
Quizá te acuestes temprano y duermas como siempre, pero te despiertas con la sensación de haber corrido una maratón. Sientes la mente espesa, el cuerpo pesado y cuando te levantas, de da la impresión de que la energía se ha quedado en algún sitio entre las sábanas. Entonces recuerdas que has pasado la noche soñando. Mucho. Quizá has tenido varios sueños intensos, extraños o emocionalmente agotadores. Y concluyes que estás cansado porque has soñado demasiado.
Es una creencia muy extendida. Muchas personas están convencidas de que las noches en las que sueñan más son menos reparadoras. Sin embargo, la neurociencia cuenta una historia diferente.
Soñamos mucho más de lo que creemos
Aunque algunas personas aseguran que no sueñan nunca y otras dicen que sueñan muy poco, lo cierto es que todos soñamos todas las noches. Varias veces. La mayoría de los sueños se producen durante la fase REM (Rapid Eye Movement o Movimiento Ocular Rápido), una etapa caracterizada por una intensa actividad cerebral.
Según la fisiología del sueño, esta fase ocupa aproximadamente el 25% del tiempo total que pasamos durmiendo y tiene varios ciclos a lo largo de la noche, el primero de ellos comienza entre 70 y 90 minutos después de dormirnos. Cada noche atravesamos entre 4 y 6 ciclos de sueño REM, aunque cada uno se va alargando a medida que se acerca la mañana.
Lo curioso es que no solemos recordar la mayoría de esos sueños. Nuestro cerebro los genera y, con la misma rapidez, los deja atrás sin que pasen a la conciencia. Entonces, ¿por qué algunos sueños son memorables?
La respuesta tiene menos que ver con la cantidad de sueños y más con el momento en que nos despertamos. Cuando nos despertamos durante una fase REM o inmediatamente después, tenemos más probabilidades de recordar lo que estábamos soñando. Y cuanto más intenso emocionalmente haya sido ese sueño, más posibilidades existen de que permanezca grabado en nuestra memoria.
De hecho, las personas que reconocen soñar mucho y recuerdan con más nitidez esos contenidos oníricos, también suelen tener un sueño más ligero y entrecortado, simplemente porque se despiertan varias veces a lo largo de la noche.
El investigador Tore Nielsen desarrolló una teoría según la cual, para recordar un sueño es necesario que se produzca una activación cerebral o despertar breve cerca del final del episodio REM. Sus trabajos respaldan la idea de que recordar los contenidos oníricos es, en gran medida, una consecuencia de un sueño más fragmentado.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando soñamos?
Durante mucho tiempo se pensó que cuando dormíamos, el cerebro descansaba. Hoy sabemos que no es del todo cierto. Mientras soñamos, sobre todo durante la fase REM, nuestro cerebro se mantiene sorprendentemente activo. De hecho, algunas regiones muestran niveles de actividad similares a los del estado de vigilia.
Las áreas relacionadas con las emociones, como la amígdala y el hipocampo, trabajan intensamente. La amígdala participa en el procesamiento emocional, mientras que el hipocampo desempeña un papel importante en la consolidación de recuerdos. En cambio, la actividad de la corteza prefrontal (la región encargada del razonamiento lógico, la planificación y el control ejecutivo) se reduce notablemente.
Eso explica por qué los sueños suelen ser tan extraños y carentes de lógica. Las emociones están funcionando a pleno rendimiento, pero la parte del cerebro que normalmente cuestionaría la sensatez está menos activa. Por eso, en un sueño podemos conversar con un fantasma, llegar tarde a un examen 20 años después de haber terminado de estudiar o encontrar un elefante en nuestra cocina sin que nos parezca raro.
¿Soñar consume energía?
A primera vista, parece razonable pensar que un cerebro tan activo debe gastar una enorme cantidad de energía mientras sueña, lo cual podría explicar el cansancio matutino. Sin embargo, los estudios de neuroimagen sugieren que esa explicación es insuficiente.
Aunque el cerebro consume energía durante el sueño REM, ese gasto energético por sí solo no es responsable de la sensación de agotamiento que algunas personas experimentan al despertar. De hecho, si soñar fuera intrínsecamente agotador, todos nos levantaríamos cansados cada mañana.
La ciencia apunta hacia otro culpable: los despertares nocturnos.
La pista más importante es que para recordar un sueño normalmente debemos habernos despertado, aunque sea durante unos segundos. Muchos de esos despertares son tan breves que no llegan a la conciencia. No recordamos haber abierto los ojos ni haber cambiado de postura, pero el cerebro ha registrado la interrupción.
Y ese es el problema. El sueño está compuesto por diferentes fases. Algunas son más ligeras y otras más profundas. El sueño profundo es particularmente importante porque durante ese ciclo se producen diferentes procesos restauradores.
Entre otras cosas, nuestro cerebro aprovecha estas fases para eliminar las sustancias de desecho de su metabolismo diurno, reorganizar la información y favorecer la recuperación física y cognitiva. Una de esas sustancias es la adenosina, que se va acumulando en el cerebro a lo largo de la jornada y que acaba ralentizando la actividad cerebral y enviando señales de fatiga.
Cuando tenemos un sueño fragmentado, el tiempo disponible para que el cerebro realice esas funciones disminuye. En otras palabras, puede que no estés cansado porque soñaste mucho, sino que recuerdas esos sueños precisamente porque te despertaste varias veces. O sea, los sueños no son los culpables, sino tan solo la señal de esos despertares nocturnos. No causan el cansancio, más bien actúan como testigos de lo que está ocurriendo en nuestro cerebro.
No estamos cansados porque soñamos. Recordamos que soñamos porque nuestro cerebro no durmió tan profundamente como necesitaba y no pudo regenerarse del todo. Por eso, al día siguiente nos sentimos agotados. Y esa pequeña diferencia cambia por completo la historia que nos contamos cada mañana cuando abrimos los ojos.
Referencias:
Dal Sacco, D. (2022) Dream recall frequency and psychosomatics. Acta Biomedica: 93(2).
Nielsen, T. A. (2000) A review of mentation in REM and NREM sleep: «Covert REM sleep» as a possible reconciliation of two opposing models. Behavioral and Brain Sciences; 23(6): 851-866.



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