• Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página

Rincón de la Psicología

Blog de Psicología

  • Quién Escribe
  • Libros de Autoayuda
    • Libro de Ansiedad
    • Libro de Depresión
    • Libro de Manipulación
    • Libro Crecimiento Personal
  • Temas de Psicología
  • Publicidad
Inicio » Pareja y Sexualidad » ¿Cómo discrepar sin destruir la relación? Guía de supervivencia para parejas

¿Cómo discrepar sin destruir la relación? Guía de supervivencia para parejas

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email
Discrepancias en la pareja

En la pareja, los desacuerdos son tan inevitables como los cambios de estación. Pueden producirse por algo tan cotidiano como elegir un plan para el fin de semana, distribuir las tareas del hogar o decidir dónde pasar la Navidad. En otras ocasiones las divergencias surgen de algo más profundo, como diferencias de valores, expectativas o formas de expresar el afecto.

Y aunque a menudo pensamos que las discusiones son la antesala de un problema mayor, lo cierto es que las discrepancias son normales ya que, a fin de cuentas, una pareja (por mucho que se ame), está compuesta por dos personas que tienen distintas historias vitales, formas de ver el mundo y personalidades. Por tanto, no es extraño que de vez en cuando esos universos colisionen.

La buena noticia es que las discusiones no “matan” el amor. La mala es que no saber abordarlas adecuadamente, sí puede fracturar la relación.

Cinco estrategias prácticas para abordar los problemas de pareja con madurez

Sé empático. Aprende a ceder. Practica la escucha activa. No dejes que las emociones tomen el mando. Piensa antes de hablar… Es probable que ya hayas escuchado esos consejos y otros mil más, pero también es probable que cuando el ambiente se caldea, caigan en saco roto porque son demasiado genéricos. ¿Qué hacer?

Estas son algunas estrategias psicológicas prácticas que podréis aplicar para resolver conflictos y discutir de forma madura y productiva.

1. Planifica la discusión

La mayoría de las discusiones de pareja son espontáneas. Eso significa que uno de los dos se enoja y toma por sorpresa al otro, que se pone inmediatamente a la defensiva. Sin embargo, esos altercados improvisados rara vez conducen a una solución porque generalmente nacen con vocación catártica y acaban convirtiéndose en un intercambio de reproches, críticas y recriminaciones.

Para evitar discutir inútilmente, así como planificáis un viaje y os organizáis para quedar en algún sitio, será mejor que acordéis un momento para abordar los problemas que más os preocupan. La planificación os aporta dos grandes ventajas: por una parte, tendréis tiempo para reflexionar sobre la discrepancia con la mente fría y, por otra, estaréis más calmados, lo que os permitirá expresaros con mayor claridad.

2. Un problema a la vez, empezando por los más pequeños

En las discusiones de pareja, es habitual que un enfado por una nimiedad del día a día se sobredimensione sacando a relucir viejas decepciones y resentimientos. En cuestión de segundos, lo que era una discrepancia por quién tira la basura o lleva el niño al cole se transforma en una bola de nieve de rencores y emociones reprimidas que rueda montaña abajo sin control. Obviamente, así las probabilidades de encontrar una solución se esfuman.

En contraposición, investigadores de la Universidad de Tennessee observaron que las parejas felices huían de esa dinámica y adoptaban un enfoque orientado a la solución de conflictos. También apreciaron que solían centrarse primero en los problemas más fáciles de resolver.

PARA TI:  Dispareunia: Cuando el sexo es doloroso

Ese enfoque es interesante porque abordar primero los temas más delicados puede dinamitar la solución y minar vuestra confianza en la relación. En cambio, si ambos sentís que podéis trabajar juntos para resolver los problemas, ganaréis la confianza necesaria para abordar los conflictos más complejos. Por tanto, la clave es elegir un problema y no desviaros de este.

3. Usa más el “yo” y el “nosotros” que el “tú”

Cuando surge un conflicto, es habitual que cada uno se atrinchere en su postura y lance ataques personales desde su “torre amurallada”: “Siempre haces lo mismo”, “Nunca me escuchas” y un largo etc. Sin embargo, ese tipo de comentarios destruyen los puentes del diálogo porque ponen a la otra persona a la defensiva.

Si empiezas con una acusación, es probable que tu pareja ignore lo que estás intentando decir y no logréis llegar a un acuerdo. Así no se avanza, se discute en bucle. En su lugar, podrías hablar sobre cómo te sientes y cómo te gustaría que fuera la relación.

Sustituye la típica recriminación: “siempre te olvidas” por un: “me sentí mal porque interpreto ese olvido como una falta de respeto. ¿Qué podríamos hacer para que no vuelva a ocurrir?”. Así estás iniciando una conversación más productiva, en vez de poner a tu pareja a la defensiva. Se trata, en definitiva, de hablar más desde tu perspectiva y expresar lo que quieres para la relación, teniendo en mente que el objetivo es resolver el problema, no ganar la discusión.

4. Baja tus defensas

Al mismo tiempo, cuando sientes que te atacan, es normal que intentes defenderte. Si tu pareja te reprocha: “¡Nunca sacas al perro!”, es probable que le respondas: “¡No puedo, tengo que trabajar!”. Pero generalmente no te detienes ahí, tu ego herido continúa: “¡No reconoces nada de lo que hago!”.

Quizá tengas razón, pero esa no es la mejor manera de solucionar un problema. Solo sirve para crear un tira y afloja incómodo en el que, cuanto más a la defensiva estés, más se moverá tu pareja hacia el otro extremo. Para romper ese bucle y recuperar el control, hay que bajar las defensas.

