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Trastorno de la personalidad dependiente: Guía completa sobre sus síntomas, causas y tratamiento

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Actualizado: 31/01/2026 por Jennifer Delgado | Publicado: 09/07/2009

Trastorno de la personalidad dependiente

El trastorno de la personalidad dependiente se caracteriza por una necesidad de larga data de recibir atención y el miedo a ser abandonados por las personas significativas. Ese temor hace que la persona desarrolle comportamientos dependientes y sumisos mediante los cuales intenta mantener atados a los demás. Sin embargo, a menudo esa actitud tiene el efecto opuesto: los aleja porque son percibidos como demasiado «pegajosos» o «asfixiantes».

Quienes sufren un trastorno de la personalidad dependiente a menudo se caracterizan por el pesimismo y la duda, tienden a menospreciar sus capacidades y cualidades, y pueden referirse constantemente a sí mismos usando adjetivos como «estúpido» o «tonto». De hecho, asumen las críticas y la desaprobación como prueba de su inutilidad y pierden la confianza en sí mismos rápidamente.

Debido a que buscan continuamente el cuidado de los demás, el área laboral puede verse afectada, sobre todo si se requiere iniciativa e independencia. Por ese motivo, pueden evitar los puestos de responsabilidad y sentir ansiedad cuando tienen que enfrentarse a la toma de decisiones. A menudo sus relaciones sociales también se limitan a las pocas personas que conoce y de las que depende de alguna forma.

Los principales síntomas del trastorno de personalidad por dependencia

Este trastorno se caracteriza por un miedo generalizado a perder a los demás, que conduce a «aferrarse a las personas». Por lo general se manifiesta en la adultez temprana, pero los síntomas se aprecian mucho antes, generalmente desde la infancia:

  • Dificultad para tomar decisiones cotidianas sin recibir la guía y aprobación de otros.
  • Necesidad de que los demás asuman la responsabilidad en la mayoría de las áreas de su vida.
  • Dificultades para expresar el desacuerdo por miedo a la pérdida de apoyo o aprobación.
  • Problemas para iniciar proyectos o para hacer las cosas por sí mismo, generalmente debido a la falta de autoconfianza.
  • Traspasar límites en la búsqueda del cuidado y el apoyo de los demás, hasta el punto de presentarse voluntario para realizar tareas más desagradables, por ejemplo.
  • Sensación de desamparo cuando está solo debido a los temores exagerados de ser incapaz de cuidarse.
  • Pasar de una relación a otra con urgencia ya que las necesita como fuente de atención y apoyo.
  • Preocupación excesiva por no poder cuidar de sí mismo o no lograr nada en la vida.

Al igual que el resto de los trastornos de la personalidad, la persona debe tener al menos 18 años para poder ser diagnosticada por un psicólogo o psiquiatra. Cabe aclarar además que los síntomas del trastorno dependiente de la personalidad suele disminuir con el paso del tiempo, aunque en algunos casos el cuadro más agudo se produce alrededor de los 40 y 50 años.

¿Qué causa el trastorno dependiente de la personalidad?

Las causas del trastorno de la personalidad dependiente no se conocen del todo, aunque según la teoría biopsicosocial sería una mezcla de factores biológicos y genéticos, sociales y psicológicos.

De hecho, la influencia genética no se puede descartar puesto que se ha observado una tendencia a que esta afección se presente en familias con antecedentes de trastornos de personalidad o de otros trastornos mentales. Un estudio realizado en el Instituto de Salud Publica Noruego concluyó que este trastorno tiene una «heredabilidad» moderada-alta.

A nivel neurobiológico también se han encontrado que ciertas diferencias en la estructura y funcionamiento del cerebro, como alteraciones en la actividad de las áreas relacionadas con la toma de decisiones y la regulación emocional, por lo que podrían aumentar la predisposición al trastorno de personalidad dependiente.

