Actualizado: 08/01/2026 por Jennifer Delgado | Publicado: 07/06/2014

¿Sientes que no eres suficiente? ¿Te criticas más de lo que te elogias? A veces lo que mina tu autoestima no son los grandes fracasos y ni siquiera los pequeños errores, sino hábitos cotidianos que pasan desapercibidos pero que crean un patrón de pensamiento que lastra tu capacidad para apreciar lo que haces y valorarte adecuadamente.
En mi experiencia, estos hábitos provienen de la infancia, de un entorno familiar donde no primaba el amor propio. Los padres con una baja autoestima a menudo les transmiten a sus hijos determinados hábitos mentales que les impiden amarse y aceptarse. En otros casos, son un diálogo mental que has interiorizado, sobre todo si de pequeño tu entorno te menospreciaba.
La buena noticia es que ser conscientes de estos hábitos es el primer paso para eliminarlos y desarrollar una autoestima sana. No podemos borrar los hábitos que nos han transmitido en la infancia, pero tenemos el poder para cambiar nuestra forma de pensar como adultos.
¿Cuáles son los hábitos que destruyen la autoestima?
La autoestima es, básicamente, el aprecio que te tienes y depende en gran medida de cómo te ves y te hablas. Por tanto, lo que te dices marcan la diferencia. Un estudio realizado en la Effat University comprobó que un diálogo interior negativo y excesivamente autocrítico afecta la autoestima. Sin embargo, ese guion mental está tan automatizado, que es probable que ni siquiera te des cuenta del daño que te hace.
1. Descalificarse continuamente
Para un momento y escucha atentamente tu diálogo interno. ¿Qué te dices? ¿Te repites a menudo que no vales para nada y que no tienes las cualidades necesarias para tener éxito en la vida? ¿Te dices cosas que no le dirías a tu mejor amigo?
Ese diálogo, que probablemente alguien te transmitió en algún momento, solo sirve para denigrarte y cerrarte las puertas a las oportunidades. Obviamente, el problema no es criticarse de vez en cuando, sino vivir descalificándote.
Cuando te hablas así día tras día, tu autoestima acaba resintiéndose porque empiezas a creerte ese discurso. Poco a poco, dudas más de ti, te atreves menos y cualquier error se convierte en una confirmación de todo lo malo que ya pensabas sobre ti.
¿Qué puedes hacer?
- Empieza por escucharte. No para juzgarte, sino para darte cuenta de cómo te tratas cuando algo no sale bien. Esa toma de conciencia ya es un primer paso.
- Háblate más como le hablarías a alguien que quieres. No se trata de autoengañarte, sino de dejar de ser tu peor enemigo y atacarte cada vez que fallas.
2. Actuar como una víctima
Todos hemos tenido momentos en los que sentimos profundamente desgraciados o creemos que no hay salida. Pero ante las dificultades, existen dos maneras de actuar: hay quienes se crecen y otros simplemente sienten lástima y asumen el papel de víctimas de los demás o del destino.
Sin embargo, ceñirse al papel de víctima solo refuerza la sensación de impotencia y baja autoestima. Cada vez que pones la responsabilidad de tu vida en manos de los demás o en las circunstancias, pierdes control sobre tus decisiones y tu confianza cede un poco más. Reconocer que tus elecciones tienen consecuencias no es culparte: es recuperar el poder sobre tu propia vida.
¿Qué puedes hacer?
- Enfócate en lo que puedes controlar. Haz una lista de decisiones o acciones que dependen de ti y actúa sobre ellas, aunque sean cosas pequeñas. Eso te devolverá la autoeficacia y la autoestima.
- Cambia el chip de víctima. Aunque pasar página no es tan fácil, intenta cambiar tu diálogo mental para convertirte en el protagonista de tu propia vida. No te preguntes más “¿por qué me pasó esto?” y empieza a preguntarte: “¿qué puedo hacer ahora?”.
- Deja de culpar a los demás y mira tus logros. Celebra cada paso que das por ti mismo, por mínimo que sea. Eso reforzará tu autoestima y romperá el ciclo de victimización.
