• Saltar al contenido principal
  • Saltar a la barra lateral principal
  • Saltar al pie de página

Rincón de la Psicología

Blog de Psicología

  • Quién Escribe
  • Libros de Autoayuda
    • Libro de Ansiedad
    • Libro de Depresión
    • Libro de Manipulación
    • Libro Crecimiento Personal
  • Temas de Psicología
  • Publicidad
Inicio » Psicología sin Reservas » Sociedad infantilizada: legalmente adultos, psicológicamente niños

Sociedad infantilizada: legalmente adultos, psicológicamente niños

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email
Hombre jugando
Una sociedad infantilizada reproduce la frustración. [Foto libre: Pexels]

Últimamente noto algo curioso en la relación de la sociedad con la adultez: queremos todas sus ventajas, pero no siempre estamos dispuestos a asumir sus inconvenientes. Queremos decidir sobre nuestra vida, que respeten nuestras preferencias, tener libertad para hacer lo que nos apetezca y que nadie nos diga cómo debemos comportarnos. Sin embargo, apenas las cosas se tuercen, esperamos que alguien aparezca alguien (¿quizá el genio de la lámpara?) para resolver el problema, reparar la injusticia o, como mínimo, reafirmarnos en nuestra idea de que no deberíamos estar pasando por semejante contrariedad.

Muchos adultos trabajan e incluso son padres pero, al mismo tiempo, reaccionan ante una negativa como si alguien acabara de robarles su juguete favorito. La infantilización social avanza a pasos agigantados, impulsada por aplicaciones que parecen agilizarlo todo, gobiernos que restringen la posibilidad de elegir nuestro futuro y un debate social cada vez más masticado en el que no hay términos medios ni espacio para los indispensables “no sé” que nos animan a cocinar nuestra postura a fuego lento.

Creer que merecemos que todo salga bien

Una de las peculiaridades de la sociedad actual es que hemos elevado las expectativas de satisfacción hasta niveles difíciles de sostener. No queremos simplemente disfrutar de las cosas; esperamos que funcionen, que estén disponibles, que lleguen sin demora, que respondan a nuestras preferencias y que lo hagan sin exigirnos demasiado esfuerzo.

Hemos pasado de considerar ciertas comodidades que antes eran privilegios a vivirlas como derechos adquiridos. Si un servicio falla, nos indignamos. Si algo tarda más de un milisegundo, nos desesperamos. Si una persona no responde inmediatamente a un mensaje, cargamos contra ella. Si un plan cambia, nos cuesta aceptar que alguien pueda tener otras prioridades. Y si recibimos una crítica, no siempre nos preguntamos si contiene algo de verdad, sino cómo alguien se ha atrevido a cuestionarnos.

Detrás de estas reacciones suele existir una expectativa psicológica poco realista que es más característica del niño que del adulto: la idea de que el mundo debería adaptarse a nuestras necesidades. El problema es que la realidad no tiene ninguna obligación de hacerlo. La vida no es justa. Las personas tienen intereses propios, las circunstancias son imprevisibles y nuestros deseos compiten continuamente con los de los demás. Y todo eso es normal. Aunque no queramos aceptarlo.

PARA TI:  La creencia en el mundo justo puede convertirnos en personas insensibles

El filósofo estoico Epicteto ya llamaba a distinguir entre aquello que depende de nosotros y aquello que escapa a nuestro control. Dos mil años después, seguimos teniendo dificultades para aceptar una distinción bastante elemental. Nos empeñamos en controlar todo, como si la vida fuese un servicio de atención al cliente al que pudiéramos reclamar cuando algo no cumple nuestras expectativas. Spoiler: no funciona así.

La frustración, una experiencia que no debe extinguirse

La tolerancia a la frustración es una de las capacidades más importantes que se desarrollan en la infancia. Un niño aprende progresivamente que no puede tener todo lo que desea, que debe esperar su turno, que existen límites y que las negativas forman parte de la convivencia. No lo aprende porque alguien se lo explique con una presentación de PowerPoint, sino porque se encuentra repetidamente con situaciones que le obligan a regular sus impulsos y recalibrar sus expectativas.

Ese aprendizaje no termina al cumplir dieciocho años. La madurez psicológica requiere seguir practicándolo. Sin embargo, parece que en los últimos tiempos hemos desarrollado cierta alergia a las experiencias que nos obligan a hacerlo.

De hecho, la infantilización de la sociedad proviene en gran medida de ese deseo de eliminar la incomodidad. Y no es un fenómeno que se limite solo a la infancia, todo está cada vez más orientado a tratar a los adultos como si tuvieran menos autonomía, tolerancia al malestar e inteligencia, decidiendo por ellos o retirando la incomodidad antes de que descubran qué pueden hacer con ella.