Además, se ha sugerido que experiencias tempranas de abandono o negligencia pueden contribuir al desarrollo de este problema, ya que podrían llevar a una percepción de inseguridad y a la búsqueda constante de apoyo externo. De hecho, los niños que han sufrido enfermedades físicas graves o crónicas o que han experimentado ansiedad de separación pueden ser más propensos a desarrollar en la edad adulta esa relación dependiente y el temor a ser abandonados.

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Por otra parte, una cultura que enfatice la sumisión y la dependencia podría fomentar la aparición de este trastorno. Las experiencias de victimización o abuso en la infancia pueden contribuir a la formación de patrones de relación dependientes en la edad adulta.

Todo esto sugiere que no existe un único factor responsable sino que es un trastorno de naturaleza compleja.

¿Cuál es el tratamiento del trastorno de la personalidad dependiente? Peculiaridades a considerar

Muchas personas con trastorno de personalidad dependiente no buscan tratamiento hasta que el problema comienza a interferir de manera significativa en su vida cotidiana o en la de los demás, que son quienes suelen instarle a pedir ayuda psicológica.

Hay que tener en cuenta que estas personas suelen necesitar mucha atención, valoración y contacto social, aunque generalmente no se presentan de forma dramática como quienes padecen un trastorno de la personalidad histriónico. De hecho, hay que establecer límites claros porque en ocasiones las necesidades de esa persona pueden ser tan grandes y abrumadoras, que intentará poner a prueba los límites del marco establecido para la terapia, por lo que no es extraño que incluso los psicólogos terminen sufriendo burnout.

Una explicación clara al inicio de la terapia sobre cómo es el tratamiento, incluyendo el análisis de los tiempos y las necesidades apropiadas de contacto con el terapeuta entre sesiones es de vital importancia. No obstante, esa actitud dependiente muchas veces hace que asuman una actitud pasiva en su tratamiento, lo cual puede retrasar la psicoterapia, que es el tratamiento de elección en estos casos.

También se debe considerar que muchas de estas personas presentan una serie de síntomas físicos o somáticos. Si bien se pueden recetar medicamentos para aliviar dichos síntomas, es necesario darle seguimiento para asegurarse de que no abusa de ellos. En general, las quejas físicas no se deben minimizar o ignorar, pero tampoco ser alentadas ya que el mejor lugar para tratarlas no es la consulta del psicólogo, sino en el médico.

En sentido general, la psicoterapia se centrará en aumentar la autoeficacia, para que la persona pueda ser más autónoma en su día a día. Por ese motivo, el enfoque psicoterapéutico más eficaz suele ser el centrado en soluciones para los problemas específicos que el paciente está experimentando.

En la terapia se abordan las creencias erróneas y las emociones que estas generan sobre la falta de confianza, por ejemplo. También se puede recurrir al entrenamiento en asertividad y otros enfoques conductuales de eficacia demostrada para ayudar a las personas con este trastorno.

No obstante, hay que considerar que la terapia a largo plazo, que es ideal para muchos trastornos de la personalidad, está contraindicada en este caso ya que reforzaría la relación de dependencia con el terapeuta.

La terapia de grupo en el trastorno de personalidad dependiente

la terapia de grupo puede ser una herramienta valiosa porque ofrece un entorno relacional real en el que la persona puede practicar habilidades sociales, expresar necesidades de forma más asertiva y contrastar sus miedos al rechazo o al abandono con experiencias interpersonales más equilibradas.

Sin embargo, su uso requiere un encuadre clínico cuidadoso, ya que estos pacientes tienden a buscar figuras de apoyo sustitutas dentro del grupo (ya sea en el terapeuta o en otros miembros) y a establecer vínculos excesivamente fusionados o asimétricos. Sin una supervisión adecuada, el grupo puede convertirse en un escenario donde se refuercen patrones de sumisión, dependencia emocional o delegación constante de decisiones.

