
Todos cometemos errores, cedemos a la gratificación inmediata o actuamos de manera impulsiva alguna vez. Es humano. El problema surge cuando, en lugar de asumir nuestra responsabilidad e intentar reparar lo que hicimos mal o aprender la lección, recurrimos a excusas para maquillar ese traspiés.
Obviamente, justificar una mala decisión puede brindarnos un alivio momentáneo. Reducimos la sensación de culpa, nos autoengañamos un poco y creemos que todo seguirá como siempre. Pero a largo plazo, recurrir demasiado a las excusas no es la estrategia más inteligente. De hecho, las personas mentalmente fuertes y maduras emocionalmente no suelen recurrir a justificaciones vacías o frases preconfeccionadas.
Estas son las justificaciones más comunes que no tienen cabida en su diálogo mental.
1. “No me importa lo que piensen los demás”
Afirmar que no te importan en absoluto las opiniones ajenas suena a independencia radical y a un “yo” fuerte, pero bordea peligrosamente la desconexión emocional. Ignorar por completo a los demás no es fortaleza, es insensibilidad. De hecho, ni siquiera es posible porque vivimos en sociedad, de manera que a menudo esta frase es solo una forma de autoengañarse.
Escudarte detrás de la idea de que no te importa lo que piensen los demás para no escuchar, a menudo denota egocentrismo y tozudez. Las personas mentalmente fuertes, en cambio, saben que no pueden complacer a todos, pero también reconocen el valor de escuchar diferentes perspectivas. Un poco de feedback honesto puede mostrarte puntos ciegos que no habías notado y que te ayuden a crecer.
2. “Merezco ser feliz”
Claro. Yo también. Y todos. De hecho, debemos tener mucho cuidado porque a menudo esta frase, revestida de un halo motivacional, es altamente peligrosa porque se usa como carta blanca para justificar cualquier cosa, desde darse caprichos que no nos podemos permitirnos hasta pasar por encima de los demás, solo porque tenemos derecho a ser felices.
Es importante que no confundas la felicidad con el hedonismo o la gratificación instantánea. Si recurres a esta excusa para permitirte cosas que no deberías porque te hacen mal o dañan a quienes te rodean, tienes un problema. Así de claro. Las personas mentalmente fuertes, en cambio, son capaces de alinear sus decisiones con su sistema de valores, no se dejan llevar por antojos o impulsos momentáneos.
3. “Yo soy así”
Esta es la excusa favorita de quienes no quieren cambiar. Afirmar “yo soy así” suena a autenticidad, pero en realidad es una forma elegante de decir: “no pienso esforzarme por mejorar”. En contraposición, las personas mentalmente fuertes son conscientes de que siempre hay algo que mejorar.
No se atan a una imagen fija de sí mismas ni se escudan tras la justificación del “soy así, no puedo cambiar”, sino que aprenden y se van adaptando a las circunstancias. Eso les permite afrontar mejor los problemas y evolucionar con las circunstancias.
4. “No tengo tiempo”
Detrás de esta frase suele esconderse una falta de prioridades claras, no de horas. Todos tenemos 24 horas cada día, la diferencia está en cómo las usamos. Decir “no tengo tiempo” suele ser una justificación banal para no reconocer la verdad: que quizás no quieras hacerlo, quizás no sea tan importante para ti, quizás te asuste o tal vez no sepas organizarte.
Las personas mentalmente fuertes no se engañan con esta excusa, asumen que no es falta de tiempo y responden de manera más sincera reconociendo, por ejemplo, que no están dispuestas a comprometerse o que simplemente no les apetece hacerlo. Eso denota madurez emocional y es una actitud mucho más honesta, tanto con los demás como consigo mismas.
5. “Todo el mundo lo hace”
Esta es la excusa por excelencia. Como si el hecho de que muchos se equivoquen volviera correcto el error. Desde copiar en un examen hasta mentir en un currículum o cualquier otra cosa que puedas imaginar, escudarse en lo que hace la mayoría solo demuestra una profunda falta de criterio propio.
Al final, el “todo el mundo lo hace” no es más que una forma elegante de rendirse a la presión social. Pero que algo sea común no significa que sea sano, útil o ético. Mi abuela solía preguntarme cuando era pequeña: «si todos saltan al vacío, ¿tú también lo harías?«. Las personas mentalmente fuertes saben que seguir al rebaño no siempre conduce al mejor destino. Ir contracorriente puede incomodar, pero eso es precisamente lo que diferencia a quienes piensan por sí mismos de quienes se limitan a imitar.
En resumen, las excusas son cómodas, pero a largo plazo suelen pasar una factura bastante elevada. Cada vez que las usamos, cedemos un poco de nuestro poder y nos impedimos aprender y crecer. Las personas mentalmente fuertes se equivocan, pero no se esconden detrás de frases hechas.
A fin de cuentas, el crecimiento comienza cuando dejamos de decir “no tengo tiempo” y empezamos a admitir la verdad. Cuando cambiamos el “yo soy así” por un “puedo mejorar”. O cuando abandonamos el “solo se vive una vez” por un “quiero vivir bien en sintonía con mis valores”.



Deja una respuesta