Una técnica útil es la “pausa reflexiva”. Deteneos durante 5 o 10 minutos para calmaros y evitar que la discusión degenere. Luego, es conveniente que asumas tu parte de la responsabilidad. Eso aliviará la tensión, reducirá la activación fisiológica y mostrará que no quieres discutir, sino que realmente te interesa solucionar el problema.

5. Busca puntos de acuerdo

En las relaciones, muchos problemas se enquistan. Si una discusión se atasca, lo ideal es que encontréis un punto de acuerdo, aunque sea pequeño. Incluso en los mayores desacuerdos, siempre hay convergencias. Identificar las cosas con las que ambos coincidís contribuye a reducir la polarización y permite avanzar.

PARA TI:  ¿Por qué discuten las parejas? Los 7 motivos de conflicto más comunes

Puede ser tan simple como reconocer el esfuerzo del otro o admitir que ambos queréis lo mismo, aunque difieran en la forma de lograrlo. A continuación, es conveniente convertir ese acuerdo parcial en una pequeña acción conjunta.

Se trata de desarrollar microcompromisos, una acción concreta y fácil de cumplir que ambos podáis llevar adelante. Por ejemplo: “estamos de acuerdo en que queremos comunicarnos mejor. Esta semana, cuando discutamos, haremos una pausa de 2 minutos para respirar antes de seguir”. Esos microcompromisos generan la sensación de trabajo en equipo y fortalecen el vínculo, incluso en medio de un conflicto.

Cuando “hablarlo en casa” no es suficiente: pedir ayuda psicológica

No todos los conflictos de pareja se logran resolver “en casa”, por mucho amor o buena voluntad que exista. Cristina, una psicóloga online de Valencia con experiencia ayudando a las parejas a superar sus diferencias, explica que a veces, lo que parece un simple desacuerdo es en realidad la punta del iceberg de algo más profundo, desde antiguas heridas emocionales hasta estilos de apego que chocan, patrones aprendidos o inseguridades que se activan.

Por eso, señala que “no siempre basta con solucionar los problemas más visibles. Es necesario que entre cada parte de la pareja hallen el principal problema que los ha llevado a terapia para trabajarlo desde su raíz”.

Cuando una discusión se convierte en un déjà vu, suele revelar que la relación está atrapada en un patrón que ambos alimentan sin querer. En esos casos, la terapia de pareja se convierte en un espacio seguro y neutral donde cada uno puede expresar sus preocupaciones y sentimientos.

De hecho, un experimento realizado en la Universidad de Ginebra constató por primera vez que mientras las discusiones de pareja “apagan” las zonas del cerebro vinculadas al amor romántico, la mediación las mantiene activas, ayudando a los miembros a llegar un acuerdo satisfactorio mientras reduce los conflictos residuales.

Un terapeuta podrá ayudaros a identificar el verdadero origen de esas discusiones circulares, desmontar los patrones que las mantienen vivas y proponeros formas de comunicación más constructivas. Con práctica y conciencia, podréis aprender a gestionar vuestras diferencias, de manera que no os alejen, sino que se conviertan en oportunidades para conoceros mejor y reforzar el vínculo. A fin de cuentas, una relación saludable no es la que evita los conflictos, sino la que los gestiona con respeto e inteligencia emocional.

Referencias:

Rauer, A. et. Al. (2020) What are the marital problems of happy couples? A multimethod, two‐sample investigation. Family Process; 59(3): 1275–1292. 

Rafi, H. et. Al. (2020) Impact of couple conflict and mediation on how romantic partners are seen: An fMRI study. Cortex, 2020; 130: 302-317. 

Scheeren, P. et. Al. (2014) Marital Quality and Attachment: The Mediator Role of Conflict Resolution Styles. Paidéia; 24(58): 177-186.

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email

Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

No te pierdas ni un artículo

Al inscribirte a Rincón de la Psicología aceptas nuestra Política de Privacidad. Pero no te preocupes, ¡odio el spam tanto como tú!

Sigue alimentando tus neuronas

Ilustración corazón roto

Por qué el “no eres tú, soy yo” no es válido para romper una relación

Quienes limpian mientras cocinan, en vez de dejarlo para el final, tienen estos 5 rasgos de personalidad

Ilustración de un hombre sentado y preocupado o estresado

¿Cómo saber si tengo un problema de adicción? 5 señales que no debes ignorar

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Entradas recientes

  • Por qué el “no eres tú, soy yo” no es válido para romper una relación
  • Quienes limpian mientras cocinan, en vez de dejarlo para el final, tienen estos 5 rasgos de personalidad
  • ¿Cómo saber si tengo un problema de adicción? 5 señales que no debes ignorar
  • Solo era una broma… ¿o no? Cómo detectar críticas disfrazadas y protegerte sin dramas
  • Diagnósticos erróneos: Pensar que todo es psicológico puede matarnos – literalmente

Footer

Contacto

jennifer@intextos.com

Las Palmas, España

Blog de Psicología

Artículos sobre la salud mental y el crecimiento personal, técnicas psicológicas, estudios sobre el cerebro, trastornos mentales y libros de Psicología para comprender cómo funciona la mente.

Sígueme la pista

  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • Telegram
  • Twitter

© Copyright 2009-2025 Rincón de la Psicología · Todos los derechos reservados · Política de Cookies · Política de Privacidad · Publicidad · Proceso Editorial