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Por ello, el terapeuta debe fomentar activamente la autonomía, la autorresponsabilidad y la diferenciación personal, promoviendo que cada participante reflexione por sí mismo, aprenda a tolerar la inseguridad relacional y lidie con sus emociones sin apoyarse de forma excesiva en los demás. De este modo, la terapia grupal no se convierte en un espacio de dependencia, sino que se transforma en un laboratorio relacional para el desarrollo de vínculos más sanos y equilibrados.

El fin de la terapia, un paso delicado

Terminar la terapia con una persona que presenta un trastorno de personalidad dependiente es un paso crítico que requiere una planificación cuidadosa. Aunque el cierre del proceso terapéutico siempre debe ser una decisión conjunta entre el psicólogo y el paciente, estas personas a menudo tienen dificultades para determinar “cuándo es suficiente”, mostrando tendencia a prolongar la terapia más allá de lo necesario.

Teniendo eso en cuenta, el terapeuta quizá deba guiar activamente al paciente hacia el fin de la intervención, estableciendo límites claros y reforzando la capacidad de autonomía.

Durante esta fase, es frecuente que el paciente reviva sentimientos de inseguridad, baja autoestima, aumento de la ansiedad e incluso episodios depresivos. Esas experiencias forman parte de la respuesta típica al cierre de la relación terapéutica y deben ser abordadas de manera validante pero estructurada.

Eso significa que el psicólogo debe evitar que el paciente utilice esos síntomas como excusa para extender indefinidamente la terapia, manteniendo el enfoque en un cierre consensuado y planificado. Asimismo, es esencial reconocer y reforzar los logros alcanzados, animando al paciente a aplicar sus avances en la gestión emocional, la toma de decisiones y la autonomía personal, consolidando así un cierre terapéutico que sea tanto seguro como fortalecedor.

¿Son necesarios los medicamentos?

En el trastorno de personalidad dependiente, al igual que en otros trastornos de personalidad, el uso de medicación debe limitarse a problemas clínicos específicos, generalmente asociados con un diagnóstico del Eje I (como depresión o trastornos de ansiedad). La prescripción indiscriminada es particularmente arriesgada en estos casos debido a la tendencia al abuso de sustancias y la sobredosis de sedantes. Los medicamentos para la ansiedad y los antidepresivos solo deben utilizarse cuando existe una evidencia clara de un trastorno concomitante.

Hay que considerar que la ansiedad que suelen presentar estas personas suele ser situacional y relacional, derivada de su necesidad de apoyo y temor al abandono, por lo que medicarla puede interferir con el aprendizaje de habilidades de afrontamiento y autonomía que se trabajan en terapia. Por ello, los médicos deben resistir la tentación de prescribir fármacos para múltiples quejas somáticas o estados de malestar emocional transitorios, ya que esto puede reforzar la dependencia en lugar de promover la autogestión.

En cualquier caso, la medicación siempre es un complemento, no un sustituto de la terapia psicológica, y su uso debe explicarse claramente al paciente para evitar expectativas irreales sobre “soluciones mágicas” a problemas de dependencia emocional.

Referencias:

Tariq, W. et. Al. (2023) Dependent Personality Disorder: An Approach Based on fMRI. Austin Journal of Clinical Neurology; 10(1): 1161.

Gjerde, L. C. et. al. (2012) The heritability of avoidant and dependent personality disorder assessed by personal interview and questionnaire. Acta Psychiatr Scand; 126(6): 448-457.

Tyrka, A. R. et. al. (2009) Childhood maltreatment and adult personality disorder symptoms: influence of maltreatment type. Psychiatry Res; 165(3): 281-287. 

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Escrito por Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga Jennifer Delgado Suárez

Psicóloga (No. Colegiada P-03324 por el Colegio de la Psicología de Las Palmas) con más de 20 años de experiencia. Agitadora de neuronas y generadora de cambios. ¿Quieres saber más sobre mí?

Revisado por Yiana M. Delgado

Psicóloga Yiana M. Delgado

Psicóloga, especializada en Salud Mental, Desarrollo Personal y Educación con experiencia en el mundo editorial y audiovisual

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