
Hay cosas que una persona puede explicar sobre sí misma y otras que se revelan cuando tiene que resolver un problema. Alguien puede decir que se distrae con facilidad, que le cuesta organizarse, que suele actuar de manera impulsiva o que últimamente está más olvidadizo, pero la evaluación neuropsicológica va un paso más allá al intentar comprender qué ocurre en el cerebro de esa persona.
Durante décadas, capacidades como la atención, la memoria, el pensamiento y el lenguaje se evaluaron mediante tareas estructuradas, cuestionarios y pruebas neuropsicológicas. Sin duda, son herramientas valiosas, pero plantean un reto considerable porque una cosa es resolver una tarea específicamente diseñada para medir una función y otra es desenvolverse en una situación similar en la vida cotidiana.
En ese punto es donde la realidad virtual (RV) está abriendo una nueva vía para la evaluación neuropsicológica. Al crear escenarios tridimensionales, inmersivos e interactivos, sitúa a la persona en situaciones más parecidas a aquellas en las que utiliza sus capacidades cognitivas en el día a día y, al mismo tiempo, registra de manera objetiva cómo responde.
Observar la conducta en acción en entornos más complejos
Las funciones ejecutivas no son habilidades aisladas, trabajan en conjunto para dirigir nuestra conducta hacia un objetivo. Nos ayudan a planificar lo que vamos a hacer, mantener la información relevante en mente, inhibir nuestras respuestas automáticas, buscar una estrategia y cambiarla cuando no funciona o tomar decisiones entre diferentes alternativas.
El problema es que muchas de esas capacidades se manifiestan de forma diferente según el contexto. En una prueba neuropsicológica convencional, por ejemplo, la persona puede recibir una instrucción concreta y concentrarse durante unos minutos en resolverla. En cambio, en la vida cotidiana las demandas suelen aparecer mezcladas: debemos recordar algo mientras realizamos otra tarea, ignorar distracciones constantemente, decidir qué hacer primero y modificar el plan cuando surge un imprevisto.
La realidad virtual imita mejor esa complejidad. Por ejemplo, las pruebas de funciones ejecutivas suelen recrear escenarios muy realistas dentro del que se plantean diferentes demandas cognitivas que permiten observar cómo la persona planifica, conserva y actualiza la información, cambia de una tarea a otra o regula sus respuestas.
Mayor validez ecológica
La validez ecológica es el grado en que los resultados de una prueba se pueden aplicar y generalizar a situaciones de la vida real. Un test completamente descontextualizado puede ser excelente para medir un proceso cognitivo específico, pero si queremos comprender cómo se desenvuelve una persona en la vida cotidiana cuando tiene que planificar varias acciones, recordar información mientras realiza una tarea o adaptarse a los cambios que van apareciendo, introducirla en un escenario más dinámico aporta una perspectiva más realista.
La RV permite simular ese entorno proporcionando una experiencia de usuario totalmente inmersiva con un alto grado de realismo. Es posible diseñar los estímulos, las distracciones y las demandas y mantenerlas en condiciones estandarizadas, mientras el paciente interactúa con un espacio tridimensional que resulta más parecido a las situaciones que encuentra en su día a día. Esa combinación entre control experimental y realismo es precisamente una de sus grandes ventajas.
Una ventana para ver lo que normalmente permanece oculto
Las pruebas con realidad virtual también registran lo que ocurre mientras la persona interactúa con el entorno. Si debe coger determinados objetos virtuales, recordar instrucciones, prestar atención a diferentes elementos o completar una tarea siguiendo un objetivo, el sistema registra variables como el tiempo empleado, la precisión de las respuestas, los errores cometidos y el tipo de error, además de aspectos relacionados con la eficiencia de la planificación.
Por ende, el resultado no se enfoca únicamente en si ha acertado o se ha equivocado, la información que ofrecen estas pruebas es mucho más amplia, permitiendo comprender mejor cómo la persona ha llegado a la respuesta o qué paso podría haber fallado en el camino.
Alguien puede, por ejemplo, alcanzar finalmente el objetivo, pero usando una estrategia poco eficiente, cometer numerosos errores antes de corregirlos o necesitar más tiempo para reorganizarse cuando cambian las condiciones. Son diferencias que pueden ser clínicamente relevantes porque ofrecen información sobre el proceso cognitivo de base, no solo sobre el resultado final.
Menos sesgo evaluador
En cualquier evaluación psicológica, la interacción entre el profesional y el paciente forma parte del proceso. Las instrucciones, el contexto y la interpretación clínica son elementos necesarios, pero también pueden introducir cierta variabilidad ya que pueden colarse los sesgos, expectativas o incluso pequeñas pistas inconscientes del evaluador.
La realidad virtual permite estandarizar una parte sustancial de esa experiencia. Cada persona encontrará el mismo escenario, los mismos estímulos y las mismas condiciones de evaluación. Además, muchas variables se registran automáticamente, lo que reduce la necesidad de que el profesional tenga que intervenir y valorar subjetivamente cada respuesta en tiempo real.
Por supuesto, eso no significa que la tecnología sustituya al psicólogo ni que elimine por completo cualquier sesgo. La interpretación clínica sigue siendo imprescindible, lo que cambia es que el profesional dispone de una cantidad mayor de datos objetivos y estandarizados sobre la conducta y las funciones ejecutivas. En otras palabras, la RV no elimina la mirada clínica, sino que proporciona una visión más precisa sobre lo que está ocurriendo.
De fotografía fija a película del funcionamiento cognitivo
La evaluación neuropsicológica tradicional sigue desempeñando un papel esencial, la realidad virtual no pretende reemplazar todas las herramientas existentes, sino tan solo ampliar la capacidad de observación aportando una “película” más fidedigna del funcionamiento cognitivo, en vez de una fotografía fija, añadiendo rapidez, fiabilidad y precisión diagnóstica.
Estas pruebas proporcionan información detallada que ayuda a los profesionales a comprender mejor cada caso, realizar diagnósticos más precisos y diseñar estrategias de intervención adecuadas. De hecho, una revisión sistemática de 100 estudios concluyó que “las herramientas basadas en realidad virtual disponibles parecen soluciones prometedoras para una evaluación ecológica y tratamiento de las disfunciones ejecutivas en sujetos sanos y en varias poblaciones clínicas”, pero cabe aclarar que eso no significa que su utilización garantice por sí sola una mayor precisión diagnóstica ya que la figura del neuropsicólogo sigue siendo esencial.
A fin de cuentas, comprender la mente no consiste únicamente en saber si una respuesta es correcta o no, también es necesario saber cómo se llega hasta ella. Y cuando la tecnología permite observar ese proceso con mayor detalle, la evaluación neuropsicológica puede acercarse un poco más a lo que realmente importa: comprender cómo piensa, decide y actúa una persona cuando tiene que desenvolverse en el mundo real.
Fuentes:
Kirkham, R. et. Al. (2024) Immersive Virtual Reality-Based Methods for Assessing Executive Functioning: Systematic Review. JMIR Serious Games; 12: e50282.
Borgnis, F. et. Al. (2022) Available Virtual Reality-Based Tools for Executive Functions: A Systematic Review. Front Psychol; 13: 833136.



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