hecho, en muchas ocasiones este consejo genera una presión psicológica adicional porque, al impacto de lo que nos ocurre, se le suma la sensación de culpa por “reaccionar mal”. Entones empieza un segundo acto en nuestra cabeza alimentado por frases como: “esto no debería afectarme” o “estoy exagerando”.
Presionarse para no tomarse las cosas demasiado a pecho suele esconder la exigencia implícita de anestesia emocional. Es como si creyésemos que la madurez psicológica consiste en no sentir o en sentir lo mínimo posible.
Sin embargo, las emociones no se eligen. No tenemos un interruptor que nos permita encender o apagar nuestro universo afectivo. No podemos elegir el primer impacto de las cosas, solo podemos trabajar en nuestra interpretación posterior y decidir cómo reaccionar a partir de ese punto.
Todo es personal… pero no todo es una afrenta o un ataque
Hay un matiz clave que solemos olvidar: que algo nos afecte no significa necesariamente que esté dirigido a nosotros.Una persona puede mostrarse distante simplemente porque está agotada. Un comentario puede ser torpe o incluso herir, pero no ser malintencionado. Un rechazo puede deberse a limitaciones ajenas, no a un juicio sobre nuestro valor.
Cuando algo nos afecta es porque, de algún modo, toca alguna fibra importante. No se debe a que seamos frágiles o inmaduros, sino a que nos sentimos implicados. Y estar implicados emocionalmente no es malo.
Sentir que algo nos toca no es el problema, el verdadero problema aparece cuando:
- Añadimos intención a gestos, comportamientos o eventos aleatorios.
- Confundimos el impacto emocional con una intención dañina.
- Nos quedamos rumiando, buscando pruebas y reviviendo escenas.
De hecho, los estudios sobre la rumiación demuestran que dar demasiadas vueltas a las cosas es uno de los principales predictores de la depresión. Investigadores de la Universidad de Bordeaux también constataron que rumiar después de vivir situaciones estresantes empeora el estado de ánimo y agrava los síntomas de la depresión y la ansiedad.
Eso significa que, más allá de la gravedad del evento estresante, la manera en que lo abordamos es clave. Dar vueltas a lo ocurrido genera un mayor malestar emocional y comportamientos menos adaptativos. Por tanto, la clave radica en soltar.
No necesitamos menos sensibilidad, sino más perspectiva
El consejo “no te lo tomes nada personal” no significa convertirse en una piedra a la que todo le resbala o en un monje zen imperturbable, como solemos creer. En realidad, solo nos anima a mirar las cosas con perspectiva y no asumir que detrás de todo lo que nos ocurre hay una intención malsana dirigida especialmente contra nosotros.
¿Por qué es importante ese matiz?
Porque nos ayuda a eliminar la rumiación. Si el universo no está conspirando en nuestra contra y los demás simplemente están demasiado ocupados con sus problemas como para urdid un plan para molestarnos, evitaremos quedarnos horas y horas dándole vueltas a lo ocurrido, amplificando su impacto en nuestra mente.
Por tanto, no tomarse algo demasiado a pecho no significa blindarse contra las emociones, sino ser capaces de no quedarnos atascados en ellas, para no sacar las cosas de contexto y darle más importancia de la que merecen al tomarlas como un “ataque personal”.
O sea, no es tomárselo personal lo que nos desgasta, sino no ser capaces de soltarlo. Es como sostener un pisapapeles. Podemos tenerlo en la mano un rato, pero será inviable sostenerlo durante horas y horas seguidas.
Todo lo que nos ocurre es personal porque nos pasa a nosotros. Porque impacta en nuestra historia, desbarata nuestros planes o hace añicos nuestras expectativas. Negarlo es deshumanizarnos. El trabajo psicológico no va de dejar de tomarnos las cosas como personales, sino de aprender a no vivirlas siempre como ataques, juicios o amenazas.
Sentir no es el problema. Aferrarse, sí.
Referencias:
Ruscio, A. M. et. Al. (2015) Rumination predicts heightened responding to stressful life events in major depressive disorder and generalized anxiety disorder. J Abnorm Psychol; 124(1): 17-26.
Nolen-Hoeksema, S., Wisco, B. E., & Lyubomirsky, S. (2008) Rethinking rumination. Perspectives on Psychological Science; 3(5): 400–424.



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