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Personas pasivo-agresivas, sonrisas que esconden veneno

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Actualizado: 29/04/2024 por Jennifer Delgado | Publicado: 27/10/2017

Personas pasivo-agresivas
 

Para muchas personas, la perspectiva de una confrontación es simplemente aterradora. Ya sea porque les da miedo convertirse en la diana de la ira o porque se sienten incómodas ante la idea de que puedan dañar la relación. Las personas pasivo-agresivas lo saben, y lo utilizan a su favor. De hecho, a menudo seleccionan a sus “víctimas” porque saben que estas no se atreven a desenmascarar la ira que se esconde detrás de sus palabras y actitudes.

La mala noticia para quienes evitan la confrontación es que, si el comportamiento pasivo-agresivo no se enfrenta, terminará creando a su alrededor una tela de araña. La buena noticia es que poner en práctica una confrontación positiva puede romper ese círculo vicioso de manipulación. Se trata de decidir no aceptar en silencio el comportamiento pasivo agresivo de otra persona.

¿Por qué el comportamiento pasivo-agresivo no es una buena idea?

Un comportamiento pasivo-agresivo es aquel que camufla la ira, el rencor, la rabia o incluso el odio que se encuentra en su base, para expresarse de manera “políticamente correcta”. Sin embargo, su objetivo no es ser asertivo sino causarle daño al otro evitando una confrontación directa. De hecho, se trata de una forma de abuso en la que la persona se comporta de manera elusiva, ambigua y evasiva a propósito.

A primera vista puede parecer que este comportamiento es más funcional que el estilo de afrontamiento agresivo pero lo cierto es que hace tanto daño como la agresividad manifiesta. De hecho, no solo afecta las relaciones interpersonales ya que esta persona va generando malestar a su paso sino que también aumenta tanto el riesgo de sufrir todo tipo de enfermedades relacionadas con el estrés. Varios estudios han relacionado el estilo de afrontamiento pasivo-agresivo con una mayor propensión a padecer trastornos de personalidad y sufrir infartos o ictus.

En muchos casos, la persona desarrolla un estilo pasivo-agresivo porque no sabe relacionarse de otra manera. Comprende que la agresividad no está bien vista a nivel social, pero no sabe canalizar asertivamente y de forma madura esas emociones negativas. Por eso las camufla.

Sin embargo, debe quedar claro que el comportamiento pasivo-agresivo no resuelve ningún problema sino que crea nuevos conflictos, y ni siquiera es útil para que la persona canalice sus emociones y sentimientos ya que, para lograr su objetivo, debe mantenerlos bajo un férreo control.

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7 estrategias que usan las personas pasivo-agresivas

  1. El tratamiento silencioso. Consiste en ignorar por completo a la otra persona, negándose a dirigirle la palabra o tratándola de modo extremadamente frío. En los casos más extremos, incluso se obvia su presencia, intentando que parezca accidental, aunque en realidad es un comportamiento deliberado.
  2. Los insultos sutiles. Todos reconocemos un insulto directo, pero los insultos de las personas pasivo-agresivas son difíciles de identificar. A menudo camuflan el insulto con un cumplido, pero cuando te detienes a pensarlo, te das cuenta de que se trata de un insulto disfrazado dirigido a lastimar tus puntos débiles. De hecho, una de las herramientas preferidas de las personas pasivo-agresivas es el sarcasmo, de manera que te dejan con la duda de si realmente te han insultado o no.
  3. El comportamiento malhumorado. Es incómodo estar cerca de personas que siempre están malhumoradas o que se quejan constantemente. Las personas pasivo-agresivas no responden directamente, pero se enfadan y no lo dicen, de manera que llenan el ambiente de una tensión enorme, haciendo que todos a su alrededor se sientan incómodos, sin comprender exactamente qué ha pasado.
  4. La terquedad. Ser obstinado puede ser un rasgo de personalidad e incluso puede ser beneficioso en algunas situaciones, pero a veces se convierte en una manera para castigar a los demás. En este caso, notarás que la persona se aferra a su posición, aunque se da cuenta de que no tiene argumentos a su favor, tan solo lo hace para molestar.
  5. El sabotaje. Dado que las personas pasivo-agresivas no resuelven los problemas de forma madura, a menudo recurren a tácticas indirectas para infligir daño. Estas personas no te dirán directamente que no quieren hacer algo, pero recurrirán al sabotaje para no tener que implicarse o hacer que el proyecto salga mal. También pueden recurrir al chantaje, aunque de forma sutil, para limitar tu libertad de acción y decisión.
  6. La victimización. La persona pasivo-agresiva no busca una confrontación directa, por lo que a menudo se hace pasar por víctima para generar la sensación de culpa en los demás y así poder manipularlos.
  7. La resistencia ignorante. Cuando intentas desenmascarar a una persona pasivo-agresiva, esta no asumirá la responsabilidad por sus palabras o actitudes. Negará que ha dicho eso y dirá que es fruto de tu mente. Esto es algo particularmente frustrante.
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¿Cómo lidiar con una persona pasivo-agresiva? 

  1. Identifica el comportamiento. El primer paso consiste en detectar el comportamiento pasivo-agresivo y comprender que se trata de hostilidad disfrazada. No debemos dejarnos engañar por su aparente inocuidad porque en el fondo esconde una agresividad camuflada.
  2. Pide aclaraciones. A menudo las personas pasivo agresivas abandonan su táctica de manipulación cuando se dan cuenta de que las han puesto al descubierto. No es necesario enfadarse ni subir el tono, pero cuando estas personas recurran al sarcasmo o a insultos sutiles, puedes simplemente preguntarle: “¿Qué has querido decir?”. Pedirle que sean más específicos los pone contra las cuerdas, por lo que suele bastar para detener su avance.
  3. Desenmascara la emoción. En toda relación existen dos partes, lo cual significa que para que el comportamiento pasivo-agresivo siga adelante, la persona debe contar con tu “complicidad”. No le sigas el juego y, en su lugar, desenmascara la emoción que está en la base de sus palabras o actitudes. Puedes decir: “Percibo que estás molesto y enfadado”.
  4. Gestiona la negación. Cuando pones al descubierto un comportamiento pasivo-agresivo, la primera reacción de la persona es negar esas intenciones. Es normal ya que no desea una confrontación directa. En este punto es importante que no te frustres y recurras a un estilo de comunicación asertivo. No se trata de salirte con la tuya sino de resolver un conflicto en el que todos deben ganar. Por tanto, ante la negación, puedes decir: “Supuse que estabas enfadado por tus palabras, y porque yo en tu lugar lo estaría”, de esta manera muestras empatía y haces que la persona baje sus defensas.
  5. Establece límites. Hay ocasiones en las que no hay más remedio que recurrir a un estilo de afrontamiento directo. En ese caso, debes dejar claro, sin enfadarte, que no tolerarás ningún tipo de chantaje emocional, actitud victimista o sarcasmo. Cuando lo hagas, es importante que te pongas en el lugar de esa persona, quien probablemente no sabe relacionarse de otra manera. Resalta sus puntos fuertes y haz hincapié en tu voluntad de dialogar, pero desde el respeto, dejando fuera la manipulación.
Fuente:
Hongying, F. et. Al. (2016) Predicting personality disorder functioning styles by the Chinese Adjective Descriptors of Personality: a preliminary trial in healthy people and personality disorder patients. BMC Psychiatry; 16(1): 302.
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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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