
Mira a tu alrededor. El mundo parece gritarte que cada segundo cuenta, que cada acción debe producir algo, que cada pensamiento debe rendir frutos… Y tú, inevitablemente, te lo crees. Te levantas cada día muy temprano, revisas el correo, planificas la jornada y miras el calendario como si fuera un mapa del tesoro que te conducirá directamente al éxito.
Hoy, hasta el ocio ha sucumbido a la lógica del rendimiento. Como resultado, ya no descansamos, sino que recargamos las pilas. Y cuando nos vamos de vacaciones, el objetivo es “disfrutar”, exhibir y hacer fotos para acumular “me gusta” en las redes sociales. Queremos exprimirlo todo, hasta el descanso, por lo que no es extraño que en estos tiempos performativos cada gesto se convierta en una reafirmación de productividad y se nos olvide la importancia de lo aparentemente “inútil”.
Lo «inútil» como espacio para existir
Caminar sin rumbo fijo por el simple placer de hacerlo, mirar el cielo buscando formas en las nubes como cuando eras pequeño, escuchar música para fundirte con ella, tumbarte en el sofá mientras tus pensamientos divagan, quedarte mirando por la ventana…
A simple vista, parece que nada de eso sirve para nada. No produce, no te enseña, no se publica en Internet y ni siquiera te acerca a una meta. Sin embargo, hacer cosas que no sirvan para nada tiene un efecto psicológico muy profundo: te recuerda que existes más allá de lo que haces.
Y no me refiero al ocio deliberado, esos momentos de descanso o desconexión planificados en la agenda que en realidad solo tienen el objetivo de recargarte para seguir produciendo. Me refiero a esos momentos vacíos que surgen espontáneamente y rompen la tiranía de la productividad constante.
La utilidad no es la única medida de valor. Aristóteles hablaba del ocio como un espacio para la contemplación, un espacio para pensar en la vida y en uno mismo. Y los taoístas consideraban que la contemplación sin finalidad era el camino hacia la iluminación interior. En lo que supuestamente “no sirve para nada” se abre un espacio para mirarnos de frente, sin filtros ni máscaras.
Lo “inútil” tiene un poder silencioso porque te recuerda que tu existencia no se mide únicamente en resultados, logros o eficiencia. Te permite resistir la presión constante de ser productivo y te devuelve al presente. Te enseña que estar vivo, simple y llanamente, ya es suficiente.
La belleza de lo «inservible»
En la época que nos ha tocado vivir, cada minuto que no produzca resultados se percibe como tiempo perdido. Hemos llegado hasta tal punto que nos sentimos culpables por sentarnos tranquilamente sin hacer nada. Pero hay una belleza silenciosa en lo que parece inútil o inservible a ojos de muchos, es como una poesía que no necesita ser explicada ni justificada.
Por ejemplo, leer una novela, solo para disfrutar de la maestría con la que se han hilvanado las palabras, sin intención de comentarla en las redes sociales, es un acto de rebeldía contra un mundo que exige utilidad constante. Es la prueba de que la utilidad no es la única manera de valorar la existencia.
En este sentido, estudios recientes revelan que pensar que el ocio y el descanso son una pérdida de tiempo se asocia a una peor salud mental, menos felicidad y más depresión, ansiedad y estrés. En cambio, cuando aceptamos que ciertos momentos no deben servir para nada específico, creamos un refugio donde el alma puede respirar a sus anchas. Es ahí donde lo cotidiano se vuelve extraordinario.
Hay días en los que mirar cómo se filtra la luz entre las hojas de un árbol puede llenarte más que cualquier logro y escuchar la lluvia repiqueteando en la ventana puede darte más calma que cualquier curso de mindfulness.
En lo «inservible» o «inútil» también hay belleza porque te enseña a percibir sin juzgar, a admirar sin poseer y a estar presente sin esperar resultados. No hay meta, no hay utilidad, y sin embargo, todo esto te transforma y revitaliza por dentro.
Por tanto, ¿cuándo fue la última vez que pusiste tu existencia por encima de los resultados? Hoy, por un rato, haz algo que no sirva para nada. Sin justificarte, sin sentirte culpable y sin expectativas. Permítete vivir algo que solo te pertenezca a ti, aunque el mundo diga que es inútil.
Referencias:
Alves Costa, T. (2026) ¿Qué hacemos hoy que no sirva para nada? En: Ethic.
Tonietto, G. N. et. Al. (2021) Viewing leisure as wasteful undermines enjoyment. Journal of Experimental Social Psychology; 97: 104198.



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