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La trampa de buscar respuestas para todo (y cómo salir de ella)

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Símbolos de preguntas
Buscar respuestas para todo no es la solución. [Foto libre: Pexels]

¿Cuándo algo te inquieta, no paras de darle vueltas? Quizá te absorbe por completo esa sensación de que tienes que entenderlo y necesitas respuestas, hasta el punto de que no logras dormir ni concentrarte. La «culpa» es de nuestro cerebro, que siempre busca un final, un cierre o una explicación que encaje. Y cuando no la encuentra, la ansiedad se dispara.

Sin embargo, hace siglos Voltaire ya nos advertía de que “la incertidumbre puede ser una posición incómoda, pero la certeza es una posición absurda”. Y es que en la vida, no siempre tendremos respuestas claras, por lo que es mejor que aprendamos a dejar algunas preguntas en suspenso.

Nuestro cerebro busca cierres

En la década de 1990, el psicólogo Arie W. Kruglanski puso nombre a algo que todos hemos sentido alguna vez, aunque no supiéramos explicarlo: la incomodidad de no tener una respuesta. Lo llamó “necesidad de cierre cognitivo”, y básicamente describe esa urgencia que experimentamos por encontrar una explicación clara, rápida y definitiva a lo que nos ocurre.

Imagina una escena cotidiana: una persona no responde a tu mensaje. Pasan las horas y tu mente empieza a llenar el vacío. “Está enfadado”, “he dicho algo mal”, “ya no le importo”… No tienes datos suficientes, pero tu cerebro no tolera ese espacio en blanco, así que busca una explicación, aunque sea errónea, antes de quedarse instalado en la incertidumbre.

Kruglanski observó que no todas las personas toleran igual la ambigüedad. Algunas necesitan respuestas inmediatas, sacan conclusiones rápido y se aferran a ellas con fuerza. Otras pueden sostener la duda durante más tiempo, explorar diferentes posibilidades y convivir con ese no saber sin sentirse tan incómodas. No obstante, en mayor o menor medida, todos compartimos la tendencia a cerrar.

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De hecho, nuestro cerebro está programado para buscar patrones y certezas. No le gusta el vacío ni lo incompleto. Incluso tiende a organizar la información fragmentada, completándola y dándole sentido, aunque los datos sean insuficientes. Si sentimos que algo encaja y tiene lógica (al menos para nosotros), nos sentimos más tranquilos y seguros.

Una infinidad de experimentos, entre ellos algunos estudios clásicos de la Gestalt en los que se presentan figuras incompletas, han demostrado que nuestro cerebro tiende a cerrar los espacios vacíos y percibir las imágenes como figuras completas con un sentido. Aunque falten partes, las rellenamos automáticamente para construir una imagen coherente. No vemos líneas sueltas ni fragmentos aislados, intentamos descifrar una forma coherente.

El problema es que, en la vida real, muchas situaciones no vienen con un final claro. Las relaciones, las decisiones importantes e incluso la forma en que interpretamos lo que nos pasa… todo está lleno de matices. Y cuando intentamos forzar un cierre donde no lo hay, corremos el riesgo de encontrar respuestas simplistas que, lejos de ayudarnos, pueden crearnos más problemas.

El valor de las preguntas en suspenso

Aceptar que no siempre habrá respuestas no significa resignarse ni dejar de pensar, sino cambiar nuestra actitud ante la ambigüedad. De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Wisconsin–Madison constató que la intolerancia a la incertidumbre está estrechamente relacionada con la ansiedad. Cuantas más certezas necesitemos, más sufrimos cuando no las tenemos.

Aprender a dejar las preguntas en suspenso funge como una especie de “amortiguador psicológico”. Obviamente, no elimina la duda, pero reduce la urgencia de encontrar una respuesta de inmediato. En práctica, es como decirle a nuestro cerebro: “calma, esto puede quedarse así, por ahora”.

Este tipo de preguntas no buscan una respuesta inmediata ni definitiva, sino que crean un espacio, dando cierto margen de flexibilidad psicológica para comprender que no todo tiene que estar claro desde el principio.

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Y eso, ¿cómo se hace?

Por ejemplo, en vez de preguntarte: “¿por qué me pasa esto siempre?”, puedes cambiar ligeramente el enfoque con una pregunta más correcta: “¿qué podría aprender de esto, aunque no lo entienda del todo ahora?”

La diferencia es sutil, pero profunda. La primera pregunta exige una respuesta concreta mientras que la segunda te permite explorar sin forzar una conclusión. Así podrás pasar de la parálisis y la rumiación a la acción.

Si te preguntas cosas como “¿por qué me hicieron esto?”, para las cuales no tienes una respuesta, es probable que te quedes dando vueltas en bucle. En cambio, si te preguntas “¿qué opciones tengo ahora?” o “¿qué parte de esto que está ocurriendo puedo gestionar?” estarás abriendo un mundo de posibilidades.

En el fondo, se trata de aceptar la idea de que no tenemos que entenderlo todo – o al menos no inmediatamente. De hecho, la mayoría de las decisiones importantes en la vida se toman sin tener toda la información, sin certezas absolutas y sin garantías. Y a pesar de todo eso, avanzamos.

Aprender a convivir con la incertidumbre dejando algunas preguntas en suspenso te convertirá en una persona más flexible, que tolera mejor la ambigüedad y, en muchos casos, también te aportará más paz mental. Como decía Francis Bacon: “si comienza uno con certezas, terminará con dudas; pero si se acepta empezar con dudas, llegará a terminar con certezas”.

Referencias:

Grupe, D. W. & Nitschke, J. B. (2013) Uncertainty and anticipation in anxiety: an integrated neurobiological and psychological perspective. Nat Rev Neurosci; 14(7): 488-501.

Webster, D. M. & Kruglanski, A. W. (1994) Individual differences in need for cognitive closure. J Pers Soc Psychol; 67(6): 1049-62. 

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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