Ese mecanismo también se traslada al ámbito social. Instituciones, servicios o tecnología asumen cada vez más tareas que antes exigían cierto nivel de iniciativa, criterio o tolerancia por nuestra parte. Cuando ese espacio para lidiar con lo incómodo o simplemente con lo inesperado desaparece, cualquier contrariedad puede convertirse en una crisis. Y, naturalmente, siempre habrá alguien dispuesto a darnos la razón y afirmar que es culpa del repartidor, del compañero, de nuestra pareja, del gobierno o de Mercurio retrógrado.

PARA TI:  Consultas online de Psicología

La responsabilidad, el lado menos atractivo de la libertad

La infantilización también se manifiesta en nuestra relación con la responsabilidad. Nos gusta reivindicar la libertad individual, pero no siempre aceptamos que decidir implica renunciar a otras posibilidades y asumir las consecuencias. Queremos elegir sin equivocarnos, actuar sin exponernos y obtener resultados sin atravesar el proceso que los hace posibles.

Desde una perspectiva filosófica, esto encierra una contradicción interesante. Jean-Paul Sartre defendía que estamos condenados a ser libres porque incluso cuando evitamos decidir, estamos tomando una decisión. No obstante, la libertad no consiste únicamente en poder hacer lo que queremos, sino en hacernos responsables de nuestras elecciones.

Madurar implica abandonar la fantasía de que podemos tenerlo todo o de que existe una solución en la que conservamos todas las ventajas, evitamos cualquier coste y nadie termina decepcionado. En la inmensa mayoría de los casos, toca elegir, perder algo y seguir adelante. No es una injusticia del universo, es parte del contrato de vivir. Cada elección implica una renuncia y una responsabilidad.

Crecer consiste en dejar de pensar que somos el centro de todo

La infancia tiene una característica maravillosa: el mundo se descubre desde una perspectiva inevitablemente egocéntrica. El niño todavía debe aprender que los demás tienen sus propios deseos, necesidades y preocupaciones independientes de las suyas. De hecho, una parte fundamental del desarrollo consiste en ampliar esa mirada y comprender que no somos el centro permanente de la experiencia ajena.

La edad adulta debería consolidar ese aprendizaje, de manera que el verdadero indicador de madurez no sea cuánto sabemos o cuánto ganamos, sino qué hacemos cuando la realidad contradice nuestros planes. Si podemos escuchar sin sentirnos amenazados, aceptar una negativa sin buscar represalias, reconocer un error sin construir una defensa de tres tomos o asumir que no siempre tenemos razón y que no pasa nada por ello, estaremos en el buen camino.

Y, por desgracia (o por suerte), todavía no existe ninguna aplicación que pueda hacerlo por nosotros.

Compartir en Facebook Compartir en X (Twitter) Compartir en LinkedIn Compartir en WhatsApp Compartir en Telegram Compartir en Email

Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

No te pierdas ni un artículo

Al inscribirte a Rincón de la Psicología aceptas nuestra Política de Privacidad. Pero no te preocupes, ¡odio el spam tanto como tú!

Sigue alimentando tus neuronas

Lo que “se nos da mejor” no siempre es lo mejor que podemos hacer

A ellos les da prestigio; a ellas, problemas: el doble rasero con la inteligencia en el trabajo

Autoexigencia destructiva: qué es, cómo reconocerla y cómo reducirla

Interacciones con los lectores

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Barra lateral principal

Entradas recientes

  • Sociedad infantilizada: legalmente adultos, psicológicamente niños
  • Lo que “se nos da mejor” no siempre es lo mejor que podemos hacer
  • A ellos les da prestigio; a ellas, problemas: el doble rasero con la inteligencia en el trabajo
  • Autoexigencia destructiva: qué es, cómo reconocerla y cómo reducirla
  • Cómo pasar del “¿qué he hecho?” al “¿qué voy a hacer?”: 5 claves para superar un error

Footer

Contacto

jennifer@intextos.com

Las Palmas, España

Blog de Psicología

Artículos sobre la salud mental y el crecimiento personal, técnicas psicológicas, estudios sobre el cerebro, trastornos mentales y libros de Psicología para comprender cómo funciona la mente.

Sígueme la pista

  • Facebook
  • Instagram
  • LinkedIn
  • Telegram
  • Twitter

© Copyright 2009-2025 Rincón de la Psicología · Todos los derechos reservados · Política de Cookies · Política de Privacidad · Publicidad · Proceso Editorial