3. Exigirse demasiado
Las personas perfeccionistas a menudo tienen una baja autoestima ya que nada de lo que hacen colma sus expectativas. Como aspiran a la perfección, sus resultados siempre les resultan incompletos o poco satisfactorios.
De esta manera, no suelen enorgullecerse de sus logros y no se dedican palabras de aliento. Por eso, aunque quizás hayas sido uno de los primeros de tu clase o uno de los profesionales más brillantes, tendrás una baja autoestima si te has puesto el listón demasiado elevado.
¿Qué puedes hacer?
- Redefine tus estándares. En la inmensa mayoría de las situaciones en la vida, no es necesario que todo sea perfecto. A veces, con que sea bueno o suficiente, basta. Redefinir tus estándares te permitirá dejar de exigirte tanto.
- Actúa sin aspirar a la perfección. Muchas veces la autoexigencia paraliza. Pero es mejor dar un paso imperfecto, que quedarte esperando el momento perfecto. Cada acción cuenta y te recuerda que puedes avanzar sin tener que ser perfecto.
4. Compararse con los demás
Mirar alrededor y comparar es una tendencia humana perfectamente natural ya que te ayuda a orientarte, aprender y entender el mundo. El problema aparece cuando esas comparaciones se usan para resaltar solo tus defectos o inseguridades. O sea, cuando siempre sales mal parado.
De hecho, convertirlo en un hábito destruye tu autoestima porque te coloca en un papel de juez implacable de ti mismo, en lugar de ayudarte a ganar confianza y crecer. Colocarte el último de la lista porque siempre habrá alguien más inteligente, guapo o capaz es «abono» para una autoestima baja.
¿Qué puedes hacer?
- Compara estrategias, no personas. Pregúntate: “¿qué puedo aprender de esta situación o de esta estrategia?” en lugar de decirte: “no soy tan bueno como él/ella”. Es una diferencia sustancial porque te ayudará a mejorar, en vez de salir mal parado en cada comparación.
- Practica la gratitud y reconoce tus fortalezas. Cada vez que notes que te estás comparando negativamente, identifica tres cosas que hayas hecho bien o que te hagan sentir orgulloso de ti mismo. Eso detendrá el patrón de pensamiento automático.
5. Centrarse en los errores
Hay personas que, incluso cuando logran una meta, miran atrás y señalan los errores. Es lógico que a lo largo de un camino te equivoques ya que los fallos forman parte del proceso. Además, percatarte de lo que hiciste mal te ayudará a mejorar la próxima vez.
Sin embargo, si quieres mantener la motivación y tener una autoestima sana, es importante que los errores no se conviertan en el patrón por el cual te midas porque de esta manera minimizarás tus logros y maximizarás tus debilidades, lo cual, obviamente, no es lo ideal para sentirte bien contigo mismo.
¿Qué puedes hacer?
- Permítete equivocarte sin pensar que será el fin del mundo. Todos nos equivocamos. Piensa en los errores como información y aprendizaje. Cambia esa autocrítica despiadada por una mirada más comprensiva contigo mismo.
- Cambia el tono, no la exigencia. Puedes reconocer un error sin machacarte. Decirte “esto no me salió como quería” es muy distinto a descalificarte pensando que “soy un fracaso”.
Por experiencia como psicóloga, la autoestima no mejora de un día para otro ni por casualidad. Es algo que se debe trabajar, sobre todo si has arrastrado durante mucho tiempo ese tipo de hábitos mentales. Sin embargo, una mirada honesta sobre uno mismo y la acción diaria. Reconoce cómo te hablas, cómo te comparas y cuánto te exiges para que luego puedas decidir conscientemente lo que necesites cambiar. Y recuerda ser paciente contigo a lo largo del proceso.
Referencias:
Batarfi, W. & Al-Ghalib, S. (2022) The Relationship Between Self-Talk and Self Esteem Amongst University Students. Effat Undergraduate Research Journal; 3(1): 10.



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