
Todos nos hemos sentido ansiosos en algún momento. A veces es una preocupación por algo que vislumbramos en nuestro futuro, otras veces es tan solo una sensación difusa de que algo anda mal – aunque no sepamos exactamente qué. Sin embargo, cuando ese estado se convierte en la norma, acaba afectando nuestra calidad de vida e interfiriendo en muchas de nuestras actividades cotidianas.
No podemos escapar de la ansiedad, pero podemos aprender a gestionarla para evitar que tome el mando mientras protegemos nuestro equilibrio emocional y preservamos el «ancho de banda» mental que necesitamos. La manera en que nos contamos lo que nos sucede es determinante ya que puede echar más leña al fuego de la ansiedad o apagarlo. La terapia narrativa propone cambiar precisamente eso.
Este tipo de terapia nos conmina a analizar con más detalle los relatos que nos contamos sobre nuestra ansiedad y a reescribirlas para que nos sean útiles. Al brindarnos una nueva perspectiva, nos permite controlar mejor nuestras emociones, en lugar de ser controlados por ellas.
Cuando reflexionamos sobre nuestras narrativas personales, comprendemos la ansiedad y logramos conectarla con otros aspectos de la vida. Ese cambio a menudo abre la puerta a nuevas maneras de afrontar los sentimientos de miedo y angustia, además de mitigar su intensidad.
Comprender la ansiedad a través del storytelling
El primer paso de la terapia narrativa consiste en mostrar a las personas cómo las historias que hilvanan en su mente influyen en su nivel de ansiedad. Muchas veces, la ansiedad se convierte en la historia principal que determina cómo vemos el mundo, las relaciones, lo que nos sucede y a nosotros mismos.
Sin embargo, esas historias suelen ser un reflejo de nuestros miedos, inseguridades o limitaciones y a menudo nos hacen sentir que no tenemos el control. En el momento en que identificamos esa narrativa podemos “separarnos” de la ansiedad.
Para fomentar esa distancia psicológica, a menudo los terapeutas animan a sus pacientes a darle un nombre a su ansiedad o imaginar que tiene una forma. Ese ejercicio nos ayuda a ver la ansiedad como algo que experimentamos, no como parte de nuestro “yo”. Dejamos de percibirla como un rasgo personal.
Eso crea un espacio para la curiosidad en lugar del miedo, la angustia o la vergüenza. Nos resultará más fácil explorar cuándo aparece, qué nos dice y cómo influye en nuestras decisiones. Ese cambio de perspectiva nos permite pasar de sentirnos paralizados a ver las posibilidades de crecimiento y acción, incluso dentro de la ansiedad.
De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Michigan comprobó que asumir cierta distancia psicológica de lo que ocurre nos ayuda a tomar mejores decisiones e influye positivamente en nuestras actitudes y comportamientos.
Reescribiendo la narrativa de la ansiedad
La ansiedad tiene una voz muy convincente. Nos susurra que no vamos a poder lograrlo, que algo malo está por pasar, que todo va a salir mal… Y aunque esas ideas no siempre tienen una base real, se repiten tanto que terminan pareciendo verdades absolutas. Así, poco a poco, esa narrativa se instala en nuestra mente y moldea la forma en que actuamos, decidimos y nos relacionamos.
Al repetirnos esa historia una y otra vez, acabamos creyéndola. Ya no cuestionamos su veracidad, simplemente la damos por sentado. La terapia narrativa nos invita a observar esos guiones automáticos, desafiar las mentiras que nos cuenta la ansiedad y recuperar el control sobre la versión que queremos desarrollar de nuestra vida.
Al mismo tiempo, nos motiva a encontrar historias más sólidas, constructivas y esperanzadoras sobre nosotros mismos. Para lograrlo, es importante identificar momentos en los que la ansiedad estuvo presente, pero no influyó en nuestras acciones ni en sus consecuencias. O sea, aquella vez que nos atrevimos a dar al paso, independientemente de la ansiedad. Y no fue para tanto.
Comprender que la ansiedad no siempre tiene la última palabra permite que surjan nuevas perspectivas y abre las puertas al cambio. Podemos comenzar a vernos de manera diferente, enfocándonos más en nuestras fortalezas, valores y redes de apoyo que en el miedo y la angustia. De hecho, con la terapia narrativa podemos reconocer los puntos fuertes que la ansiedad estaba escondiendo.
La terapia narrativa en el manejo de los pensamientos ansiosos
Una parte importante del manejo de la ansiedad consiste en aprender a reemplazar los pensamientos ansiosos por ideas más lógicas y constructivas. La terapia narrativa nos ayuda precisamente a ver esos pensamientos como parte de la historia que nos contamos sobre la ansiedad, no como hechos reales.
Percibir lo que pasa por nuestra mente puede ser más fácil si llevamos un diario para la ansiedad ya que nos ayudará a detectar patrones recurrentes que de otra manera pasarían desapercibidos. A partir de ahí, la terapia narrativa propone distintas herramientas para replantearnos esos pensamientos y transformar la historia que nos contamos.
Una de ellas consiste en reescribir la narrativa dominante. Una vez que identificamos los mensajes más comunes de la ansiedad (“vas a fallar”, “no puedes”, “todo va a salir mal”), podemos escribir versiones alternativas. Por ejemplo, podemos centrarnos en momentos en los que logramos afrontar una situación difícil, aunque la ansiedad estuviera presente.
A partir de ahí, debemos replantearnos esos pensamientos. Así, la idea “voy a fallar” se puede cambiar por un “voy a esforzarme al máximo”. Esta técnica fortalece una narrativa más equilibrada y realista, además de ayudarnos a desarrollar una actitud más resilientes.
En este sentido, un estudio realizado en la North Khorasan University of Medical Sciences constató que la terapia narrativa no solo es eficaz para tratar la ansiedad generalizada, sino que es particularmente útil para aumentar nuestra tolerancia al estrés y las situaciones ansiógenas. O sea, nos vuelve más fuertes ante la adversidad. También se ha demostrado su eficacia para aliviar los síntomas de la ansiedad incluso en personas que han vivido eventos altamente traumáticos.
No cabe duda de que reescribir la historia que nos contamos sobre lo que sentimos puede marcar la diferencia. Quizá no borre por completo la ansiedad, pero nos ayuda a ponerla en perspectiva y restarle impacto. La terapia narrativa no promete eliminar la ansiedad, pero nos permite convivir con ella desde una posición más consciente, compasiva y empoderada.
Referencias Bibliográficas:
Mihigo, E. et. Al. (2025) Contribution of narrative therapy in reduction of anxiety, depression and PTSD among survivors of the genocide against the Tutsi in 1994 in Rwanda. PLOS Mental Health; 2(4): e0000287.
Abbasi, A. et. Al. (2020) The Effectiveness of Narrative Therapy on Anxiety and Tolerance of People with Generalized Anxiety Disorder. Conference: Conference: 4th International Conference Humanities, Social and Lifestyle.
Kross, E. & Grossmann, I. (2012) Boosting Wisdom: Distance From the Self Enhances Wise Reasoning, Attitudes, and Behavior. Journal of Experimental Psychology: General; 141(1): 43-48.



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